CONTAR LA VIDA ESO ES EL PERIODISMO Y LA LITERATURA
No somos hijos de las estrellas sino de las palabras, solía decir Cristina Pacheco, a dos años de su partida,la recordamos con el legado que dejó al periodismo, en lo cotidiano, en esto que llamamos crónica diaria, originaria de San Felipe Torres, Guanajuato, se desplazó a la Ciudad de México en los años cuarentadonde estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Fue una gran escritora, autora de mas de veinte libros, en 1985 recibe el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Bellas Artes de Literatura Inés Arredondo en 2022.
Durante su carrera condujo un programa de televisión por más de 45 años, llamado Aquí nos tocó vivir en el canal once, y también el programa Conversando con Cristina Pacheco, Cristina vino a revolucionar el mundo del periodismo, la forma de hacer la crónica cotidiana, a través de sus entrevistas, mostraba la cruda realidad de la Ciudad de México, de los lugares a donde no todos quieren ir, de hacer las preguntas difíciles, de entrevistar a los marginados, aunque en el medio que se desenvolvía como escritora, estaba rodeada de famosos, ella entrevistaba con la misma humanidad al zapatero, al niño que vendía dulces en las calles, a la artesana, al cantante, al político, al artista, sin que existiría disparidad entre ellos. Estaba convencida de que el protagonista de sus crónicas cotidianas era la gente con quien conversaba, siendo la periodista una fiel testigo.
La época en la que Cristina comienza a describir la vieja ciudad de hierro tal como la llamaba Rodrigo González en sus canciones, es decir la actual Ciudad de México, no era común ni tampoco bien visto que una mujer se dedicara al periodismo, cuando trabajópara la revista Procesos se vio obligada a firmar bajo un seudónimo masculino a nombre de Juan Ángel Real, así que desde el anonimato publicaba sus experiencias porque ella creía que todos tenemos algo que contar, en sus crónicas cotidianas abordaba temas complejos como la desigualdad social y la violencia.
Sin embargo, en una de las tantas entrevistas que le hicieron a Cristina, cuenta que antes de dedicarse al periodismo fue secretaria de Juan Rulfo y de Carlos Fuentes, ella transcribía sus novelas y es de esta manera en que se motiva a escribir y publicar, sin duda fue formando su estilo rodeada de grandes personajes dentro de las letras, fue justamente su esposo, el poeta y ensayista José Emilio Pacheco quien la impulsa a escribir dejando del lado el anonimato para publicar con sus nombre real, así que ella decide que debe ser muy transparente con la gente que la lee y comienza a escribir con su nombre.
Nada esta escrito, puede pasar todo, hay que escribir la vida diaria, somos todos sobrevivientes, decía Cristina, su forma de hacer periodismo era fuera de lo común porque mientras otros buscaban entrevistar nada más a los famosos, de no ensuciar los zapatos al recorrer los basureros, porque pensaban que ganarían mayor reconocimiento al hablar de los políticos, de los que todos conocen, de los mal llamados intelectuales, algo que paradójicamente sigue ocurriendo hasta el día de hoy, ella entrevistaba a gente de distinto contexto.
Sin duda una gran lección para los radicales que suponen que no se puede escribir de los contextos a los que no pertenecemos, un pensamiento demasiadoerrado, egoísta y soberbio, puesto que el escritor no necesita ser parte de un grupo marginado para que pueda sentir la injusticia y escribir sobre ella, nadie ni nada puede limitar la pluma de quien escribe, esa libertad es propia de un verdadero autor que no escribe lo que el grillo le dicta, el escritor es autónomo, autentico y creativo.
En Cristina Pacheco aprendemos que es importante hablar de lo que sucede a nuestro alrededor, cada persona tiene mucho que contar, para hacer la crónica cotidiana hay que caminar en ella, entre esa gente, es mostrar la realidad con dos intenciones: que comprendamos nuestro entorno y aprendamos que somos parte de él, al mismo tiempo es una invitación a escribir nuestra propia crónica cotidiana, porque nada esta dicho aún, hay muchas cosas que deben y merecen ser escritas, pero solo unos pocos se atreven a hacerlo.

