De lectura y escritura
El pensamiento es el habla en silencio.
Vigostky
¿Por qué leemos y escribimos? Estos dos procesos de conocimiento, enseñanza y aprendizaje, son necesarios en las formas de percibir el mundo. No sólo se lee por leer, se leen las diversas formas de vida.
Nos leemos a nosotros mismos, nos leemos en los otros y con los otros. La escritura, hermanada con la lectura, hace comparsa perfecta para el vaivén de los sentires del ser humano.
Pensar que los literatos nacen con un talento para escribir, es una ingenua idea. La escritura como tal, es un transcurso complejo y complicado que nos lleva a procesos de conocimiento de diferente índole que se han desarrollado durante nuestra vida escolar, académica, intelectual y de historia personal. Además de considerar que los contextos de cada individuo determinan su mundo referencial diferente para dar un arrojo de la expresión del lenguaje distinto de un sujeto a otro.
Razonar estos conocimientos y contextos permite que los sujetos tengan expresiones únicas en su lenguaje que lo hacen indivisible en su forma de percibir el mundo y expresarlo de forma oral y escrita.
Para que una persona escriba –exprese su lenguaje interiorizado[1]—en el papel requiere de varias condiciones. Cuando los niños ingresan a la instrucción primaria, no se imaginan cuánto cambiará su vida a través de los conocimientos que se adquirirán en la escuela básica. Dentro de ese nuevo mundo institucional se dan una gran variedad de métodos para enseñar a leer y escribir. La ilusión por ingresar a la escuela trae consigo una serie de emociones encontradas que se viven en ese momento de manera única dada la personalidad, contexto, ambiente de crecimiento e historia personal de cada alumno.
Conocer a los aspirantes que desean ser maestros inicia con una serie de actividades que nos permiten –como maestro frente a grupo– aplicar dinámicas de integración que nos concedan identificar sus intereses, sus habilidades, su perfil profesional, su personalidad, vocación, ética y parte de su historia personal. Todo esto con el objetivo de precisar por un lado sus inclinaciones docentes, y por otro asomarnos a esas habilidades que les permitan el ingreso a las Escuelas Formadoras de Docentes.
En este ciclo escolar, trabajando con los alumnos del curso propedéutico que los pudiera conducir a las diferentes licenciaturas que ofrece el Plan de Estudios de la Escuela Normal, se aplicaron algunas de las estrategias de integración con el fin de plantearles: ¿Quién recordaba cómo se iniciaron a leer y a escribir? ¿Quién recordaba el momento exacto en que articuló su primera sílaba o la primera palabra escrita? ¿Quién tenía remembranza del momento preciso de saber que ya leía o escribía?
Este tipo de preguntas, les implicó un trabajo de memoria que no tenían contemplado. La memoria juega selectivamente sobre lo que recordamos. En nuestras evocaciones aparecen los sucesos más inmediatos o más significativos y los extraemos con más facilidad que los que no.
En esta ocasión, remitirse al momento en que se iniciaron en la lecto-escritura les costó trabajo dado que de manera consciente no se tenía el recuerdo inmediato. Retomar desde sus inicios de escolaridad hasta este momento profesional los llevó a considerar a los maestros que trascendieron en esta labor tomando conciencia de lo que ha implicado este conocimiento en su historia educativa personal además del aprendizaje adquirido que determinó el resto de su experiencia de su vida personal y profesional.
[1] Vigostky admite la existencia de un pensamiento previo e independiente del lenguaje pero a partir de determinado momento de desarrollo, el lenguaje se funde con el pensamiento.

