Desarrollo profesional y ético del universitario

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“La ética no es más que el intento racional de averiguar cómo vivir mejor”

Fernando Savater

 

Es la Universidad cuna del conocimiento, forjadora de grandes valores universales, paraninfo de la idea y cause del pensamiento. En los tiempos aciagos que vive la patria, el conocimiento es pilar de crecimiento y desarrollo, por tanto; hablar de redimir a la patria es necesariamente hablar de los postulados universitarios.

 

Como un binomio que se entreteje en armonía, como una luz que centella en el pensamiento universal; la educación cobija a la sociedad, estas dos palabras: educación y sociedad, definen la fuerza que rige a una Nación. Ahí, en su formulación prototipo, la Universidad ha sido concebida como un remanso que ayuda a saciar la necesidad social, pues es la constante de atención a los grandes problemas que aquejan a la sociedad; una visión objetiva de esta realidad nos permite entender que solo al amparo de la educación, el hombre es realmente libre.

 

Por eso, en la anchura de su extensión territorial, pero sobre todo, en su extensión filosófica (que cual árbol extiende sus ramas para cobijar a sus hijos); la Universidad tiene entre sus grandes responsabilidades: la de formar la mente lucida de su alumnado, transmitiendo el conocimiento que nos ha sido heredado por generaciones, el que hemos adquirido en nuestro paso por el mundo y el que se va desarrollando con la construcción de nuestro pensamiento y que mira hacia el futuro; capacitar mediante la implementación de habilidades y actitudes a los jóvenes estudiantes para que puedan aplicar de una manera más oportuna y eficaz el conocimiento en favor de la sociedad.

 

Existe sin duda, un postulado que define la misión y visión de las Universidades púbicas, este derrotero es: humanizar el conocimiento surgido de los dogmas religiosos y los principios liberales; es el humanismo la fuente que alberga los ideales de una sociedad más justa, más equitativa y menos discriminatoria. El humanismo ha distinguido la educación universitaria pues; pletórico de conocimiento, el ser humano no sería nada sino se reviste de su humanidad y hace más asequible la vida de la sociedad que le rodea, reafirmado en postulados modernos que el humanismo universal le otorga la dignidad al humano en todas sus potencias, y que es esto lo verdaderamente le permite existir en plenitud y armonizarse con su entorno.

 

Por eso, entendemos que a raíz de la formación universitaria los estudiantes y egresados aspiramos a un desarrollo profesional exitoso, entendido este como una fase de crecimiento personal que tiene su raíz en los deseos de superación personal o autosuperación que se manifiestan en el individuo, con la firme intención de alcanzar nuestros objetivos. Durante la etapa de la vida universitaria se inicia la formación del futuro profesional, inculcándose conocimientos, habilidades y actitudes para después concebirse en el epicentro de la humanidad, así se da un sentido de pertenencia y se genera la oportunidad de edificar un mundo mejor para él universitario y la gente que lo rodea.

 

Entendámoslo así: toda actividad humana surgida a raíz de la formación profesional universitaria nos debe llevar a generar un beneficio social, a que nuestras palabras y acciones tengan el impacto positivo que revitalice las aspiraciones humanas de procurar el bien común y vivir en armonía; por muy idealista que llegue a leerse este comentario, es en esencia una aspiración humana que ha recorrido generaciones y sigue sin encontrar el cause que pretende.

 

Ante este postulado, es necesario concebir que nuestra forma de entender la vida puede no ser la misma que la del ser humano que tenemos a lado; pero eso no implica que no se aspire a alcanzar el bien, a procurar la armonía y a visibilizar las necesidades sociales; esto solo representa la concepción particular que -de la humanidad- tiene cada ser humano, la cual debe ser armonizada en vísperas de alcanzar un bienestar superior.

 

Es necesario en este análisis, concientizarnos que dentro de la formación de los profesionistas de diversas materias, se deben cambiar los paradigmas que nos hemos auto impuesto como modelo a seguir; se ha estereotipado nuestra conducta, creyendo en los modelos donde se perfilaba a los profesionistas para servirse de la sociedad, para subsistir por la fuerza de su preparación aún en contra de los intereses colectivos, toda ciencia está al servicio de la humanidad y no al revés; debemos tener muy claro que buscamos hacer de la educación un puente de ayuda para las necesidades sociales, no debemos servirnos de la sociedad sino cernirnos a favor de ella, debemos aportar lo mejor de nosotros en favor del beneficio colectivo. Generando reciprocidad, la nación mexicana tiene aún esperanza.

 

El nuevo modelo educativo nos permite identificar de manera distinta a la convencional, la forma en como nos preparamos académicamente; y en ese andar, hemos coincidido en que se deben generar vínculos de formación académica y de formación profesional, procurando el establecimiento de metas que en lo personal nos lleven a potencializar lo que somos y lo que podemos aportar a los demás, generando compromisos que a la larga serán respaldados por los hechos; los universitarios tienen bajo la crin de su pensamiento la dignificación de la educación, y para ello deben prepararse día a día, generando un actuar acorde a los tiempos convulsos que se viven, enseñoreando nuestra convicción, generando competencias útiles y profundizando en lo que realmente es efectivo para nuestro devenir.

 

Hoy más que nunca debemos recobrar el sentido de pertenencia universitaria, recordando que el mote de “universitario” no se desprende de nosotros al salir de un aula académica; sino que nos reviste con pulcritud durante toda nuestra vida y que eso es un compromiso permanente, debemos difundir los valores como piedra angular de nuestro actuar, haciendo énfasis en que la conducta de lo bueno (la ética) no es para unos cuantos; es para ciudadanos y gobernantes una virtud que debe distinguirnos y que no se limita a un rango de edad, sino que debe ser depositada como semilla en la conciencia nacional.

 

Repensemos el papel de la Universidad y del universitario, esa visión humanista y libertaria nos incita a creer en la universalidad del pensamiento que revolotea para darnos alas de libertad, pues categóricamente lo decimos: si la Universidad sustenta en sus valores la trascendencia de su historia y la magnificencia de su compromiso social, nosotros sabremos que los valores de la Universidad son universales.