¿Cuántos culpables?

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Una vez más la muerte de una mujer ha conmocionado a una nación, una vez más se hace presente un feminicidio que sigue dejando claro que, México es una zona de riesgo para cualquier dama, por el simple hecho de serlo.

Por más que se nos diga que vivimos en un país que ha tenido logros significativos en la lucha contra la delincuencia, la realidad hace que todos los días, de manera sistemática, los políticos se traguen sus palabras una a una, con un penetrante sabor a sangre.

Lo acontecido en Monterrey y lo que sigue sucediendo en todos los rincones de nuestra roja patria, no tendría que suceder; el tema va mucho más allá de lo evidente, como ha sido la postura en este espacio de comunicación, se trata de un problema multifactorial que habría tenido solución si se atiendo lo esencial: educación.

Detrás de la muerte de cada joven o niña, hay padres y madres de familia que no lograron inculcar a sus hijos varones que el respeto es fundamental para la interacción humana; mucho se enfatiza que debemos enseñar a las mujeres a levantar la voz, pero eso equivale a dejarles la culpa de algo que les trasciende; siendo mucho más objetivos, no es un tema de hombres malos contra mujeres víctimas, sino de personas conscientes versus seres humanos despreciables.  El fondo no es el género, es la conducta que se reproduce y que se ha inculcado o dejado de modelar en casa.

La disciplina se ha relajado de manera escandalosa, hoy día, un menor de edad decide (sic) si asiste o no a una fiesta, sin que los padres siquiera se enteren; si un tutor no sabe en dónde se encuentran sus hijos y con quienes están, las probabilidades de que las cosas acaben mal son sustancialmente más altas.

Se ha perdido la comunicación elemental entre las familias, se ha dejado de trabajar en la autoestima de los menores, el espacio en el que un niño o joven debe sentirse más seguro es su casa y las primeras personas a las que debiera recurrir son sus padres, abuelos o hermanos; cuando esto no sucede, y se encuentra mayor confianza en espacios ajenos, incluidos los tíos, es que hay algo de fondo que debe ser atendido con urgencia.

En el caso que nos atañe, ¿por qué la hoy difunta no pidió a sus padres que la fueran a recoger?, ¿qué tipo de amigas tenía que fueron capaces de abandonarle a su suerte?, ¿qué hay de fondo en todo lo acontecido? Si bien hubo un ejecutor, fueron muchas las omisiones que, en suma, fueron marcando la mortal ruta.

Si desde el seno familiar se orienta adecuadamente, se enfatizan los valores fundamentales, se ayuda a discriminar entre lo correcto y lo incorrecto, se construyen lazos de confianza sólidos, se ponen límites a las conductas de los menores, se da un seguimiento puntual a cada salida de los vástagos, se conoce a los amigos y se asegura un retorno seguro, por supuesto que los resultados serán mucho menos trágicos.

El delincuente busca una rendija para actuar, en nuestras manos está cerrarlas para que no se salgan con la suya.

En cada tragedia como la de Debanhi, son mucho los culpables. ¿Queremos ser parte de esa estadística?

horroreseducativos@hotmail.com