Dedico el premio a mi madre Mireya Bravo y viajaré y ayudaré a nuevos poetas: Huerta

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Segunda y última parte

A pesar de que su padre, David Huerta es una gloria nacional, así lo califica él mismo, David Huerta dedicó el Premio Fil de Lenguas Romances a su señora madre Mireya Bravo, persona menos conocida que su padre, pero precursora del trabajo social en nuestro país.

Le pregunto al poeta:

¿Cuándo recibió el premio, que se le vino a la cabeza, el nombre de su padre Efraín Huerta y a quién dedica su premio?

Empiezo con lo segundo. Tengo 70 años, entonces voy a tratar de vivir con cierto gusto por comprarme ciertas cosas, bueno qué puedo decirte, hacer algunos viajes desde luego, probablemente ayudar a gente que lo necesita en una forma que todavía no decido.

Me parece que estaría bien apoyar a los poetas jóvenes, pero vale la pena apoyar a quienes estudian la poesía, muchos de ellos son poetas, quiero decir que el género ensayo sobre poesía o libros sobre poesía, es algo que está un poco descuidado.

Quiero hacer algo en ese terreno, pero todavía no lo tengo bien definido, lo sabrán oportunamente, me gustaría hablar con la gente de la Secretaría de Cultura para ello.

Desde luego pensé en mi padre, lo mencioné -el sonriente y trágico-, como lo recuerdo y también a mi madre, mis padres se divorciaron cuando yo era un niño y es natural que la gente mencione a mi padre porque es una figura llamativa, es un poeta, es una gloria nacional, Efraín Huerta.

Mi madre es muchísimo menos conocida, fuera del ámbito amistoso-familiar es una figura meritoria y es muchísimo más decisivo en información en la parte sustanciosa que mi propio padre, se llamaba Mireya Bravo y fue precursora de lo que conocemos como el Trabajo Social en México.

Trabajó con mujeres pobres, del ex agrario urbano, en las cárceles y fue la protagonista, eso lo sabe muy bien Sergio Ugalde papá, de una de las obras juveniles de mi padre, ya no tanto Los hombres y el alba, allí está la figura de Andrea de plata que era su nombre poético.

Mi hermana mayor se llama Andrea, por eso el nombre poético que le daba mi padre. Entonces está muy presente también mi madre; mis padres, ya no quise ocuparme de mis hermanas y esto por qué, tengo que aclarar una cosa, no sé si me lo permites, acerca del discurso.

Lo más conveniente nos pareció que yo leyera las nueve cuartillas que leí y no las 15 ó 16 que había preparado originalmente, pero oportunamente la versión larga, estará en circulación en algún medio impreso.

Por lo pronto el suplemento cultural del periódico El Universal, cosa de la que avisé a la feria, lo va a reproducir, no el texto que leí, sino íntegro más largo aunque a la hora de editarlo, en acuerdo con José María Zúñiga, Erandi Barbosa, el texto que quedó se menciona todo lo que está con cierto pormenor en el discurso hablado.

Entonces hay una versión larga que es la que todavía no conocemos y la versión abreviada, que yo sepa se publicará en Confabulario en el suplemento de El Universal.

En Guadalajara hay un grupo muy fuerte de poetas independientes que tratan de hacer su propio trabajo, ¿qué mensaje les da para que ellos trabajen y puedan llegar a donde está usted ahora?

Pues que escriban y lean mucho, escribir bien en cualquier terreno es algo que no ocurre así nomás, detrás de un buen escritor siempre hay un buen lector.

Un lector ávido, curioso, que tiene lecturas de todo tipo a veces un poco desordenado, por eso mismo, pero mi recomendación es esa, que lean, que no dejen de discutir, de pensar en voz alta al lado de sus compañeros, que hablen, que se miren a los ojos, que salgan a la calle, que no se interesen nada más en la poesía, porque yo he llegado a decir que si exagero conocemos algunos.

A mí nada más me interesa la poesía y yo nada más leo poesía, pues esos que se interesan exclusivamente en la poesía, desde mi punto de vista no están interesados ni siquiera en la poesía, ahí está el mundo, el periódico están los hechos, el deporte, lo que pasa en la calle, las cosas que uno escucha en la calle, todo eso, el mundo es el gran maestro, hay que escucharlo, verlo, tocarlo, olerlo, saborearlo acercar como decía el maestro José Lezama Lima, acercarse a las cosas por apetito y alejarse de ellas por repugnancia.

El premio FIL es otorgado a una trayectoria no a una obra, entonces ¿de todas sus obras, cuál es su favorita?

Hay una respuesta de cajón a esa pregunta. Ese libro que todavía no he escrito, es el libro favorito, el libro que siempre imagino que podré escribir, que no he podido escribirlo.

Mira hay un libro que mencionaban en el acta del fallo que se llama Incurable, que apareció en 1987, menciono la fecha porque me pone un poquito incómodo que lo que les di a conocer hace 32 años sea lo que esté en el candelero, porque después he escrito mucho y me importa lo que he escrito después.

Por fortuna en el Acta del jurado se menciona un libro reciente que se llama El ovillo y la brisa, está en el Ediciones Era y hay otros libros que no son de poesía, pero que se ocupan de poesía, uno que aparecerá próximamente ya no hubo manera que estuviera para la FIL que se llama Las hojas, se subtitula Sobre poesía en la Editorial Catari, que mencioné en mi discurso.

Tomás Granados Salinas, acogió una columna que publiqué en el boletín bibliográfico Hoja por hoja con algunos ensayitos y reseñas más largas en un libro precioso que se llama Correo del otro mundo.

Entonces todo el ruido que ha habido en torno al premio ha tenido este resultado fabuloso para mí, se van a publicar cinco libros en serie, de los cuales han salido ya dos, un material de lectura en la Universidad Nacional Autónoma de México, El correo del otro mundo, el libro El cristal en la playa de Ediciones Era.

Un libro que muero de curiosidad por ver, que se llama Entre la gente de la feria Filito, que es un libro antológico muy bien presentado y que circula gratuitamente.

Se hace un gran tiraje de varios miles de ejemplares y circula gratuitamente entre los visitantes a la feria, entonces también está el Filito y el libro que mencioné al principio Las hojas, son cinco publicaciones, algo asombroso casi no lo puedo creer.

Antes del 30 de agosto me hacían un poquito de caso y después bueno ya no se puede, quiero contarles algo acá ya que estamos en confianza. Acababa de comer con unos amigos editores de Querétaro, Federico de la Vega y Diana Rodríguez fue una conversación muy bonita en un lugar que conocemos que es El Cluny de San Ángel, es un restaurante muy bonito y se come muy sabroso que es lo importante.

Despedí a Federico de la Vega y a Diana Rodríguez, se fueron a Querétaro de regreso, me quedé como decimos coloquialmente, como un perro sin mecate, no sabía dónde iba ir después a quién estaría bien quitarle el tiempo, a qué café asistir para leer un poquito el libro que traía en mi bolsa y me fui a caminar por la avenida Insurgentes como un pavo, cosa que nunca he dejado de ser en el fondo.

No sabía qué hacer, es decir tenía que matar las próximas dos o tres horas y en ese momento recibí la llamada de Dulce María, entonces el mundo dio un vuelco, tuve que decidir en ese momento ir a ver a mi mujer a su estudio y contarle la noticia que apenas me la creía tenía que contárselo.

Después de que Dulce María me lo dijo, tuve que ir a decírselo a Verónica para que tuviera un poco de realidad una vez puesto en los oídos de otra persona, fue una tarde muy bonita, maravillosa una de las mejores tardes de mi vida y se lo debo a esta mujer que está sentada aquí, nuestra querida Dulce María Zúñiga.

Dulce María: Le agradezco al jurado por esta decisión absolutamente meritoria que nos ha traído a David Huerta sus palabras, su presencia, sus obras ahora con estas reediciones que vamos a tener o algunos nuevos, ya también ardo por conocer el Filito, porque está muy bien hecho.

En el dictamen mencionaban que con este premio evidentemente que es para ti, pero que también se reconocía una generación y tu asentías muy gustoso, contento. Me gustaría que hablaras justo de cómo recibes esta idea de esta premiación pensando en la fraternidad que señalabas.

Si es realmente extraordinario que lo haya dicho el jurado y que lo haya puesto ahí. No porque sea una de esas cosas que hay que poner, sino que tengo la mismísima sensación de que lo pusieron ahí  convencidos que el premio tenía ese sentido y el hecho de otorgarlo, iba por ahí.

No sería nadie; no habría escrito lo que he escrito sin mis compañeros, muchos de los cuales ya no están aquí por ejemplo Antonio del ToroElsa Cross que mencioné en el discurso Coral Bracho, algunos que ya no están.

Mencioné a Francisco Segovia que es más joven que yo, además es hijo de un poeta que recibió el premio FIL hace algunos años, Tomás Segovia.

Hay una comunidad que a mí me parece extraordinaria, será porque los quiero mucho, pero cuando me alejo y tomo un poco de distancia me doy cuenta que son unos talentos bárbaros, extraordinarios.

Mencioné algunos poetas de América Latina, pude haber mencionado más Raúl Zurita, el gran poeta visionario de Chile; Néstor Perlongher que ya se nos fue hace algunos años, escritor contemporáneo nacido en Argentina y radicado en Brasil.

Sí hay una generación que a veces digo en broma que hay poetas muy jóvenes y que soy el miembro más viejo de ella, nadie me lo compra ese hecho.

Me gustó que se dijera eso en el acta del fallo del jurado y lo celebro y me uno a esa convención, porque estoy convencido no porque lo diga el jurado del premio FIL, sino porque siempre lo he pensado así.

Víctor Cabrera que mencioné, editor de la Universidad; Jorge Ortega de Mexicali, tantos otros poetas, Luis Cortés Bargalló de Tijuana, muchos poetas del norte, del centro, del sureste, de todos lados.

Mi maestro mucho mayor que yo, le hacia la broma, soy el más joven de tu generación, Juan Bañuelos quien fue el primer maestro mío, en un taller de poesía.