CELOS
Tengo celos del viento que te besa,
tengo celos del aire que respiras,
y del cielo que cubre tu cabeza,
tengo celos de todo lo que miras.
Del perfume de las flores que aspiras,
del sol, que con sus rayos te ilumina,
de todos los ojos que te miran,
de la vereda azul donde caminas.
Celos me da la luna que te alumbra,
me da celos la gente con la que hablas,
la noche, las estrellas, la penumbra,
y también siento celos cuando callas.
Tengo celos de todo lo que tocas,
del papel y la pluma, cuando escribes,
de lo que alguna vez besa tu boca,
de la calle y la casa donde vives.
De tu almohada, que es mudo testigo
de los sueños que yo nunca comparto,
del tiempo dedicado a tus amigos,
y de todas las cosas que amas tanto.
De lo que grabas en tu pensamiento,
de lo que piensas tú todas las horas
de tus palabras que se lleva el viento,
de tus lágrimas tiernas, cuando lloras.
Del cristal que refleja tu mirada,
de tus ojos cafés, claros y bellos,
del eco que repite tus palabras,
de la brisa que mueve tus cabellos.
Tengo celos, de todo, totalmente,
de ese misterio que tu ser encierra,
de la lluvia que cae sobre tu frente,
y del cielo y del aire y de la tierra.
Tengo celos de mí, de lo que siento,
y de mi corazón, que por ti late,
de tu nombre, que llevo tan adentro,
y del grito que ahogo sin llamarte.
Tengo celos de mí, celos de mi alma,
que dentro de mi ser te quiere tanto,
y es tan grande mi amor, no sabes cuánto,
que de Dios tengo celos, porque te ama.
NUEVO AMANECER
Sentada en el umbral de mi ventana
miro el atardecer en su agonía,
mas después de la noche habrá un mañana
que traerá el resplandor de un nuevo día.
Y la luz de la aurora, lentamente,
alejará las sombras de la noche,
se esparcirá un perfume en el ambiente
mientras abre la flor su casto broche.
Y el rumor de la fuente, cantarino,
anunciará que llega el nuevo día,
y de los pájaros, el dulce trino
al mundo alentará con su alegría.
Y a Dios daremos gracias por la vida,
por este nuevo sol y por nacer,
por mirar otra vez su luz divina
y la aurora de nuevo poder ver,
pues en nuestro corazón está
la esperanza de un nuevo amanecer.
Zimapán, Hidalgo, México.
D.R.

