De las novelas del Boom a la Generación del Crack, una charla con el ex árbitro Pedro Ángel Palou
Escritor de la Generación del Crack, pero también por seguir el ejemplo familiar. Ama al futbol, aunque a diferencia de su padre, quien presidió al Puebla, él únicamente fue árbitro y su hermano portero del equipo poblano, actualmente director Deportivo de Xolos de Tijuana. Se trata de Pedro Ángel Palou García. Esta fue mi plática con el ex rector de la Universidad de las Américas. Se aprecian sus brillantes respuestas y aclaraciones sobre su generación y el panorama de la crítica literaria:
¿Por qué le pusieron Generación del Crack al grupo que formó junto con Jorge Volpi e Ignacio Padilla?
Es muy curioso porque ha sido un nombre que ya se quedó, es un nombre que puso más bien la prensa, lo que nosotros inventamos o salimos un día, en 1994 a la luz, fue con un manifiesto que se llamaba Las novelas del crack, nunca nos llamamos a nosotros mismos generación.
Había cinco novelas que se parecían mucho y que nosotros decíamos que hacían crack, es decir que hacían una fisura en la tradición mexicana en vez de Boom, un juego onomatopéyico, en vez de una explosión era una crack, una fisura, ya es inevitable en todos lados lo dicen, la Generación del Crack como si hubiéramos bautizado a una edad completa y a los novelistas nacidos en los 60 y no estas cinco novelas que se parecían y que tenían muchas similitudes en el 94.
Entonces no fue en respuesta al Boom.
Claro, era más bien un juego decir esto no es el Boom, aquí no hay una revolución literaria en sí, sino hay una pequeña fisura, una pequeña ruptura con lo que se está haciendo ahora recientemente, pero no con la vieja tradición literaria, justamente lo que queríamos era emparentarnos con las grandes novelas del Boom.
Si uno lee el Manifiesto del Crack ahí se habla bien de las novelas totales, de las novelas que generan un universo, las novelas que a las que estamos acostumbrados a leer antes latinoamericanas, novelas justamente tipo Conversación en la Catedral o tipo Terra Nostra o tipo El obsceno pájaro de la noche de José Donoso.
Por cierto, leyó usted Terra Nostra.
Sí claro, dos veces ya.
¿Qué le pareció el personaje de la enana Barbarita?
A mi me encanta Terra Nostra porque es el Carlos Fuentes en la plenitud de su afición, capaz de jugar con todo, de lograr unas cosas ciertamente locas, carnavalescas, mezclando tiempos, entre el tiempo de Felipe II y como él siempre dijo los tiempos de México y construir una especie de lectura de las raíces comunes, incluido toda la árabe.
Los personajes de corte de los milagros, son interesantes, pero en general toda la novela me parece que es así, interesante.
Por lo que se ve dentro de esta Generación del Crack son autores exitosos.
Ha sido una labor de muchos años. Todos empezamos muy jóvenes y cada uno ha tenido una trayectoria distinta, es lo que he insistido mucho desde que empezó el Crack, uno es un grupo literario cuando empieza y otra cosa es lo que va siendo la trayectoria individual de cada uno de sus miembros.
Este es un grupo raro que no exige ni adhesión a una estética, ni a un tope, no es como el surrealismo que si no le hace caso a André Breton te expulsaban, en el Crack no puede haber expulsados porque no hay una estética necesariamente, tienes que escribir con estas características.
No es nada parecida por ejemplo estilísticamente la literatura de Nacho Padilla que la literatura de Jorge Volpi o la literatura de Eloy Urroz.
¿Cómo nació su vocación de escribir?
Muy joven. Soy de Puebla y ante el impacto de esa maravillosa biblioteca que es la Biblioteca Palafoxiana y de la directora, que era mi amiga desde que era muy niño y me ayudó muchísimo, me enseñó a apreciar la lectura, algo que no se hace mucho, pero que se hace en música, la apreciación musical estos profesores que te enseñan a oír.
Ella me enseñó a escuchar a Borges, me enseñó a escuchar la poesía mexicana y me abrió mi vocación literaria.
¿No fue por imitar a su padre?
No, mi padre es historiador. Más bien dije es curioso lo que pasa siempre con los adolescentes, dije que escribía literatura porque no era historiador como mi papá y terminé estudiando un doctorado en historia y escribiendo novelas históricas.
Nunca hay que decir en la adolescencia que uno no se quiere parecer a su papá.
¿A propósito del Boom qué novelas te inspiraron para ser escritor?
Es muy difícil, creo El otoño del Patriarca, la más redonda, la más completa, la literariamente más impecable no sólo de Gabriel García Márquez, de todo el grupo, pero puestos a elegir es difícil porque tienes por lo menos una de cada uno excepcional.
De Mario Vargas Llosa con qué te quedas La guerra del fin del mundo o Conversación en la Catedral, creo que con las dos y a la larga de Carlos Fuentes creo que la más importante novela en la historia que se leerá dentro de 300 años es La muerte de Artemio Cruz.
¿Y de Julio Cortázar?
De Cortázar los cuentos, no las novelas; curiosamente leí hace poco Rayuela para enseñarla en clase y hay muchas cosas de ahí que hoy suenan de época, en cambio los cuentos son intemporales, los cuentos de Cortázar son perfectos.
Sigo acordándome de frases enteras y de todos los episodios por ejemplo de Carta a la señorita en París, de Casa tomada o de Todos los fuegos el fuego, Las babas del diablo.
¿Hubo alguna disputa entre el Crack y el grupo de la Onda de José Agustín?
No, nunca, nos conocíamos algunos. Yo era, por ejemplo, de José Agustín, de René Avilés Fabila que él mismo dice que no es de la Onda pero todo el mundo los sabía juntos, hay que recordar que aunque ya no se habla mucho de él como parte de la Onda, uno de los más importantes es un poblano Juan Tovar amigo de mi padre, de mi familia y de mis primeros lectores.
Son literaturas muy distintas, pero entre el Boom y la Onda en México después hubo una generación que no tiene nombre que es de los nacidos entre en los 50, 54, 56 la generación de Carmen Boullosa, Hernán Lara Zavala, escribió muy distinto no es ni la Onda, no es esta revolución juvenil que nosotros vivimos como país, mucho antes que eso fuera una moda.
Chile necesitó a Alberto Fuguet, veinte tantos años después cae la dictadura, apenas su literatura de la Onda, nosotros la teníamos cuando había que tenerla, cuando el movimiento Literatura Beat todavía era vigente.
Nunca hubo una disputa y siempre nos llevamos bien y nos leemos respetuosamente.
También estaba Parménides García Saldaña.
Bueno claro, pero Parménides no sé si lo lean mucho, nunca he discutido. Es una pregunta interesante, nunca he discutido con mis compañeros de grupo el caso de Parménides ni otros escritores tal vez menores, no el autor de Pasto verde, pero pienso en Jesús Luis Benítez que se quedó escribiendo cuentos.
Tengo la gran ventaja de que a mí me forma literariamente Miguel Donoso Pareja y David Ojeda que son de esa generación; Miguel había venido de Ecuador y fue el creador de casi todos los talleres literarios de provincia que se hicieron en el país y David Ojeda fue uno de sus alumnos.
Ese mismo grupo donde estaba Roberto Bravo, Alberto Huerta quien escribió un libro muy de onda en ese momento que se llama Ojalá estuvieras aquí, fue Premio Nacional de Cuento, los leía todos, pero como parte de la educación sentimental de un joven que se forma con uno de ellos, con David Ojeda.
También estaba Luis Carrión.
Sí claro, tengo esa diferencia frente a mis otros compañeros del Crack que siempre fui de provincia por así decirlo, otro sector, la mayor parte de otros escritores ni siquiera fueron al DF, no pasaron por este aparente y necesario rito de iniciación de ir al centro, se quedaron a vivir, de hecho son los que han promovido casi toda las actividades culturales más importantes de Zacatecas, San Luis Potosí, Ensenada, en fin.
Es una grupo que hoy sigue vigente, una generación vigente en la promoción cultural del país y en el interior.
Creo que sí, este país es tremendamente centralista es una gran ventaja, cuando voy al DF me doy cuenta que el 90 por ciento de su tiempo lo gastan en greñas de café de tercero y cuarto nivel y en chismes intelectuales.
Al no pertenecer a un grupo necesariamente de poder que vino hacer provincia no tenemos que estar en contra o a favor, no pertenecemos a estas camarillas que se disputan, hasta como los perros, territorialmente el DF y que si están en la cantina La Guadalupana o van, que no existe, al que no asiste al Hijo del Cuervo, o van al café del Péndulo o al centro o se van a chupar a La nacional.
Tenemos esa gran ventaja, pero el hándicap nos pasa muchas veces es que si no nos va muy bien con un libro no te voltea nunca a ver otra vez una editorial comercial, pero parte de los escritores amigos míos, por ejemplo, siguen editando en editoriales estatales o universitarias.
Cuando publicaron algún libro en una editorial comercial por la propia lógica de que no viven en el DF, no vendió y se clausuraron el futuro ante las editoriales de este tipo, ese sí sería el gran hándicap.
Por cierto fue en Editorial Diana
Muchísimo. Por ejemplo. En la alcoba de un mundo, mi novela sobre Xavier Villaurrutia que incluso había sido finalista en Diana, fue rechazada en cinco editoriales. Era muy joven, vivía en provincia, no era conocido y a pesar de que tenía el dictamen de Juan José Arreola y de Carlos Montemayor, y el me ayudó muchísimo y fue quien llevó la novela al Fondo de Cultura Económica, fue José Emilio Pacheco, sin José Emilio esa novela nunca se hubiera publicado, por ese hándicap de estar en provincia.
Dicen que ni saben que detrás de un buen escritor o de un buen grupo de escritores hay siempre un crítico, no les faltó eso.
Creo que se acabó la generación de críticos, el último crítico importante para mi generación fue Christopher Domínguez quien siempre fue muy vehemente en su discusión del Crack, pero él dijo textualmente que a todos nos habían enseñado individualmente, pero que a partir de este momento como él no leía en paquete no criticaba en paquete.
Desde el lanzamiento del Crack no volví a ver una reseña de Christopher acerca de nosotros cuando había me había reseñado a mí, había reseñado a Volpi, a Padilla, no a todos con igual felicidad a algunos les daba muy duro.
El fue el último crítico literario cuando todavía en el suplemento cultural, la revista tenía un papel importante en la intermediación entre el lector y el libro, hoy en día eso no existe en México, no es que me falte a mí o a la Generación del Crack o a La nación nueva, un grupo que nació en los 80, el grupo de Heriberto Yepez, de Tryno Maldonado, les pasa lo que a todos nosotros se acabó la intermediación.
Es hoy la prensa, la entrevista directa del periodista, la sección de cultura y de boca en boca lo único que te acerca a los lectores, porque se terminó esto que llamo los mecanismos de intermediación entre el lector y el público.
Hoy en día aunque exista una reseña en Letras libres quién lee Letras libres y de qué sirve, no cambian tus lectores ni cambia la percepción que exista de tu novela.
Pensemos simplemente cuando aparece Pedro Páramo en 1956 la reseña de Alí Chumacero y la reseña de Ricardo Garibay afectan inicialmente la primera lectura y ninguno de los dos entendió el libro, decían que cómo era posible que los muertos hablaran, que era una mala novela.
Todavía en ese momento esas reseñas importaban, había muchos menos lectores y no había todo el proceso de mercado que tienen hoy las editoriales, esas reseñas afectaban mucho a tu posible relectura, pero para votar no, el convertirse en el gran clásico que es precisamente por malas reseñas.
No se extraña entonces a un buen crítico
En México al único crítico que extrañamos en serio, en serio es a Emmanuel Carballo, al primer Emmanuel, después se convirtió en un personaje muy raro, te lo digo sin empacho, es resentido del medio cultural, un hombre muy amargo, pero era un gran lector, era el mejor lector de literatura mexicana que había en ese momento.
Los otros críticos mexicanos que han sido importantes todos han sido más bien y han sido muy buenos en eso, divulgadores o recopiladores Luis Mario Schneider, José Luis Martínez no han tenido ese papel de ser los enjuiciadores de la generación a la que pertenecen como era Emmanuel Carballo.
No tuvimos a un Ángel Rama y no tuvimos a un Emir Rodríguez Monegal, pero además por un fenómeno que siempre digo y que no le gusta a la gente que se diga, porque aquí estaba Octavio Paz y un crítico de esos a Octavio Paz lo hubiera acabado, lo hubiera expulsado del país, hubiera expulsado del país, hubiera conseguido como Jorge Aguilar Mora que se hubiera ido.
Aquí tuvimos a un cacique cultural durante muchos años que impidió que ocurriera eso, claro era un gran escritor, pero un cacique cultural operaba desde el poder e impedía que hubiera cualquier crítico medianamente independientemente, a eso se debe a que no hubiéramos tenido un Ángel Rama.
¿En este 2020 hay exceso de escritores y escasez de lectores?
No sé, hay exceso de libros más que de escritores, porque no todos los que escriben libros son escritores, pero eso es en todo el mundo.
La estadística, por ejemplo, en inglés es impresionante, este año en 2020 se editaron en inglés 600 mil títulos distintos, qué hay importante, cómo sacar un libro bueno de 600 mil, cómo puede encontrar un lector en la paja el libro o la novela es dificilísimo.
Hablamos de poco más de medio millón de libros distintos en un año, no sé cuántos libros se hayan editado en México pero pensemos que fueran 50 mil títulos distintos, con que fueran poco menos del 10 por ciento de lo que se edita en inglés, ya también le cuesta mucho trabajo a un lector encontrar entre la paja un libro importante.
No creo que haya pocos lectores, estoy más convencido que es un mito construido, en México hay lectores, lo que pasa es que el libro es caro, para el lector común y corriente con el poder adquisitivo de México.
Siempre decimos por qué los norteamericanos leen tanto, no sé tampoco estoy tan seguro que lean tanto, leen mucha basura, un libro vale 12 dólares frente al poder adquisitivo de ellos un libro entre 12 y 20 dólares es asequible, para un mexicano un libro de 189, 220, 240 pesos es impensable.
Hemos discutido mucho, lo tiene muy estudiado cuando al interior hay mucha circulación del mismo ejemplar en México por ejemplo, no sabemos cuántos lectores tuvo una edición de 50 mil ejemplares que vendió muchísimo, porque esos 50 mil a lo mejor lo leyeron de perdida 150 mil personas, un poco como el libro vaquero.
La novela le pasa lo mismo, la lee la mamá, el tío, hay mucha circulación del libro porque el libro sigue siendo un objeto de difícil acceso por el costo.
¿Los que chatean ahora, podrán ser escritores?
Hay una larga discusión, le llaman incluso Cristina Rivera Garza le escribiendo cosas que le llaman twitt literatura, literatura que no tenga más de determinadas sílabas como el twitter, determinados caracteres.
Difícilmente eso va a ser literatura, hay una novela que se llama Julieta Desnuda, Juliet Naked de Nick Homby que estaba basada, casi toda está construida a partir de email, chats, pero están convertidos en literatura dentro de un libro, están usados como un recurso narrativo, como lo hubiera hecho James Joyce en su momento con los periódicos de los años 20.
No es más que una reelaboración de un género de comunicación, pero el email percepos no, porque lo que es una enorme pobreza lingüística y una enorme pobreza conceptual.
Hábleme un poco de Pedro Angel Palou, el árbitro.
Hace muchos años ya no arbitreo desde que me dieron un botellazo en el torneo de los barrios en México, todavía arbitreo un poco futbol rápido porque era menos peligroso, es apasionante el futbol y vengo de una familia en donde éste siempre fue importante.
Un portero profesional en la familia, mi padre presidente del equipo de futbol Puebla, pero la única manera de pertenecer era hacer algo relacionado con el futbol y desde muy chico mi padre como vio que no tenía ninguna aptitud, me llevó las reglas de Pedro Escartín me dijo apréndetelas por lo menos para que hagas algo bueno en tu vida.
Después estudié para árbitro y arbitre con mucha pasión porque es una manera de ver el juego, mis hermanos por ejemplo no toleran verme en un juego, porque veo el juego distinto, lo veo como árbitro y es una cara profesional, casi, casi estoy corriendo en la televisión o en el estadio, pero es apasionante.
Es una manera distinta de ver el futbol que ya no te quitas nunca, pobre de mi mamá porque tuvo a los dos peores posibilidades de hijos relacionados con el futbol, un portero que siempre tiene la culpa y un árbitro que siempre hay que mentarle la madre.
Sobre todo sordo para no oír el estadio, me tocó por ejemplo lo que ahora es primera A, se llamaba Segunda División, un Cruz Azul-Puebla en el Estadio Cuauhtémoc y se siente distinto ver un partido nocturno con luces y te decían tómate unos dulces porque se te va a secar la boca, el silbato y los gritos.
En segundo no escuchas, porque te pones más nervioso como árbitro, en un momento así sí intentas responder a lo que te están gritando, ciego, nazareno, tienes que ser cuidadoso, es una caja de resonancia, se oye todo lo que te dicen todo.
El único que sí protestaba, pero con una sonrisa era Arturo Yamasaki.
Pero Yamasaki era un genio, bueno Mario Rubio y el peruano para mí han sido los dos más grandes árbitros de México, después vino una generación de técnicos del arbitraje, como Edgardo Codesal y Arturo Brizio, pero con la personalidad de estos dos, creo que ninguno.
El árbitro tiene que tener mucha personalidad, pero luego tiene que ser invisible y Yamasaki tenía esa habilidad, más que Mario Rubio todavía.
Después tuvimos una generación de árbitros muy protagónicos como Bonifacio Núñez Vega a la cabeza, árbitros que querían ser protagonistas de un juego y que le mentaban, me acuerdo ahora que hay micrófonos, ya no lo podrían hacer, pero se la pasaba insultado a los jugadores todo el juego y te voy a… cabrón, quién sabe qué.
El árbitro jugando un juego que no tiene que hacer, aún así todos los años que estuvo ahí y que llegó a arbitrear, que un tipo así arbitree finales es inconcebible.
Bueno es que el arbitraje, lo vimos ahora en el mundial, el arbitraje está en un momento de crisis tremendo porque las reglas del futbol están en un momento de crisis, creo que la FIFA va a tener que encarar más temprano que tarde y va a tener que modernizarse.
El árbitro contemporáneo para ser respetado va a tener que usar elementos de la tecnología como el futbol americano, como el tenis donde las bolas tienen un sensor y en el Abierto de Londres es incontrovertible que la pelota sale fuera.
Sobre todo para ciertas escenas, momentos difíciles como los que vimos en el Mundial, goles que entraron o que no entraron, outside que cambian toda la historia, el árbitro va a tener que, como en el básquet va a tener que haber mesa y la mesa va a tener que decirle al árbitro, perdón pero vamos a repetir la escena y el árbitro central decide la jugada.
Ahora hábleme un poco de Pedro Angel Palou el rector de la Universidad de las Américas.
Fue un momento difícil de la propia universidad, estábamos redefiniendo, nos tocó redefinir muchos de los aspectos con los que se administra una Universidad privada, hay que pensar que la UDLA tiene algunos características particulares, el primero no tiene un patrimonio como las universidades privadas norteamericanas, vive de su matrícula y de los donativos que consigue el rector y el grupo del rector en ese momento para llegar a tener tablas.
Recibí la universidad con una deuda fuerte y había que equilibrarla porque el 60 por ciento de los alumnos de la UDLA tienen algún tipo de beca y se sostienen un poco con el 40 por ciento de los que siempre pagan y con los porcentajes de beca.
Además es la única universidad privada que hace investigación que tiene muchos profesores, que tiene artes, ciencias que no dejan dinero, pero son rentables como para instituciones como el Tecnológico de Monterrey.
Entonces cómo hacer una universidad, seguir haciendo ese garbanzo de a libra que es para la educación privada mexicana, la UDLA pero dejarla equilibrada económicamente, fue una aventura interesante que me sirvió mucho como persona, me hizo crecer, pero me tocó administrar la universidad es un momento muy difícil de su propia estabilidad económica.
El trabajo fue lo suficientemente bueno como para que hoy se estén cosechando los frutos de una matrícula más estable y ya sin tanto conflicto anual económico, aunque sigue habiendo un déficit, una universidad de ese tipo siempre va a ser difícil.

