COSAS DE NIÑOS

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El pasado 30 de abril celebramos el Día del Niño en nuestro país, un día en el que
muchos disfrutan de convivencias en familia o en las escuelas, mientras otros se
despiertan muy temprano, como todos los días, para comenzar su día laboral u
otros que se refugian en las drogas para soportar el día a día.
Durante mi participación en radio, platicaba que el fin de semana previo al día del
niño, me había tocado ver en la calle a un niño como de ocho, nueve años
fumando acompañado de otros dos jovencitos como de doce y catorce años, bien
vestidos, saliendo de un edificio de departamentos en el centro de la ciudad de
Toluca. Comentaba que alguna vez había escuchado de estadísticas de niños que
consumen drogas, menores de doce años, pero una cosa es escuchar los
números y otra, verlo, enfrentar la realidad.
Eso sucede un sábado, al día siguiente, en redes encontré la nota de un periodista
digital en la que señalaba la prostitución infantil en uno de los puertos más
importantes y turísticos de nuestro país; fue difícil leer las entrevistas que logró
con algunos niños de entre doce y quince años, que contando sus historias de
vida, decían haber sido forzados a la prostitución desde los ocho años, dolorosas
historias, niños dejan de ser niños y se convierten en objetos.
Lastimosamente en esos días se dieron a conocer cifras en las que 3.2 millones
de niños y adolescentes trabajan en México y 70 mil están expuestos a
explotación sexual; también se dio a conocer que niños indígenas son las
principales víctimas de trabajo infantil forzado. Todos estos datos se dan a
conocer para generar consciencia en la sociedad; ¿qué es lo que estamos
haciendo para que esto suceda?
Pero parece que no cumple su cometido, sólo queda en un tipo de soborno
emocional o en culpabilidad social como lo nombra Robert Hugues en su
definición de cultura de la queja. Se debe trascender estos lindes y generar
alternativas que ayuden a la convivencia pacífica, garantizar los derechos que
tienen los niños para su sano desarrollo y el de los mexicanos en general.
Hay muchos tópicos a tratar en relación a la problemática de la niñez y de los
diferentes sectores de donde provienen, pero creo que en lo que sí se coincide, es
en su derecho a crecer libres de violencia.

No se trata tampoco de victimizar o de hacer una segregación, porque a Hugues
señala le parecía que la persona que se victimiza vive en un estado inmaduro
donde sólo puede relacionarse con el mundo a través del reproche, el
resentimiento o el chantaje y eso, queridos lectores, ya lo estamos padeciendo, no
hemos podido superar los embates de la culpabilidad social.
Cuantos han actuado con violencia movidos por el resentimiento a una sociedad
hostil, ya decía el psiquiatra estadounidense Karl Menninger, el trato que se le da
a los niños es el que ellos luego darán a la sociedad. Y tiene que terminar los
privilegios o conseguir beneficios a costa de chantajes o reproches como hoy
hacen algunos grupos que lo único que están logrando es hacer más marcadas
las diferencias y desigualdades sociales. Pero esto puede ser tema para
profundizar en otro momento.
Ciertamente no todos tenemos las posibilidades de actuar directamente para que
la situación cambie, pero como sociedad sí, culturalmente tenemos que ir
haciendo consciencia de lo que vemos, lo que enfrentamos y cómo podemos
solucionarlo; hoy es el trabajo y abuso infantil, hay muchas tesis y estudios en
sobre al tema, con los que podríamos comenzar a generar cambios, pedir a los
estudiosos y especialistas se involucren y den algunas pautas de acción, pero
reitero, la sociedad somos los que debemos de generar cambios en nuestras
expresiones culturales.
No se trata de imposiciones culturales o más segregaciones, se trata de buscar un
equilibrio para garantizar la humanidad.