Chavela Vargas y sus verdades plasmadas en un libro en la FIL

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Si hay un calificativo esencial a su persona, es amor, pasión y soledad, con ella no había tiempo para el qué, siempre era el cómo. Costa Rica, su tierra natal, no le dio nada, advirtió, pero México representa para mí un padre, porque me enseñó a cantar.

Es el año 2009, es María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano. Si lo dejo así, jamás la identificará. Pero si le digo es que la inconfundible Chavela Vargas, entonces le cambia el panorama totalmente.

Y de lleno, en el previo a salir a la Fil de Guadalajara, me dice en su silla de ruedas:

Muchos dicen que mi padrino artístico fue José Alfredo Jiménez, y eso no es asíLe conocí en una cantina, y cuando me lo presentaron le dije: ‘Yo no vengo a ver si puedo, sino que porque puedo vengo, señor. A él, eso le gustó mucho, y me dijo: ‘Pues así es como me gustan las mujeres’Luego nos hicimos compañeros, grandes amigos, y nos íbamos a las cantinas a cantar y a tomar. Llegábamos un sábado y nos íbamos el lunes.

José Alfredo murió en 1973 de cirrosis hepática, y Chavela llegó al velorio con una guitarra, su pistola al cinto y su botella de tequila.

La cantante costarricense celebró con amigos la presentación del libro Las verdades de Chavela, escrito en conjunto con María Cortina y como quinientas personas más, fui testigo.

Chavela Vargas no tuvo más remedio que parar a su discurso abruptamente, porque si me sigo así, hablo dos horas, dijo casi al final de su presentación. De esta manera, la cantante mexicana de origen costarricense dio por concluida la presentación del libro Las verdades de Chavela (Océano, 2009), escrito en coautoría con la periodista María Cortina.

Sentada en una silla de ruedas, Chavela dio un breve pero emotivo discurso, en el que recordó su actual fragilidad física. Ya no soy la de antes. A mis noventa años siento que sólo le tengo que pedir justicia al cielo para que vuelva a caminar. Tengo muchas ganas de caminar e ir como antes a hablar con mi vecina, decirle cómo le fue en la borrachera de anoche, así era mi vida cotidiana, pero se acabó, expresó.

Además de la coautora del libro, acompañaron a Chavela la escritora argentina Ana Gloria Moya, la cantante Eugenia León y el autor mexicano Carlos Monsiváis, quienes hicieron de la presentación a manera de una tertulia, una reunión entre amigos, en la que sólo faltaban el mezcal y el tequila.

Los halagos hacia la cantante fueron el tono de la presentación. Moya dijo que Chavela es una dama que aloja a América en la garganta, mientras que Eugenia León la definió como la mayor intérprete de México, al tiempo que Monsiváis destacaba su mexicanidad, aprendida no en los libros de historia, sino en las canciones populares.

Chavela retiene las verdades que le han dictado su voz, su destino, su desgarramiento, que es lectura certera de las canciones, su mexicanidad, que sólo en su caso es una época formativa. Chavela es más mexicana que todos, porque aprendió su nacionalidad en las canciones, añadió Monsiváis.

Cortina recordó que fue precisamente Chavela la que le propuso escribir. Este libro no es una biografía, no se trata de conocer con exactitud en qué lugar, en qué año nació Chavela, ni cuándo salió de Costa Rica y llegó a México, en qué momento tomó las decisiones importantes de su vida, dónde cantó. Para ella, lo que importa son los acontecimientos de vida, la risa, el respiro, el alma del canto, dijo.

Por su parte, Eugenia León, quien improvisó un par de canciones a capela, motivada por Monsiváis, le agradeció a Chavela su apuesta por la libertad, que llevó tanto a su vida como a su carrera artística.

Tres años después, el 5 de agosto de 2012, Chavela murió en Cuernavaca, México, donde vivió una buena parte de su vida.

Hoy quise recordarla, con estas partes esenciales en su vida.

La relación de Chavela con México fue agridulce. Hasta su edad madura, sus actuaciones en televisión o teatros públicos siempre fueron modestas, siendo por tanto una figura marginal. Su éxito definitivo en España fue a partir de los años 90, gracias al apoyo de Pedro Almodóvar, incluso le permitió actuar en el mítico Teatro Olympia de París. Allí acudieron a verla Almodóvar y la actriz francesa Jeanne Moreau, quien no sabía hablar español, pero le dijo a Almodóvar: No hace falta que me traduzcas lo que canta, porque la entiendo perfectamente. La Dama del Poncho Rojo (en México, la palabra poncho no se usa para la pieza de vestir, se usa la palabra sarape), pareció haberse reconciliado con Costa Rica  en abril de 1994, cuando ofreció un majestuoso concierto en el Teatro Nacional de San José y luego en un auditorio de la Universidad de Costa Rica, en los que cautivó con sus interpretaciones de MacorinaUn mundo raroLa Llorona y Paloma negra.

Fue muy sonada la aparición de Chavela en la Sala Caracol de Madrid, en 1993, donde logró recobrar su fama y la atención, tanto de su público seguidor como de nuevas generaciones de admiradores y de los medios de comunicación, en particular en España. En una ocasión, Rocío Jurado la vio cantar y le gritó: ¡Viva tú!. Gracias a sus actuaciones en España recobró estimación, en especial en ese país, y pudo hacer giras por otras naciones. Joaquín Sabina y Alvaro Urquijo (del grupo Los Secretos) compusieron en su honor, en 1994, una de sus canciones más conocidas: Por el bulevar de los sueños rotos.

A mediados de 2001, ofreció un multitudinario concierto en el Zócalo del entonces DF, al cual asistieron medios de prensa del país y sus seguidores, que la ovacionaron y cantaron con ella las canciones más conocidas de autores mexicanos como: Piensa en míMacorinaMaría TepoztecaLas Ciudades y Un mundo raro, entre muchas otras. En ese mismo año publicó su libro Y si quieren saber de mi pasado… que recopila relatos autobiográficos de la cantante desde un aspecto más íntimo, el cual se convirtió en éxito de ventas.

Descanse en paz la inolvidable Chavela Vargas.