Comunicación en pareja: Cómo hacer de ella el vínculo más duradero

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La comunicación en pareja es la clave para el bienestar de una relación, ya que hace que cada uno conozca lo significativo para el otro. No se da por hecho nada sino que cualquier tema, por superfluo o difícil que parezca de comunicar, se comparte con el otro.

Cuando la pareja convierte su relación en una relación laboral su lenguaje también lo es. La comunicación en pareja tiene su propio estilo, diferente y especial. Imagínate hablando con tu compañero de trabajo sobre lo que opina sobre las bodas. Se habla desde un plano no emocional, no sentimental, sino informativo y práctico, encaminado a dar ideas o soluciones públicas en vez de íntimas. Se plantean ideas resolutivas, se utilizan frases cortas. Ahora imagina que hablas con tu jefe sobre dinero, se utilizan instrumentos de competición y poder, en vez de cooperación y compañerismo.

Si queremos hablar de temas difíciles con nuestra pareja y comprendernos es importante dedicarnos tiempo para que nuestra relación sea doméstica.

El lenguaje doméstico, en la comunicación en pareja implica que fluya la expresión emocional de los sentimientos, anhelos, deseos, intenciones, para que se comprenda el afecto y la importancia que tiene para cada uno lo que se dice y lo que se expresa. Esto es lo que llamamos empatía, es decir, la capacidad de darse cuenta de qué está sintiendo el otro y compartir sus sentimientos: Cuando estás alegre, me alegro; cuando te sientes triste, me entristezco. Somos compañeros no competidores, lo que uno siente el otro lo comprende y siente. Cooperamos, nos apoyamos, nos consolamos, gozamos, etc., compartimos la vida a nivel emocional.

El lenguaje doméstico en la comunicación en pareja favorece expresar lo que pensamos, incrementa el intercambio de emociones positivas (aprecio, alegría, gozo…) a la vez que ayuda a no mantener emociones negativas (enfado, tristeza, dolor, malestar…) y fortalece nuestros vínculos.

Cuando los temas son peliagudos, por complicado o difícil que parezca, independientemente de que se trate, se pueden compartir y comprender.

La clave está en buscar el momento adecuado de intimidad, estar relajados, interesarse por el otro, escucharle y responderle, cuidando tanto la comunicación verbal, lo que se dice (contenido del mensaje), como la comunicación no verbal, cómo se dice (entonación, gestos, mirarse a lo ojos, posturas, caricias, abrazos…), a la vez que conseguimos que otro nos escuche, nos responde y se interese por nosotros.

Por ejemplo, en temas como el sexo, a veces da miedo o vergüenza expresar lo que se desea. Expresando por ejemplo nuestro deseo de tener un día sexo, si cuidamos nuestras habilidades de comunicación, como la asertividad, podemos planteárselo a nuestra pareja y buscar la mejor alternativa para disfrutar de una noche de pasión.

En el sexo, como en todos los temas peliagudos, tenemos que tener cuidado con ser inflexibles ante las expectativas y los cambios, ya que son inevitables. Hablar de lo que se desea, ponerse en el lugar del otro y volver a buscar soluciones conjuntamente es la mejor manera de mantenerse conectados.