+Mantiene ciudadanía de Metepec percepción de seguridad favorable, según ENSU, afirma en El Salvador, Fernando Flores; inocultable la crisis en el sector Salud estatal; ¿qué pasó con los 20 millones del IMSS 220?
La frase:
El problema de IMSS Bienestar, es que los derechohabientes ya pagaron sus cuotas. ¿Quién se las ha robado?
ES LA PREGUNTA
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en el municipio mexiquense de Metepec, se ha logrado reducir 50% la incidencia de extorsión y 60% el robo a casa habitación, resultado de una estrategia integral que coloca la seguridad y la tranquilidad de las familias como una prioridad permanente.
Este martes por la mañana, desde El Salvador, el alcalde, Fernando Flores Fernández, quien participa en el Seminario Internacional Seguridad y Gobernanza Local, dio a conocer lo anterior y enfatizó que el encuentro internacional permite compartir experiencias y fortalecer conocimientos para seguir construyendo un municipio más seguro.

Los resultados son producto del trabajo coordinado, la prevención, el uso de tecnología, la capacidad operativa y, sobre todo, del interés del gobierno municipal por trabajar en lo que le importa a la ciudadanía.
A estos avances se suma la percepción ciudadana. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, Metepec mantiene una percepción de seguridad favorable entre su población, reflejo de la estrategia efectiva que está dando resultados y del avance en la materia.

INOCULTABLE LA CRISIS DEL SECTOR SALUD
El Sector Salud del Estado de México atraviesa una crisis que cada vez resulta más difícil ocultar, no se trata de un solo problema ni de un incidente aislado, son hospitales con infraestructura deteriorada, trabajadores que salen a las calles para reclamar el pago de sus salarios, pacientes que enfrentan interrupciones en tratamientos indispensables, equipos médicos fuera de operación y unidades que padecen carencias de insumos básicos.
Todo ocurre al mismo tiempo y termina dibujando un escenario preocupante para uno de los servicios públicos más sensibles para la población. En su momento se culpó a Macarena Montoya Olvera, hoy tiene que culparse a Celina Castañeda de la Lanza, quien como los chinitos, sólo ve pasar los problemas.
En Toluca, una fuerte fuga de agua registrada recientemente en la zona de acceso a Hospitalización y Rayos X del Hospital General Regional No. 220 del IMSS volvió a poner sobre la mesa las condiciones en las que se encuentran algunas instalaciones médicas.
Las lluvias provocaron filtraciones y el colapso de varios plafones en áreas por las que diariamente transitan pacientes, familiares y trabajadores, no es un asunto menor, cuando en un hospital se desprenden plafones y el agua alcanza zonas de atención médica, la discusión necesariamente debe ir más allá del clima y llegar al terreno del mantenimiento preventivo y la conservación de la infraestructura.
Y aquí aparece un dato que vuelve todavía más incómoda la historia del Hospital 220, pues en septiembre de 2020, durante la rifa organizada por la Lotería Nacional en sustitución del avión presidencial, esta unidad resultó ganadora de uno de los premios de 20 millones de pesos.

El sorteo se realizó el 15 de septiembre de aquel año, y seis años después, las imágenes de filtraciones y plafones colapsados provocan inevitablemente una pregunta: ¿qué se hizo con los recursos y qué beneficios concretos llegaron a la unidad médica? Porque si hubo un premio millonario y hoy persisten deficiencias visibles, también resulta legítimo preguntar cómo se administraron esos recursos y por qué continúan existiendo carencias que afectan la operación cotidiana.
Pero la crisis no está únicamente en las paredes, este lunes y martes, trabajadores del sector Salud del Estado de México protestaron simultáneamente en distintos puntos de la entidad para exigir el pago de la primera quincena de agosto a quienes laboran en unidades absorbidas por el sistema IMSS-Bienestar.
Las manifestaciones comenzaron alrededor del mediodía y se prolongaron aproximadamente durante dos horas en municipios como Texcoco, Toluca, Villa Victoria, La Paz, Ecatepec, Chalco, Acambay, Atizapán e Ixtlahuaca, entre otros.
El reclamo era tan básico como contundente: recibir el salario que debió ser depositado el pasado 15 de agosto y no se trata de una prestación extraordinaria ni de una exigencia secundaria. Es el dinero con el que miles de trabajadores sostienen a sus familias, pagan vivienda, alimentación, transporte y compromisos cotidianos.
Cuando quienes tienen la responsabilidad de cuidar la salud de los mexiquenses tienen que abandonar momentáneamente sus centros de trabajo para exigir que se les pague, queda claro que existe un problema administrativo que debe ser explicado y resuelto.
Y mientras los trabajadores reclaman sus salarios, los pacientes con insuficiencia renal enfrentan otro problema todavía más delicado, ya que sus familiares han denunciado la interrupción del servicio de hemodiálisis en hospitales de la red IMSS-Bienestar del Estado de México, presuntamente derivada de la falta de mantenimiento técnico y de la descompostura de máquinas biomédicas.
Horacio Valdés, coordinador de la Organización Unidos Transformando, había informado que actualmente se encuentran fuera de operación dos máquinas en el Centro Médico “Lic. Adolfo López Mateos”, en Toluca, y cuatro más en el Hospital General de Tenancingo.
De acuerdo con su denuncia, la problemática también se reproduce en otras unidades de la entidad, por lo que aquí ya no hablamos nada más de infraestructura o de comodidad.
Una máquina de hemodiálisis fuera de servicio puede significar que un paciente tenga que esperar, ser reprogramado o buscar alternativas para continuar con un tratamiento indispensable.
Para quienes dependen de este procedimiento, el tiempo no puede quedar atrapado en trámites, contratos, mantenimientos pendientes o decisiones administrativas.
A este panorama se suma la falta de insumos médicos, en hospitales generales y centros de salud se han señalado deficiencias en productos esenciales como guantes, jeringas, gasas, alcohol, frascos para muestras y cubrebocas.
Materiales que podrían parecer elementales adquieren una importancia enorme cuando faltan en una unidad donde médicos y enfermeras necesitan utilizarlos todos los días.
La pregunta entonces vuelve a ser inevitable: ¿cómo puede exigirse al personal de salud que brinde atención de calidad si no cuenta con las herramientas indispensables para hacerlo?
La crisis también tiene una dimensión política y sindical. Óscar Rivas Maldonado, secretario General de SIMESA, sostuvo que los problemas de la Secretaría de Salud no son recientes ni pueden atribuirse exclusivamente a la administración saliente.
Se trata de una problemática histórica y que existen prácticas que se han arrastrado durante años, incluidas estructuras sindicales que, según su acusación, han obtenido beneficios a costa del sistema de salud.
Muchas de las inconformidades de los trabajadores por la falta de insumos y las condiciones laborales son legítimas, pero también algunas demandas han sido utilizadas por el sindicato tradicional como mecanismo para conservar espacios de control y beneficios internos.
Y aquí está uno de los puntos más delicados. Mientras las administraciones se responsabilizan unas a otras, mientras los sindicatos defienden sus posiciones y mientras se discute quién tiene la culpa de la crisis, el paciente sigue esperando.
El trabajador sigue esperando su salario, el hospital sigue esperando mantenimiento, la máquina sigue descompuesta, el almacén sigue esperando insumos y las familias siguen esperando respuestas.
El Sector Salud no puede sostenerse únicamente con discursos, anuncios o explicaciones posteriores. Necesita planeación, mantenimiento permanente, recursos aplicados correctamente, abastecimiento suficiente, equipos médicos funcionando y trabajadores que reciban puntualmente su salario. También necesita transparencia.
Porque si un hospital recibe recursos extraordinarios, la sociedad tiene derecho a saber en qué se utilizaron. Si una máquina de hemodiálisis permanece fuera de servicio, alguien debe responder por el mantenimiento y por las consecuencias que genera. Si faltan jeringas, gasas o guantes, debe existir una explicación sobre la cadena de suministro. Y si los trabajadores no reciben su quincena en la fecha correspondiente, la autoridad debe explicar dónde estuvo la falla y cuándo quedará solucionada.
La fotografía del sistema de salud mexiquense resulta incómoda: plafones que se desploman, fugas de agua, equipos médicos fuera de operación, carencias de insumos y trabajadores protestando por sus salarios.
Son demasiadas señales para seguir hablando de hechos aislados.
No se puede normalizar que un hospital tenga filtraciones, que pacientes renales enfrenten interrupciones en sus tratamientos o que el personal médico tenga que salir a protestar para cobrar una quincena. Tampoco se puede permitir que la discusión quede atrapada en el intercambio de culpas entre funcionarios y sindicatos.
El Estado de México necesita algo más que administrar la crisis: necesita resolverla. Y para hacerlo tendrá que revisar desde la infraestructura hospitalaria hasta los mecanismos de compra, mantenimiento, distribución de insumos, operación de equipos, condiciones laborales y manejo de los recursos públicos.
Porque cuando falla el sistema de salud, quienes pagan las consecuencias no son las estructuras burocráticas ni las dirigencias sindicales. Son los pacientes que llegan a un hospital buscando atención, las familias que dependen de un tratamiento, los médicos y enfermeras que trabajan con carencias y los trabajadores que esperan que se les pague por el trabajo que ya realizaron.
El sector salud mexiquense parece estar llegando al límite de lo sostenible. Y si las autoridades no atienden de fondo las señales de alarma, el problema dejará de ser una suma de deficiencias para convertirse en una crisis estructural que terminará afectando, como siempre, a quienes menos posibilidades tienen de resolverla por su cuenta. Pero mucho ojo, los derechohabientes que acuden, ya aportaron sus cuotas y no les dan un servicio eficiente. ¿Quién se robó esas cuotas?


