+ De las letras de cambio a las letras de la literatura, un recuerdo para un gran amigo y escritor que se nos ha ido: Alfredo Bryce Echenique
La frase
Desde mi más temprana adolescencia, simplemente no logré sacar a una chica a bailar, sin soñar una vida entera con ella.
ALFREDO BRYCE ECHENIQUE
(En La vida exagerada de Martín Romaña)
¿Letras? –pregunta Alfredo Bryce Echenique–. Sólo las de Cambio, las Letras de Cambio era lo único que pedían en mi casa y no las que practicaba y menos cuando no se vive de eso y recién se inicia uno en este campo, en esta profesión. Así me lo dijo este autor peruano nacido un 19 de febrero de 1939, en la ciudad de Lima, Perú. Recién me entero desde Lima, de su partida este 10 de marzo de 2026. Los recuerdos se agolpan en mi memoria y a gran velocidad voy recuperando los diferentes encuentros y aventuras que vivimos durante sus visitas constantes al Distrito Federal de aquella época.
Lo recalca con voz pausada a pesar de su juventud, tiene 41 años, cuando entablamos esta conversación en el lobby del Gran Hotel de la Ciudad de México, con motivo de la recién inaugurada Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Rescate, realizado por el ingeniero Javier Jiménez Espriú y comandando el Encuentro Internacional de Escritores, Arturo Azuela, profesor de Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México, en aquel tiempo de 1980, aunque ya había publicado su primera novela El tamaño del Infierno, 1973, en la editorial de gran recuerdo Joaquín Mortiz, ya desaparecida.
Bryce Echenique venía en aquel entonces precedido de fama por una novela perdurable: Un mundo para Julius, 1970, obra inicial que marcó con gran acierto su camino por el mundo de la Literatura, así con mayúsculas. No rivalizaba con Mario Vargas Llosa, ni estuvo a la sombra, sino que ambos encabezaban una literatura de altos vuelos, junto con Manuel Scorza y la presencia de Julio Ramón Ribeyro. Casualidad de estos tiempos, todos ya han dejado este mundo.

Perú con la presencia de este cuarteto de escritores se fue consolidando como un país trascendental en la novelística contemporánea. Jamás coincidieron en sus visitas a nuestro país, aunque sí su presencia en el Palacio de Minería, sede de esos encuentros inolvidables.
Con Alfredo aprendí a degustar el vodka solo, –mi agua destilada– decía para su interior; jamás pensamos lo que es, una bebida fuerte que requiere de un gran control para dominarla, él lo hacía de maravilla sobre todo cuando se divorció de su primera esposa Maggie Revilla. Donde incluso llegó a dejar vacío el servibar de su habitación, tres veces al día. La coherencia al participar en las mesas de discusión fue muy notable, jamás se notó su afición a las bebidas.
Su aparición en las letras fue con un libro de cuentos Huerto cerrado, 1968. Retrata ahí, la vida de los adolescentes ricos, despreocupados de la existencia, debido a que todo lo tienen garantizado. Su conducta transcurre en visitas al club, comidas, fiestas, parrandas y una que otra ocupación. Retrata con sensibilidad el mundo de la abundancia. Aquí está el germen para su novela de éxito y de un gran deslumbramiento: Un mundo para Julius.
Acá retrata la vida familiar donde el personaje principal –Julius– resulta ser inolvidable, sobre todo por los abusos del hermano mayor que no contesta a sus interrogantes, mientras que los padres y sirvientes se encuentran demasiado ocupados para prestarle atención. Se desenvuelve en una gran casona casi un palacio en donde se desarrolla su vida entre habitaciones, sin salir a la calle debido a su corta edad. Él con las interrogantes a su hermano, desea fervientemente conocer lo que hay detrás de los muros que le rodean, quiere ir más allá de lo que puede imaginar, sin que éste le cuente lo que hay afuera de los muros, no es una prisión sino una sobreprotección.
Deslumbra por la abundancia de diminutivos mesita, nochecita, mujercita, tacita, comidita, meriendita, escuelita, maestrita, sirvientita. Julius no conoció a su padre debido a que falleció cuando tenía año y medio.
En sus intervenciones de manera irónica siempre dijo que la versión real y verdadera de su primera novela, fue la que se perdió en París en un Taxi, tuvo que reconstruirla, me sorprende que le guste a los lectores y haya tenido gran recepción. Les aseguro que la anterior, era mucho más atractiva.
Huyó de su casa debido a que no quería continuar con la tradición de la familia de encabezar el banco que había fundado su abuelo El Banco Internacional del Perú. Nacionalizado por el dictador Juan Velasco Alvarado cuando asumió el poder en 1968. Arruinó casi el patrimonio de sus familiares.
Nos volvimos a ver en los Encuentros de 1982, 1985, mucho antes del temblor del mes de septiembre. –No quiero más entrevistas, Garduño. Creo que en Toluca deben ser unos grandes lectores, jamás me habían dedicado una plana. Gracias por la generosidad.
La penúltima vez que nos saludamos fue cuando presentó en el Museo de Bellas Artes en la Sala Villaurrutia, en 1999, su novela más reciente en ese tiempo Las amígdalas de Tarzán. Una historia de amor entre un cantautor peruano y una mujer salvadoreña de clase alta. Relata como trasfondo de ésta, los amores suscitados en Latinoamérica que son dignos de contar. En esa presentación lo acompañó Tania Libertad, la cantante peruana, quien interpretó con su magnífica voz los valsecitos peruanos que están dentro de la historia.
Tania hizo alarde de su magnífica voz, a capela, debido a que no pudieron disponer de músicos para acompañarla. Un magnífico concierto el que escuchamos esa noche, donde acompañó Alfredo Bryce Echenique, la música y el diálogo con su agua destilada, –Garduño, ves a esa señora del vestido azul, le dices que me llene mi vaso con el agua destilada, que trae en su bolsa –vodka–.

La última vez que nos vimos y charlamos fue en el año 2018, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Lo siguiente es parte de lo que hablamos.
El tango dice que veinte años no es nada y en el caso del autor peruano Alfredo Bryce Echenique, es asertivo. Hace más de treinta años que nos conocimos y él sigue igual, con esos lentes redondos de carey, la diferencia es que hoy, son bifocales, casi sin canas, el mismo estilo de vestir, sport y el mismo humor para escribir.
Pactamos la entrevista. Ambos coincidimos, en el lobby del hotel sede, que es por demás precioso, café de por medio, en el caso del peruano, con cigarrillo añadido.
Quizá la edad lo delata cuando camina, enjuto, lerdo, como perdonando al tiempo en la letra de Mi viejo. Esto fue lo que conversamos.
¿Qué magia encuentra Bryce Echenique para realizar su literatura?
La magia para mí es encontrar fundamentalmente un título y el nombre de uno o dos personajes que van a ser los centrales, a partir del momento parece que todo estuviera contenido en ese par de nombres y en ese título.
Cuando hay título y hay personajes, hay cuento, hay novela, eso ha sido siempre fundamental para mí.
¿Es fácil encontrar ese título y esos nombres?
No. A veces vienen de la forma más increíble del mundo, estaba terminando de escribir una de mis novelas La vida exagerada de Martín Romaña, 1981,mientras escribo leo mucho, mucha literatura y oigo mucha música mientras redacto, pero de noche, me contagio del entusiasmo que desemboca la literatura, lo que genera.
Por ejemplo, estaba leyendo las memorias de Pablo Neruda mientras escribía La vida exagerada de Martín Romaña y entonces Neruda hace una descripción de Federico García Lorca, en algún momento de su juventud, en la célebre Residencia de estudiantes de Madrid, en donde Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca, Neruda los vio, los retrata y dice su persona era morena, delgada, traía la felicidad.
Yo dije, este es un personaje femenino, Martín Romaña estaba pidiendo a una mujer que lo amara con pasión, pero que era puro materialismo, digamos así, me atrapaba su inquietud literaria, su deseo de convertirse en escritor, etcétera y nace Octavia de Cádiz, delgada, morena y le trae la felicidad en otro libro, que se llamó El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, 1985, donde Martín Romaña conoce a la mujer opuesta y se enamora de ambas.
¿Qué fue lo que encontró en Perú cuando decidió regresar, después de 30 años?
Creo que encontré, desde el punto de vista afectivo, que sí estaban mis amigos, muy deteriorado el país desde mi punto de vista, económico, etcétera, pero afecto encontré muchísimo, me convertí en una especie de persona que congregaba, ya no se veían como antes, fui una especie de lazo de unión que se convirtió y me dedicaba mucho tiempo a reunirlos, ellos decían: nosotros somos nosotros, cuando estás tú.

Entonces eso sí fue muy hermoso, pero claro en concreto con estertores de la dictadura de Alberto Fujimori, de ahí un ambiente podrido, inmoral, en un país horroroso, la gente que vivía ahí no apreciaba, no veía, la gente busca sobrevivir.
Vivía asqueado, indignado por los canallas que se habían vuelto todo, la televisión, el periódico, los regímenes, etcétera, no importaba nada la mentira, la calumnia, el insulto, nada, nada, nada; y la soberbia de Fujimori y el desorden de la ciudad, el que nada importaba ni nada valía, eso me asustó mucho.
A la inversa, ¿qué lo motivó a irse antes a Europa, especialmente a Francia?
El deseo de salir de mi medio ambiente, porque mi padre sobre todo, se opuso radicalmente a que yo pudiese ser escritor, entonces entendía esto bien, porque tenía un hijo mayor enfermo, retrasado mental, sufría por ese hijo, era su heredero, su hijo mayor, merecía todos los cuidados y se le dieron todos los amores.
A mi segundo hermano tampoco lo quería, era un holgazán, muy vago, no estudió, no terminó el colegio siquiera, entonces yo alumno, muchacho dócil, tenía buenas notas, etcétera, entonces todas las esperanzas las puso en mí y cuando me oyó decir que quería ser escritor, casi me mata.
El concepto lo teníam ser de la burguesía, pero ser escritor y claro, yo ya lo había observado y lo quería mucho y veía que era un hombre que deseaba el bien a la manera que él lo entendía, le di gusto, estudié Derecho, me gradué de abogado y cuando terminé todo eso, le di ese gusto y él me dejó irme, por mis propios medios, eso sí no me ayudó en nada, pero él quería que volviera y no volví hasta que no fui un escritor.
No lo volví a ver más, murió muy poco tiempo después viviendo fuera y mi madre que me había apoyado siempre, una gran lectora, incluso tuvo la valentía de ocultarme la enfermedad y la gravedad, hasta que me dijo Alfredo regresa se acaba de ir, entonces se va a sentir culpable, responsable y se va a hundir, tratando de ser lo que no es.
La única pena para mí fue que mi padre no llegó a verme en mi primer libro publicado, lo publiqué como Alfredo Bryce nada más, luego mi madre reclamó y me dijo, no puede ser, yo he sido la que te he apoyado, tienes que poner Echenique, entonces en el segundo libro me convertí en Alfredo Bryce Echenique, publiqué entonces mi primera novela que fue Un mundo para Julius.
¿No se ha arrepentido de ser escritor?
No, aunque no hubiese logrado escribir o publicar un libro, la literatura me ha dado tanto, no soy de esos escritores que se sienten acreedores, soy un eterno deudor, le debo tanto a todos los libros bellos que he leído, o sea, que realmente me siento pagado, muy bien pagado.
Gracias Maestro por los diálogos y la serie de aventuras de las que formamos parte y por haber estructurado una novela significativa para quien esto escribe: No me esperen en abril, 1995. Salud Maestro Alfredo seguro nos encontraremos de nueva cuenta en donde esté, mientras Dándole pena a la tristeza, 2012, allá nos vemos.

