DE PÍCAROS A CÍNICOS

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En estos días sólo puede ser optimista un gran cínico. Milan Kundera

 

En aquellos tiempos en que el priismo dominaba la política en México, era muy socorrida la frase en la filosofía de la picaresca de la Dictadura PerfectaDios perdona el pecado, pero no el escándalo; ahora, en pleno siglo XXI, en las horas más oscuras de la política mexicana, la de la Dictadura Imperfecta de Morena, con su partido de un solo hombre y su cinismo patológico, dicha frase ha sido simplificada como todas las asignaciones por concurso simplificado de obras y servicios contratados por el gobierno, lo de hoy es: El Dios soy yo.

 

Actitud que nos hace recordar a otro locuaz apodado El Rey Sol (Le Roi Soleil). Este apodo refleja la idea de que, al igual que el sol es el centro del sistema solar, Luis XIV era el centro y la fuente de todo poder en su reino. Este monarca es recordado por su largo reinado y su papel en el fortalecimiento del absolutismo en Francia.

 

Pero regresemos a los pícaros, cínicos e hipócritas que nutren a fauna nociva de políticos. El pícaro es un cínico sin máscara, sin reparos quizá, pero que siempre lleva su bajeza moral muy de frente, sin pudor, con ingenio, orgulloso de su condición de tramposo y a mucha honra. Por contra, el cínico es un pícaro sin gracia, sin estilo, un malo que va de bueno, un bluf, un lobo hambriento de poder con piel de oveja, alguien a quién es mejor tener lejos porque representa lo peor que somos.

Por mucho que el pícaro sea un tipo  que camina entre el bien y el mal, nunca será tan indecente como el cínico. Además, se suma para aderezar estos dos grupos, el hipócrita; creo que no haría falta describirlo, diario aparece todas las mañanas igual que El Rey Sol.

Inconmesurable desgracia para los mexicanos que transitamos de un país de pícaros para ser uno de cínicos e hipócritas. México, no lo merece.

Dice la Real Academia Española que el cínico es una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas.

La ideología es la excusa del cínico, la calle la del pícaro. El cínico descalifica y hace malabares con el pasado y el futuro, el pícaro escucha y es creativo. El cínico es cobarde, el pícaro valiente. El cínico no te sostiene la mirada, el pícaro disimula.

El cinismo ideológico, más que una postura es una forma de ser, una carencia en la que la narrativa se posiciona por encima de los hechos y que no conoce límites de inmundicia, abusa de la hipocresía. Ofende la inteligencia y el sentido común de los ciudadanos.

Cabe recordar al maestro Maquiavelo: Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.

Ante el bombardeo inmisericorde de información a través de las redes sociales, cada día es más difícil para un ciudadano, separar la verdad de la mentira. El cínico cabalga a sus anchas, al modo de Atila, sepultando la verdad para que no renazca el verde de la esperanza, de la unidad y de la libertad.

Los pícaros, conocidos por su astucia e ingenio, podrían sentirse más cómodos en sistemas democráticos que valoran la libertad de expresión y el debate. La democracia ofrece un entorno más abierto y flexible, lo que puede ser terreno propicio para el carácter adaptable y creativo del pícaro.

Por otro lado, los cínicos, que a menudo desconfían de las intenciones humanas y son escépticos de la moralidad, podrían encontrar que los sistemas totalitarios reflejan su visión del mundo, donde la desconfianza y el control son predominantes.

Vienen a mi mente algunos políticos pícaros, como el italiano Silvio Berlusconi, a quien se le recuerda por su carisma y habilidad para navegar en la política italiana a pesar de múltiples escándalos.

El inglés Boris Johnson, despeinado, combinando carisma, humor y una tendencia a desafiar las convenciones políticas.

En el bando de los cínicos sobresalen, Richard Nixon, con su sello por el escándalo de Watergate y su pragmatismo. José Stalin, con su despiadada consolidación y mantenimiento del poder, así como su enfoque pragmático y a menudo brutal hacia la política, podrían ser vistos como cínicos e hipócritas.

¿Sabe usted de alguno para agregar a la lista?