¿CONEJOS EN LA LUNA?

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La razón tiene lunas, que se reflejan en el mar, confundiendo a los astrónomos.

El año 1954 fue un año agitado: el mundo se despedía de esa gran artista que fue Frida Kahlo; en algún quirófano, un corazón abierto mostraba, por primera vez, sus misterios; la tecnología daba a luz, el primer cerebro electrónico y el Rockabilly reclamaba su corona al son de la vibrante música de Elvis Presley…Cuenta la historia, que poco o nada calla, que en ese mismo año, alguien compró la Luna.

Sí. La Luna que mueve mareas; testigo y musa inspiradora de las más elevadas y bajas pasiones de la humanidad, fue registrada como propiedad de Don Jenaro Gajardo Vera, un abogado chileno con mucho ingenio y pocos pleitos quien, cierta tarde de setiembre, abandonaba una notaría de su ciudad con un documento inédito bajo el brazo. El documento se conserva, a la fecha, en el archivo judicial de Santiago. En él, se lee:

Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3.475.00 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero. Jenaro Gajardo Vera. Carné 1.487.45-K. Ñuñoa. Talca, 25 de septiembre de 1954.

Esto no es ficción, aunque visos de leyenda tiene y una es que el Presidente Richard Nixon, pidió permiso al dueño de la Luna para que el Apolo 11, alunizara. A lo que él accedió, por supuesto, con muy buen talante pues, como explicó en 1969, a la prensa de su país y los EEUU, aquella hazaña fue un acto poético de protesta por las exigencias materiales de la época –amén de hacer famosa a la sociedad interplanetaria que fundara, para recibir visitantes extraterrestres– sus fines, eran altruistas y colectivos.

Como quiera que no han sido pocos, quienes han reclamado la propiedad de nuestro satélite; 129 naciones, supervisadas por la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre firmaron, en 1967, un tratado que dice a la letra: El espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no es sujeto de apropiación nacional por reclamo de soberanía, por medio de uso u ocupación o por cualquier otro medio.

Este tratado pretende regular, además, la extracción de recursos ultraterrestres. ¿Se respetará esto, al saber que existen en la selénica superficie, isótopos como el helio-3, en cantidad suficiente para dotar de energía a todo el planeta? ¿O nublará la codicia, a aquellos que miran al firmamento en un ángulo menos poético? Con todo y la crucial importancia de este asunto, haber atravesado la atmósfera, lo trasciende.

El histórico 20 de julio de 1969, los astronautas volvieron a casa y Nixon pronunció un discurso que resaltaba ¡cómo el mundo se hacía infinitamente más grande por haber tocado la Luna! A mí me parece que esto… ya era así: milenarias culturas han extendido sus reinos al universo desde que el hombre levantó los ojos al cielo, por primera vez y ¡la Luna –silueta de conejo, incluida– ha sido siempre una dehesa común!

 

Bajo su luz, el hombre ha buscado entender la naturaleza y ha relacionado sus ciclos con el proceso elemental de la vida. Ella, es diosa, fecundidad, sanación, magia, luz, hechizo y poesía. También es venganza, frío, pena, brujería, calendario y oscuridad. Es madre y padre. Es dualidad. Si bien la comunidad científica astronómica se mantiene escéptica al respecto, la cosmovisión de los pueblos, reconoce su influjo sobre la experiencia humana.

En La Vuelta al Día en 80 Mundos; Cortázar, escribió: El hombre está llegando a la luna, pero hace más de veinte siglos que un poeta supo de los ensalmos capaces de hacer bajar la luna hasta la tierra. ¿Cuál es, en el fondo, la diferencia? Me atrevo a opinar, querido Julio, que aunque dicha línea es, aún, sutil; hemos sido materialmente liberados del encierro terrestre, del miedo a atravesar la prohibida atmósfera y ello, extiende el reino de la dimensión humana hacia un infinito de posibilidades.

Como en el ajedrez, este cambio de posición en el tablero del universo, puede inspirar jugadas maestras a la civilización, pero es necesario plantear estrategias exteligentes (sinergia) porque la inteligencia individual no es suficiente para gestionar con eficacia. Recordemos que un rey solo, en el centro del tablero, es una pieza vulnerable. Afortunadamente, no somos (o hemos sido) los únicos en el universo y tampoco estamos solos en el planeta.

Siglos atrás, rehicimos el mapa de una tierra limitada por acantilados; hoy, toca rehacer nuestro mapa mental. Luchar contra la reciente pandemia nos dio un baño de humildad y nos sacó de un espacio donde, embriagados de respuestas, vimos la necesidad de encontrar las preguntas: ¿Cómo logro identificar el disparador de la próxima evolución? Sacar los ojos del propio ombligo, podría darnos una pista y el impulso para un próspero cambio de era y ¡quién sabe! si la respuesta finalmente nos la dé, un simpático conejo…

Pie nota.- A propósito de Setiembre; de que 2,756 lunas hacen 212 años y que, del ombligo de la Luna nacieron el girasol, el azul maya y los apapachos: ¡Feliz Día México, lindo y querido!