Crónicas de una Plaza

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Sé que ustedes no lo imaginan, pero aquí en la plaza suceden cosas extrañas, cómo que las escaleras eléctricas de pronto se detengan o que sólo funcionen en una misma dirección.

Es divertido… aunque la gente cae en pánico y se aglomera en el elevador.

Lo cierto, es que tener la plaza limpia, es una tarea de orden y conciencia, un trabajo de todas las horas del día, porque es un espacio amplio y muchas personas y mascotas van y vienen durante el día.

Sin embargo, últimamente me ronda la necedad de recordar esto, me he percatado que limpiar las escaleras eléctricas es todo un arte, es más, si Julio Cortázar estuviera aquí, seguro que ya hubiera escrito un  manual para limpiar las escaleras eléctricas.

No soy Cortázar, pero observó todos los días como el personal de limpieza va, viene, se detiene, limpia y limpia, porque las escaleras son una tragedia griega y tienen que estar relucientes y resplandecientes.

Por ejemplo, cuando bajan lo hacen con trapo húmedo y cuando suben con trapo seco.

Sé que esto en un día a día, no lo puedes percibir que, por lo regular uno siempre se anda con el universo en la cabeza y olvidas tu rededor o puede que andes distraído, entre la productividad del día que, ya cancelaron las citas, que el doctor no termina la consulta anterior y ya llegó la paciente en turno. Pero cuando te detienes y dejas de ocuparte en tu ombligo, te das cuenta que un ejército de gente hace que esta plaza siempre esté limpia.

2022