¡Corre Vito!, una historia fascinante de Vito Beristáin, escrita por David Martín del Campo
Vito Beristáin tiene 20 años y no conoce el mar… Vive en la Colonia Juárez de la Ciudad de México, abandonó los estudios, es tenor, fue parte del trío Los Marsellinos, trabaja como cuidador y sparring ocasional en un gimnasio de la colonia Bondojito, tiene una novia desdeñosa y un perro que se llama Estopa. Un día, una gitana le vaticina un futuro contenido en claves secretas, y la diosa fortuna pone en sus manos 60 mil dólares abandonados en una combi pesera por un asaltante de bancos… ¿Qué le pasará a Vito? ¿Hacia dónde caminará su vida marcada por el azoro y el desatino? ¡Corre Vito! es el nombre de la novela que narra la historia de este fascinante personaje, Vito Beristáin.
Usted seguramente ha leído sus interesantes artículos en la página editorial de poderedomex.com, los martes cada quince días, se trata de David Martín del Campo (1952). Lo entrevisté en la Fil de Guadalajara y esto es lo que me dijo:
¿¡Corre Vito! qué nos dice?
¡Corre Vito! es una novela de descubrimientos, de sorpresas y de azar, digamos que es un homenaje a esos muchachos que creen que pueden sobrevivir con 60 mil dólares abajo de la cama y lo que no saben es que eso, más que una promesa de futuro, es una condena.
Eso sería ¡Corre Vito!, porque eso le ocurre al protagonista.
¡Corre Vito! es un homenaje a la gitanería, a la magia que traemos y en mi familia, quiero suponer que como vienen de Andalucía, hay ese rollo moro de adivinación del futuro.
Vito digamos que es un personaje del futuro.
Tengo ciertos poderes, me ha ocurrido en la vida dos o tres veces que adivino acontecimientos y mi hija Mariana lo ha heredado también, no es que sea una pitonisa, pero dice cosas que tienen trascendencia en el futuro.
Digamos que es esa parte mágica, la novela es mágica porque el personaje es descendiente de los huicholes, de un cacique, de un guía y lo acompaña el venado azul de los huicholes, es digamos una especie de su tono que nada más lo ve él y algunas personas que están iluminadas.
Hay una magia con el lector, de un, otro mundo, que nos acompaña.
Acostumbra a corregir obsesivamente sus libros, porque el lector maneja que ¡Corre Vito! es una versión corregida.
Lo que pasa es que soy dueño de mis zapatos y mis zapatos los puedo pintar de blanco, de negro o de café y son mis zapatos, y cuando me muera ya no serán míos.
Con esa obra pienso que puedo hacer eso y me ha ocurrido como en tres o cuatro novelas que las he reescrito y a veces son escrituras indispensables.
Un ejemplo, una novela mía que por cierto ganó el premio Juan de la Cabada de Literatura juvenil, se llama El hombre del Iztac, es la historia de unos muchachos que encuentran un cadáver en las nieves en el glaciar del Iztaccíhuatl, porque en esa época en el año 57, eran las nieves perpetuas de los volcanes, ahora con el cambio climático ya no ocurre.
Reescribí un capítulo donde digo, 50 años después la protagonista dice, si no hubiéramos encontrado el cadáver, por el cual se hacen muy famosos, porque es un cadáver que tiene cuatro siglos enterrado, hubiera sido desenterrado por el cambio climático.
Además permite la reflexión de que ella maduró, que tiene una relación seria con los muchachos, qué se yo, eso me ocurrió a mí con ¡Corre Vito!, porque inicialmente esa novela era una novela presuntuosa, tenía como 600 páginas y fue bien recibida y se llama o se llamó Después de muertos, que homenajea la canción de Julio Jaramillo, y si los muertos aman, después de muertos amarnos más.
La historia de Vito está, pero encima también está la historia de su abuela que es una combatiente, digamos que es una Adelita de la Revolución; de su abuelo el indio huichol marakame, de su hermano que es un hermano perdido que un día lo sacó el padre lo perdió en una borrachera y se lo robaron, que se ha vuelto un agente judicial.
De la propia madre del protagonista, que es una enfermera, que se enamora, que está siempre con relaciones ilícitas con los médicos en la clínica donde trabaja y de otro personaje que es un homicida.
Le quité todas éstas, entonces en lugar de tener 650, ¡Corre Vito! Se reduce a 248 y quedó mejor, hay lectores que decían que no, pero también tenía lectores que decían que se habían cansado, porque era una novela concebida para lectores de los años 40, cuando no había televisión, internet, ahora la gente quiere leer.
Dije bueno, voy hacer un segundo libro que cuente la historia de los parientes, claro que es una reescritura, por eso digo que es la versión definitiva, porque mientras esté en la vida, tengo la posibilidad de hacer con mi obra lo que se me pegue la gana. Como hacen los pintores con sus cuadros.
¿A la distancia, cómo observa David Martín del Campo su primer texto que le publicó Joaquín Mortiz, Las rojas son las carreteras?
Yo tenía en esa época 24 años, era un autor entusiasta, casi eufórico, homenajeaba de alguna manera la escritura de José Agustín en Se está haciendo tarde, La tumba sobre todo que recién había leído hace tres años.
Desde los 17 años andaba diciendo que iba a escribir una novela que fue ésa, se iba a llamar Los hijos de la condesa y terminó llamándose Las rojas son las carreteras.
He publicado más de 20 novelas y otros 15 libros de crónicas, infantiles, biografías, libros de viaje, antologías, hasta un libro de poesía se me escapó.
Lo que ha ocurrido es que me he probado en diferentes ámbitos, porque un escritor profesional debe ser capaz de escribir casi todo, porque la poesía a veces digo que quién sabe.
He escrito guiones de cine que se han filmado, cuentos, cuento infantil, literatura, novela, cuento para grandes, ensayo, crónicas y cómo me siento, que quizá es una cosa horrible de decir, como me imaginaba que iba a ser a esta edad estoy llegando, por diferentes razones, pero estoy dedicando el 90 por ciento de mi tiempo a la escritura de libros.
Sé que estudió periodismo en la UNAM, es necesario estudiarlo, hablo con respecto a los periodistas de los 50, 60 que eran de otras carreras.
Fui el primer reportero que se contrató en el diario Uno más Uno, fui contratado porque había publicado mi primera novela, iba a entrar como fotógrafo, entonces el director Manuel Becerra Acosta cuando vio la novela dijo ¡ah va a ser reportero!, le dije que sí, en ese momento no fotógrafo, sí reportero, siete años.
A los cuatro años era corresponsal en Madrid, estuve un par de años, siendo periodista, viajas, viajas y viajas lejos y cerca, vas a un tiradero de basura, vas a la Secretaría de Educación Pública, vas a los palacios de gobierno, vas al campo a ver los derrames de cualquier tipo.
Uno anda viajando mucho, entonces de las historias que iba captando en mis reportajes han salido mis novelas, en el año 84-85-86 me cansé de ser un reportero y quise homenajear al oficio con un libro que se llama Los mares de México, ofrecí un proyecto y me contrató la Universidad Metropolitana en México para escribir ese libro, lo cual implicó que hiciera nueve viajes a todos los litorales mexicanos, ese libro que por cierto celebraba mucho Carlos Monsiváis, se llama Crónicas de la tercera frontera.
De las historias que no puse en ese libro, nutren mucho mis novelas de ahora.
¿Ahí fue a la inversa, primero la literatura y después el periodismo?
Hay muchos tipos de escritores, hay escritores que son ingenieros, Jorge Ibargüengoitia, Ricardo Garibay, Enrique Krauze todos son ingenieros civiles y escriben libros.
Después hay los que estudian letras, literatura, en la Universidad o en el Colegio de México y tienen una visión más académica, erudita del ser de la literatura y a veces tienen cierta eficacia, un caso sería Mario Vargas Llosa quien estudió literatura en la Complutense, también hizo periodismo.
También están los escritores que hemos hecho periodismo o comunicación, hay quien hace cine, como Guillermo Arriaga, hace cine y escribe cuento, yo que he hecho periodismo, Fernando Benítez, hasta el infinito.
El mismo genio de Gabriel García Márquez quien fue reportero de El espectador.
Son diferentes aportes de tu oficio que tú incorporas y reproduces en tu actividad como escritor literario.
¿Cómo observa la literatura actual, en el México de caos que estamos viviendo?
El México de caos, es un México de caos y te diría que México siempre ha sido caótico, ya lo decía Carlos Fuentes en una entrevista, México aguanta dos volcanes y ahí está y ahora el de Colima.
Lo que siento es que el acontecer cotidiano siempre está nutriendo la mitad de las obras artísticas, no nada más la obra literatura, entonces digamos que durante los años 90, hubo una buena cantidad de novelas de Ciudad Juárez, del narco, de las desaparecidas de Juárez, novelas que tienen que ver con eso.
Supongo que ahora se están escribiendo muchas novelas que tengan que ver con los muchachos desaparecidos en Iguala, la corrupción de los ayuntamientos, con la crisis de la izquierda que está ocasionando ese mismo acontecimiento.
Está bien, porque el hombre escribe de su circunstancia, sin embargo en mi caso como que me imbuí mucho del 68, del Movimiento estudiantil, entonces eso se reflejaba en mis novelas.
Ahora pienso que estoy escribiendo unas historias más personales, más familiares en el sentido que son historias que voy heredando de mis primos, tías, que me contaron cuando era niño y que finalmente lo que importa es la historia del trasfondo como el tratamiento.
Tan importante uno como el otro.
Haciendo el comparativo de usted, entre aquella primera novela y la actual ¿cómo se ve y como si fuera crítico, de usted mismo también?
Ha evolucionado mucho. Soy más severo con el estilo, no es que me haya vuelto un estilista, pero sí me preocupo mucho de nombrar las cosas por su nombre, de dosificar, suelto con mucho trabajo un adjetivo, un adverbio, hay autores que los obsequian y los regalan y tengo mucho cuidado con el fraseo, frase corta, frase corta, frase larga y los hiperbatones hay que controlarlos, hay gente que se le va de las manos y están muchas de sus novelas llenas de ripios que incluso se les van de las manos a los propios editores.
Soy enemigo del ripio, me pone de mal humor una novela mal escrita, entonces digo que hay descuido. Pienso que, como todo en la vida, hay escritores cuidadosos y otros que son más o menos descuidados.
¿Qué transformaciones ha sufrido la literatura con los medios masivos como las redes sociales?
Las novelas que ahora escribes es mucho más fácil que antes, tú escribes y tienes en tu pantalla tu texto, a un lado la enciclopedia, el internet y del otro lado el diccionario de la Real Academia, vas avanzando y a veces mucha información que antes te requería hacer un viaje a la hemeroteca y pedir un libro, un periódico, una revista de Durango de 1974, porque tenía que hablarte sobre la rebelión de Cedillo, el general, contra Lázaro Cárdenas del Río esa información estaba ahí en un libro.
Ahora entras a Wikipedia y la información básica está allí, quizá lo más a fondo no, pero ahora para un escritor es más fácil saber todo y antes te tenías que subir al camión, al colectivo, al taxi para ir al periódico a entregar tu artículo que lo linotipiaran, pasara, en lo que te lo platico ya lo tiene el editor en su computadora y está ingresando.
Ahora todo es más sencillo, pero no porque sea así, el problema de la sencillez es que se está volviendo muy facilona la literatura en tiempos contemporáneos, hay que ser más serios.
¿Qué se requiere para ser un escritor de éxito?
Te voy a preguntar qué opinas del mejor novelista de Tailandia, no lo conocemos; en Tailandia preguntas qué opinas de David Martín del Campo, van a decir no lo conozco, todo tiene sus límites.
A lo que voy es a que en tu medio, en tu país te conozcan o en tu idioma, te puedas desenvolver, siento que sí, ciertamente después de tantos libros que he publicado, tengo cierto reconocimiento y creo que de unos ocho, nueve años para acá, ya casi vivo de mis regalías, tantísimos libros que tengo publicados, tanto serios como los infantiles, el que esas regalías no te dan para comprarte un BMW pero sí para llevar la vida con cierta elegancia y sin tantas restricciones, pero te evita tenerte que dedicar a la docencia, al periodismo, a los guiones, a la publicidad, a la burocracia para tener dinero y sobrevivir y escribir de las 10 de la noche a las dos de la mañana, lo cual obliga a que las novelas sean muy cansinas; aprovecho las mejores horas de la mañana para escribir.
Creo que lo que hay que seguir son los principios de la sección amarilla, es dedicar a la literatura, tiempo, dinero y esfuerzo, las tres.
Al principio se sufre mucho porque no se tienen ingresos y uno tiene que vivir de lo que sea, no tienes que abandonar, eso es el dinero; el esfuerzo es que no vayas abandonar, te vaya bien o te vaya mal con un libro, hay libros que les va bien y otros que les va no tan bien y además de tiempo, creo que el tiempo siempre premia a la gente que tiene tesón, el tesón es el retroactivo.
¿Qué le llena más haber sido periodista o ahora escritor?
Es distinto el periodismo era muy rico, de la riqueza humana porque la mitad de los reporteros estaban borrachos, había una promiscuidad amorosa, deliciosa, había novias, fiestas, una pachanga y además escribía con seriedad.
Ahora un escritor piensa que no, que los cocteles, no, la escritura es muy solitaria, estás con tu mesa, una pared, dos libros, tu computadora, a veces música, a veces no y evitando responder al teléfono y es un aislamiento.
Extraño a veces la fiesta que era el trabajo como periodista, los viajes, no se puede todo en la vida hay que entenderlo, no se puede todo en la vida.
Estamos presentando una novela nueva que se llama La inocencia de María.

