+Consultas en el Simipet; La Casa de Gobierno o Casa Estado de México, un lujo innecesario que la Cuarta Transformación no está decidida a perder; El doble discurso de la política de respeto animal
La frase:
Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida.
ANATOLE FRANCE
TIP: Recién la semana pasada se inauguró un consultorio veterinario denominado Simipet Care, para atención de perros y gatos en la farmacia de similares ubicada en Juan Álvarez esquina con Benito Juárez, los dueños de esos dos tipos de animalitos acudieron en jubiloso tropel a consulta, seguramente porque hubo alguna oferta o porque dicho consulta fue gratis.
Han pasado los días y la clientela ha disminuido quizá porque ya no es gratis. Pero justo es decirlo en tres días de la semana pasada hubo más consultas que en 10 años en el consultorio para personas de dicha farmacia. Cuestión de amor.
LA CASA DE GOBIERNO
Hace poco menos de dos años, antes de que tomara posesión al cargo, en una conversación informal, tuve la oportunidad de preguntar a la ahora gobernadora Delfina Gómez Álvarez que si la austeridad republicana que ella y su partido político tanto profesaban, y hasta presumían, permitiría que el inmueble del Paseo Colón, en Toluca, al que muchos conocemos como la Casa de Gobierno o Casa Estado de México, tendría alguna vez otra finalidad que ser un área semi utilizada y ocupada para fiestas de los titulares en turno del Poder Ejecutivo? Entonces ella respondió que sí, que ese inmueble era un lujo que un gobierno austero no se podía permitir, y que se le buscaría un mejor destino.
Ya pasaron dos años de que Delfina Gómez Álvarez tomó posesión al cargo de Gobernadora Constitucional del Estado Libre y Soberano de México y, a la fecha, la famosa Casa de Gobierno sigue ahí en el Paseo Colón, semiabandonada y sin ningún uso más allá de lugar de citas cada vez más esporádicas en las que participan miembros del gabinete estatal, pero, en términos reales, se trata de un ejemplo de lujo y excesos nada acorde con los principios que tanto profesan.
Quienes saben, aseguran que la Casa de Gobierno de Paseó Colón, en Toluca, prácticamente nunca es visitada por Delfina Gómez Álvarez, lo que no es de extrañar a nadie si se considera el modo de ser austero que ella guarda en su día a día, por lo que a todas luces parece un gasto suntuoso e innecesario para el Gobierno del Estado de México.
Hasta donde se tiene conocimiento, actualmente en la Casa de Gobierno trabajan de día y de noche unas 5 personas, además de los elementos de la Secretaría de Seguridad del Estado de México que siempre están a bordo de una patrulla en cada puerta del inmueble. Se trata de personal de intendencia y servicios que, en términos reales, tienen nada o muy poco qué hacer en su jornada diaria, entre personal secretarial, de cocina y otros administrativos.
Nadie sabe bien a bien qué hacen en esa casa. Los más enterados aseguran que funciona como un área administrativa de apoyo a la gobernadora, pero hasta donde se sabe ella normalmente desempeña sus actividades en el Palacio de Gobierno de la calle de Lerdo 300.
Entonces, la pregunta es en qué se ocupa ese inmueble que debe costar millones de pesos en sí mismo, además del mantenimiento permanente que requiere, ya que en su interior existe una alberca, baños de vapor, comedor, cocina y otras áreas de apoyo que, si no sirven a la gobernadora, ¿a quién prestan servicio?
Evidentemente es un área en la que se gasta mucho para su mantenimiento y tiene muy poca utilidad pública. ¿No sería más fácil darle un mejor uso al servicio de la sociedad, como museo, como oficinas de atención pública o hasta como salón de fiestas y rentarlo a quien esté interesado en realizar ahí alguna reunión?

Se trata de un área de lujos extremos que por supuesto que se contrapone totalmente a los principios de austeridad republicana que tanto profesan los miembros del Movimiento de Regeneración Nacional, pero el cual, al menos hasta el momento, no ha tenido un uso más acorde con el espíritu del poder de servir.
De vez en cuando se encierra a trabajar ahí uno que otro secretario del gabinete estatal, comenzando por el responsable de la política interior de la entidad, Horacio Duarte Olivares, el secretario de Finanzas, y uno que otro, pero eso no sucede todos los días.
¿Por qué ese empeño en conservar un inmueble de tanto lujo que en realidad no es funcional para la administración pública estatal? Ni siquiera se le ha dado –en su justo valor— un precio de acuerdo a su calidad de monumento histórico, y solo se insiste en mantener ocupado y representando más un gasto que alguna utilidad pública.
Ahí cabría perfectamente una clínica de atención a la salud, un asilo o algún otro servicio para la sociedad, y de paso reducir el gasto que a la fecha se hace en la renta de otros muchos edificios donde el gobierno mexiquense tiene oficinas de atención al público.
O bien, una idea alternativa sería crear ahí un museo dedicado a los ex gobernadores del Estado de México, donde se destaque quizá las tareas que cada uno de los antecesores de la maestra Delfina Gómez Álvarez realizaron durante su estancia.
La mal llamada ahora Casa Estado de México, que de raíz fue, es y será la Casa de Gobierno del Estado de México, es un bellísimo inmueble lleno de historia que bien podría aprovecharse para otro uso, de mayor impacto social, tal y como lo prometió nuestra actual gobernadora pocos días después de rendir protesta al cargo, y de eso ya pasaron más de dos años, y siguen contando.

El doble discurso de la política de respeto animal
En los últimos meses, quizá años, se ha puesto de moda el respeto a los derechos de los seres sintientes. En algunos estratos sociales ser animalista es sinónimo de estatus de gente bien, pero, lamentablemente, es más una pose que una conducta verdaderamente arraigada y que vaya más allá del discurso.
En el Estado de México, se supone, está prohibido utilizar animales como perros o gallos para incluirlos en peleas, las cuales, por cierto, tienen gran arraigo cultural en los pueblos tradicionales de esta entidad, por lo que hay personas que se dedican de tiempo completo a la crianza de estas especies para después ponerlas a pelar y apostar en torno a esos combates, lo que les causa un gran gusto e incluso una especie de excitación.
Es decir, está prohibido que haya peleas de gallos o de perros, como corridas de toros, pero sí está permitido que haya criaderos de esas especies para posteriormente explotarlas en esas costumbres que algunos consideran parte de nuestra cultura popular.
De acuerdo con lo que la Secretaría del Medio Ambiente ha hecho público en torno a las leyes de cuidado animal, en el Estado de México está prohibida la comercialización de toda especie de ser sintiente, desde un ratón hasta un perro, pero, en los hechos, hay decenas de mercados formales y otros que están fuera de regla donde se venden sin control estas especies.
Cuántos mercados hay en ciudades y pueblos del Estado de México donde uno encuentra personas con jaulas con aves de todo tipo y color que se venden de manera indiscriminada y no hay autoridad alguna que se acerque siquiera a prohibir esa forma de venta, libere a esos animales que se encuentran todos apachurrados por quienes los venden, e incluso aplique algún tipo de sanción para castigar a quien a eso se dedica.
La realidad es que se habla mucho de respeto a las especies animales, pero, en los hechos, se hace muy poco, prácticamente nada para evitar estas prácticas.
La venta de animales vivos en el Estado de México ha sido prohibida por el Código para la Biodiversidad del Estado de México. Esta prohibición se aplica a mercados públicos, mercados sobre ruedas, mercados móviles en la modalidad de tianguis, bazares o complementarios, y en todos aquellos lugares que no cumplan con los supuestos establecidos en la materia.
Las multas por la venta de animales en la vía pública varían desde 13 mil 443 pesos hasta 89 mil 620 pesos, y los animales requisados se destinarán a los albergues de asistencia social. Al menos esos dicen las leyes aprobadas por nuestros geniales diputados y diputadas mexiquense, pero, en la práctica, no existe ninguna norma que regule la existencia de una policía animal que se haga responsable de la aplicación de la norma.
Leyes sobre el cuidado y protección a los animales ya hay muchas, tanto en el ámbito federal como en las leyes del Estado de México, pero ninguna de éstas capaz de explicar qué pasa en realidad con alguien que en uso de sus facultades viole, por ejemplo, el artículo sexto del Código de Biodiversidad de esta entidad, tampoco nos dicen qué instancia es responsable de hacer cumplir ese marco legal, por lo que, al menos hasta el momento, esta cuestión no ha pasado de algunos boletines oficiales en los que se da cuenta de intervenciones esporádicas de policías municipales en algunas localidades que descubren lugares donde se encuentran animales en muy mal estado de cuidado, por lo que se decomisan y se lleva a lugares que algunos califican como refugios, aunque meses después no se vuelva a saber qué pasó con esos seres sintientes.
Es momento en que se instrumenten esas leyes ya creadas para verdaderamente hacer respetar esas disposiciones, lo cual podría comenzar por precisar qué animales sí se pueden tener como compañía y cuáles son más bien para el trabajo en el campo u otro ambiente social.


