Conocer más aún a la Décima Musa

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El estudio sobre Sor Juana Inés de la Cruz va mucho más lejos de lo que los mexicanos conocemos de ella. Es sabido hasta el hartazgo de la repetición cuando se habla de la Décima Musa por su poema Hombres necios que acusáis a la mujer. Hasta allí llega el conocimiento de la misma. El estudio de su extensa y bella poesía no se sabe, y por lo mismo el poema de Hombres necios… se convierte en tema de chacotilla para propios y extraños, sobre todo del sector masculino, que no analizan la profundidad del mensaje dicho por una mujer en las últimas décadas del siglo XVII.

 

Defensa de la feminidad en la pura observación del trato dado a la mujer lo mismo en la Corte Virreinal que en los hechos cotidianos de la vida familiar. El estudio de su poesía amorosa viene a resultar un remanso de los temas amorosos, pues sabiendo que vienen de experiencias vividas o vistas, pues nuestra Sor Juana Inés no va atrás del genio observador de un Leonardo da Vinci o de un Wolfang Goethe. Es decir, lo mismo podía ser una científica si viviera en este siglo XXI que una poeta de ilustres blasones en el mundo de los reconocimientos en su idioma.

 

Pero ha de ser el tema de la filosofía y la teología donde encuentre a sus principales enemigos. No los de la Corte Virreinal con todo y que en ellas se enquistan enemigos que le vieron vivir algunos años en la misma y no la pudieron aferrar para sus caprichos y lisonjas. Prefirió recluirse en lugar de ser objeto al servicio hasta que fuera solo desperdicio. Tal experiencia de vida sólo podía llevar al mundo en que se ha de encontrar miles de años atrás el filósofo Sócrates y en el siglo XX un filósofo que tuvo que abjurar de su propia obra como sucede con el filósofo húngaro Georg Lukács.

 

La castigan por dedicarse a las letras y no al estudio de las Sagradas Escrituras. Típico de la envidia y de los rencores por tantos dones que recibió de la naturaleza y de Dios si es uno creyente. Al revisar la injusticia en contra de Sor Juana Inés por parte de sus enemigos, sobre todo venidos del Alto Clero, nos damos cuenta que la juzgan con materias equivocadas. Es profana y se dedica a las cosas de los laicos, pero resulta que la enjuiciamos porque se ha atrevido a revisar el Sermón de un sapientísimo integrante de la Compañía de Jesús, reconocida institución inatacable por sus educadores y sus alumnos que son los mejores del mundo: ¿Cómo es posible que una monja, una mujer de sexo tan desacreditado para las letras, le venga a decir, cuáles son las más altas finezas que Cristo dio a los hombres al final de su vida?

 

Bien dice la poeta en su Carta Atenagórica: Y no puedo dejar de decir que a éste, que parece atrevimiento, abrió él mismo camino, y holló él primero las intactas sendas, dejando no sólo ejemplificadas, pero fáciles las menores osadías, a vista de su mayor arrojo. Pues si sintió vigor en su pluma para adelantar en uno de sus sermones (que será solo el asunto de este papel) tres plumas, sobre doctas, canonizadas, ¿qué muchos que haya quien intente adelantar la suya, no ya canonizada, aunque tan docta? Si hay un Tulio moderno que se atreva a adelantar a un Augustino, a un Tomás y a un Crisóstomo. ¿Qué mucho que haya quien ose responder a este Tulio? Si hay quien ose combatir en el ingenio con tres más que hombres, ¿qué mucho es que haya quien haga cara a uno, aunque tan grande hombre? Y más si se acompaña y ampara de aquellos tres gigantes, pues mi asunto es defender las razones de los tres Santos Padres. Mal dije, Mi asunto es defenderme con las razones de los tres Santos padres. (Ahora creo que acerté). Hay en este texto una referencia admirable por parte de Sor Juana: Su hay quien ose combatir en el ingenio con tres más que hombres…

 

Me recuerda el texto de Jorge Luis Borges, cuando al referirse al poeta Francisco de Quevedo, señala que más que un hombre, Quevedo, es una Literatura. Así Sor Juana en su respeto por los tres Santos Padres, Augustino, Tomás y Crisóstomo, los señala al decir que fueron más que Hombres, fueron Santos, y en ellos pone el dedo en el renglón: el trato con ellos debe ser de sumo respeto, y quien ose discutirles debe tener en cuenta su larga sabiduría y su trayectoria que va más allá del sacrificio de hombres comunes y corrientes. Es decir, cuando sea el juicio sobre los tres Santos Padres debes de ir con las armas pulidas y admirables en su más alto contenido y sabiduría por parte de la Teología, pero también de la Filosofía, para bien pensar y no caer en las trampas del dogma o de la soberbia; que es el pecado más grave que comete el padre Antonio Vieyra, en el juicio que hace sobre las finezas de Cristo para con los hombres oponiendo su pensar al juicio de los Santos Padres.

 

El estudio de Juana Inés no debe partir del poema Hombres necios que acusáias a la mujer sin razón… sino de aquello que más profundiza su grandeza. El origen de la tragedia en la décima musa viene de sus años en la niñez, su adolescencia y temprana juventud que le hizo entrar a la Corte Virreinal siendo favorita de la Virreina. Pero hay documentos que comprueban sus momentos más críticos, los momentos que todo ser humano vive en la tristeza, en la soledad, en la amargura. De ello es importante recordar Carta de Sor Juana Inés de la Cruz a su confesor / Autodefensa Espiritual, cuenta el investigador Aureliano Tapia Méndez: En abril de 1980, buscando datos para la historia religiosa del Nuevo Reino de León, en la Biblioteca del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, di con grueso infolio —31.5 x 21 cm—, que colecciona varios manuscritos y algunos impresos, empastado en pergamino y con un título grabado en el lomo Varios Ynformes. / Hay en él una relación verdadera de la entrada de su Majestad en el Reino de Aragón, hasta salir de Zaragoza, en prosecusión del viaje… que termina con un romance a la serenísima Señora Doña María Luisa Gabriela Emmanuel y Borbón, deseándole que sea descanso y lustre al Rey Felipe. Está editado en México, en la Imprenta de Gobierno, por los Herederos de la Viuda de Bernardo Calderón, en la Calle de san Agustín, año de 1702. Es importante citar estos documentos y el año en que fueron impresos, pues no tienen más de 7 años a la muerte de Sor Juana, lo que ocurrió el 17 de abril de 1695.

 

Prosigo con el texto del padre Aureliano Tapia Méndez: El volumen tiene, entre impresos y manuscritos, trecientos folios a enumerar / De pronto di con el texto de una carta que va de la foja 161 a la 163 vuelta y está titulada así: Carta de la Me. Juana Ynes de la Cruz, escripta a el R.P.M Antonio Nuñez de la Compa. de Jesús. Podemos imaginar el hallazgo y la alegría del padre Aureliano ante tal descubrimiento. De puño y letra de Juana Inés este documento, que nos ayuda aún más a comprender cuándo se fue creando ese huevo de la serpiente que es el rencor y la envidia, empocillados en el odio por quién por su talento y sabiduría, no podía más que despertar a enemigos de la peor especie. Esta Carta… es otro documento, mismo que junto a la Carta Atenagórica y la Carta a Sor filotea de la Cruz, expresan los tiempos en que la filosofía, en la persona de Juana Inés, es sometida a juicio, aunque las demandas de los rencorosos en todos los tiempos, de los sofistas, que terminan ganando la batalla en el momento del juicio —el presente—, pero no el tiempo expresado en el futuro. Que es el tiempo de la filosofía porque esta ciencia no tiene límites en el tiempo y se comprueba como las leyes de la ciencia precisamente al paso de los años. Dicha carta sin ser original, firmada por Sor Juana refleja los momentos que la monja asaba en anteriores años al fatídico 1690, por lo que es interesante citarla en lo que se debe ver como documentos vitales en el destino de la Décima Musa en la ciudad de Méjico, capital de la Nueva España.