Charla deliciosa sobre Leopoldo Flores, con tres de sus amigos
El profesor Germán Garcíamoreno Beltrán; Marco Antonio Morales, quien es consejero del Poder Judicial y ex rector de la UAEMéx, así como el artista plástico Juan Luis Díaz Nieto, participaron en la charla “Leopoldo Flores entre amigos”, en la que a través de sus recuerdos, anécdotas muy íntimas, y hasta un cuadro poco conocido del artista y otras obras, permitieron a los asistentes tener un vistazo de Leopoldo Flores como el gran pintor y escultor, pero también de una manera muy especial, como persona.
La charla se extendió por unas dos horas, en el Museo de Bellas Artes, donde actualmente se exhibe la muestra Leopoldo Flores Hombre Universal, donde estuvieron presentes otros personajes muy cercanos a la vida del artista, como su hija Denny Flores, y quien fuera su amiga, la ex alcaldesa de Toluca Laura Pavón Jaramillo, entre muchos otros.
El profesor Germán Garcíamoreno Beltrán, amigo de Leopoldo Flores desde 1947, fue el primero en tomar la palabra. Recordó que lo conoció en el centro escolar Lázaro Cárdenas, egresando del sexto año de la primaria. Compartió que en aquellos días, “Polo” -como cariñosamente lo llamaban sus amigos-, los incitó a ‘irse de pinta’.
“Tomamos el rumbo de la Estación, que en aquel tiempo era el límite también de la ciudad porque enseguida solo maizales, solo campo existían en nuestra gélida Toluca. Cuál sería nuestra sorpresa que en lugar de seguir platicando o jugando con nosotros, Leopoldo en su cuaderno, empezó a dibujar lo que teníamos a la vista. Esos llorones, ese ambiente bucólico extraordinario quedó prácticamente en blanco y negro en las páginas de su cuaderno, ahí fue donde yo aprecié, estaba ante un niño genio de la pintura”, recordó.
Entre muchas otras anécdotas, compartió también un regalo muy especial que le hizo años después, alrededor de 1962: un cuadro titulado “Racismo” en el que según describió, “está identificado cuando la discriminación se convierte en violencia; está la mayoría blanca atacando inmisericorde a los negros. Este es el primero de una serie de regalos extraordinarios que Leopoldo me hizo, y por eso se los traigo a ustedes, para compartir este cuadro que no ha salido de mi casa y solo lo conoce mi familia”.
También exhibió el original de la portada que le hizo Leopoldo Flores para el libro “150 años de Historia de la Educación en el Estado de México”, y recordó que maestros toluqueños y mexiquenses colaboraron con mano de obra en los 4 años que duró la realización de la obra “Nacimiento de la luz”, rellenando los trazos del artista en el estadio de la Universidad Autónoma del Estado de México, reconocido hoy por esa obra entre los estadios más originales del mundo.

El artista plástico Juan Luis Díaz Nieto recordó que por el tiempo en que conoció a Leopoldo Flores, la Escuela Mexicana de Pintura “se estaba cayendo de alguna manera”, y señaló que fue gracias a la obra de Ricardo Martínez y Leopoldo Flores, que vivió un resurgimiento. “Me parece muy importante porque hay una especie de comunión entre la obra de Leopoldo y la obra de Ricardo, y me parece que fue el camino a través del cual esa especie de esclerosis de la pintura mexicana, tomó oxígeno de nuevo y se volvió una nueva manera de ver las cosas y ver el arte”, dijo.
Juan Luis Díaz señaló que conoció a Leopoldo Flores cuando, por coincidencia, ambos solicitaron beca en la Embajada Francesa, lo mismo que Zalathiel Vargas. Los tres estudiaron francés previo al viaje, y ya en París se encontraron de nuevo.
Juan Luis Díaz y Leopoldo Flores vivieron en la Ciudad Internacional de las Artes y tuvieron estudios contiguos, lo que ayudó a forjar una amistad muy cercana, al tiempo que se formaron y crecieron como artistas.
Así compartió muchas anécdotas de sus viajes por Portugal y España. “Fue muy interesante, de repente dibujábamos y platicábamos de otras opciones, eso hacía que nuestra relación fuera muy humana, no profesional. Se hizo una muy linda amistad entre nosotros, después tuve la suerte de conocer a Denny (hija de Leopoldo Flores) cuando llegué a México, y ahí hicimos una bonita relación, y era muy agradable”.
“El recuerdo que tengo de Leopoldo es eso, y su aportación desde mi punto de vista es súper importante porque es la única salida decente, bonita y oxigenada de la Escuela Mexicana, porque en su inicio fue muy buena pero después de su decadencia, si no hubiera sido por Leopoldo Flores y Ricardo Martínez, hubiera sido el infierno”, señaló.
Aunque lamentó no haber podido mantener la amistad hacia el final de la vida de Leopoldo Flores.
Finalmente, Marco Antonio Morales compartió, entre otras anécdotas, cómo conoció al artista. Morales manejaba el teatro experimental en la Universidad Autónoma del Estado de México cuando Leopoldo Flores lo invitó a participar en una protesta contra la participación de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, que consistió en la quema de diferentes obras culturales. “Leopoldo y yo estábamos muy contentos de la aceptación que había tenido el evento. Nos regalaron algunas fotos, quisimos reconocer a las personas que estaba al lado nuestro en la hoguera y quizás reconocimos a al maestro Sánchez García “El Mosquito”. No conocíamos a mucha gente, pero quedamos contentos con la buena respuesta”.
“Pasaron los años y llegó el momento en que tuve la oportunidad de trabajar en la Procuraduría Federal de Justicia del Estado, y en algún momento cuando nos veíamos con Leopoldo en el estudio volvimos a ver las fotos y descubrimos que la gran mayoría de quienes estaban alrededor nuestro eran agentes de la policía judicial y agentes ministeriales. No tenían mucho de artistas pero nos dio mucho gusto porque nos fueron a cuidar finalmente. Así fue como conocí yo a Polo y tuvimos una amistad de toda la vida”, contó.
Así transcurrió la charla, entre anécdotas y recuerdos que develaron rasgos muy humanos de Leopoldo Flores y su prolífera obra.


