¿Cuándo respetaremos?

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El respeto, entendido como la consideración y valoración especial que se tiene a alguien o algo, al que se le reconoce valor social o especial deferencia, está en peligro de extinción.

Este valor alguna vez fue reconocido como uno de los ejes fundamentales que el ser humano debe tener siempre presente a la hora de interactuar con las personas de su entorno, hoy día, las personas crecemos con la convicción de que, por el contrario, entre más molestia generemos, estamos siendo inteligentes.

El respeto es un derecho, pero también una obligación; a nadie le gusta ser tratado con altanería o desdén, pero en contraparte tampoco podemos ser de esa forma con nuestros interlocutores.

La falta de respeto es el causante de conflictos y violencia en muchos espacios sociales, en esa tesitura está la agresión a las mujeres, a quien, simplemente, no se le valora en su justa dimensión.

Pero el problema comienza con los pequeños detalles, por ejemplo, el tan acentuado problema de la puntualidad. Cuando una persona no asiste a una cita en tiempo y forma, cuando hace esperar al otro aun habiendo acordado un horario preciso o cuando simplemente no llega, es una muestra clara de la inconsciencia con las que, en ocasiones, nos manejamos.  Jugar con el tiempo de los demás resulta, no sólo ofensivo, sino carente de la mínima cortesía.

La puntualidad, más allá de llegar a tiempo, denota orden, preparación, seriedad, interés y prestigio; nunca confíen en alguien que es incapaz de comprometerse con su propio tiempo, tal y como decía el educador norteamericano Wilbur Fisk, tengo la convicción que el individuo que habitualmente llega tarde, nunca será respetado o exitoso en la vida.

Cuando alguien considera que todo ha de girar en torno a sí mismo, es inevitable que tienda a despreciar a los demás y, en consecuencia, no les trate con el respeto que merecen; de la misma manera, la falta de valores hace que las personas centren sus esfuerzos en la obtención de bienes materiales y en satisfacer sus caprichos, pisoteando a quien sea con tal de satisfacer sus deseos.

El egoísmo, la soberbia y la falta de educación hacen que la convivencia sea cada vez más difícil y desagradable. Suele decirse que las personas ofrecen lo que tienen y lo que pueden, si quieren; por tanto, quien es incapaz de respetarse a sí mismo, está en incapacidad de respetar a los demás.

El punto es que no nada más se trata del tiempo, sino también de los espacios; y el respeto comienza por buscar la manera más digna de vivir y el adecuado cumplimiento de protocolos sociales.

Estos últimos aluden al conjunto de comportamientos, hábitos y normas que favorecen un comportamiento adecuado en la vida social; esto se vincula a la vestimenta, uso de los espacios personales y de trabajo, y conductas esperadas en determinados contextos.

¿Cuándo respetaremos?, ¿Tan complicado resulta?, ¿Seguiremos ahogados en nuestra mediocridad?

Bastaría con ponernos un poquito en el lugar de los demás, no haciendo lo que no deseamos recibir.

horroreseducativos@hotmail.com