+Desayuno mensual de exalumnos de la Secundaria 1 y Prepa López Mateos; Adultos Mayores, Por lo Regular, Son Despojados Por Sus Hijos
La frase:
Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una casa, procuro hacerla enseguida.
PABLO PICASSO
Como lo hacen cada sábado de fin de mes, desde hace 40 años, mis compañeros, ex alumnos integrantes de la generación 1961-63 de la Secundaria Número 1 Miguel Hidalgo y Costilla y de la preparatoria Adolfo López Mateos de la UAEMéx, celebraron, en esta ocasión, su desayuno en el restaurante Rinconada La Merced, evento al que asistieron:
Susana Ortiz, Francisco Javier Hernández Ocampo, Chelo Escalona y su esposo, Luis Ángel Sánchez Albarrán, Osvaldo Archundia, Isabel Salgado, Leonel Espinoza, Fernando Pacheco, Víctor Trujillo, Toña Cordera, Lilia Valle, Maricela Santana, abajo: Marbella Arcos y Carlos Chávez, Fernando Cárdenas, Flor Olvera Albíter, Sergio Carmona y Pilar Sánchez.
También acudieron Antonio Becerril y Cuca González Morán, aunque no salieron en la foto.
Entre la plática surgieron nombres de Catedráticos como Martha Brunet, Enrique Gómez Bravo, Alfredo Reyes y Fernando Aguilar Vilchis, mejor conocido como el Torito, entre otros, son vistos como un ejemplo de rectitud, honradez, sapiencia y que, gracias a su capacidad para dirigir a sus alumnos, es como se convirtieron en los profesores más recordados y hoy son sinónimo de orgullo y dedicación.
De gran personalidad, Flor Olvera Albíter, asegura que su estancia en esta secundaria fue una etapa importante en su vida porque ahí, transcurrieron los momentos más relevantes en su etapa de adolescente.
Flor Olvera Albíter, al igual que sus compañeros disfrutaron de una adolescencia llena de vivencias y de conocimientos que los han llevado a trascender hasta este momento que cumplen 55 años, donde la amistad, el cariño a sus amigos y a su escuela, le permitió festejar más de media década de logros.
Luis Alejandro Sánchez Albarrán, aseguró que a cincuenta y cinco años de haber egresado, es tiempo de que como personas adultas puedan compartir con los jóvenes sus experiencias, porque lamentablemente se ha demostrado que cuando se deja a la juventud hacer todo, se cometen muchos errores.
A lado de sus compañeros recuerda a profesores de la calidad del maestro Aguilar quien fue director, el maestro Mariano Cuevas, Rosita Sánchez, Martha Méndez Jáuregui, Enrique Gómez Bravo y Martha Brunet de Guzmán.
También se recordó a los compañeros que se nos han adelantado en el camino, como el doctor Jaime Trueba Reyes y recientemente Valente Manzo.
Adultos Mayores, Por lo Regular, Son Despojados Por Sus Hijos
De no creerse, pero se trata de lo común en la vida real. La historia nos la narra Dalila Sarabia, quien es colaboradora de WIRED en Español, licenciada en Comunicación por la FES Acatlán de la UNAM y cuenta con una maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas en el CIDE.
Esperaba todo menos pasar el final de mi vida como arrimado; el 61% de los despojos a personas adultas mayores los cometen sus hijos Horas después de despedir a su esposa, fallecida por cáncer, Alberto Alonzo fue despojado por su hija de la casa que construyó durante más de 50 años. A los 81 años, enfrenta un proceso judicial para recuperar su patrimonio y evitar pasar el final de su vida como “arrimado”.
Alberto Alonzo fue despojado por su hija de la casa que construyó durante más de 50 años. Horas después de la muerte de su esposa, Alberto Alonzo perdió también su hogar. Aquel 6 de octubre de 2023, a los 78 años, Alonzo desalojado de su casa por su propia hija. De un momento a otro, vio cómo el patrimonio que construyó con su compañera de vida —a quien acababa de despedir a causa del cáncer— era ocupado ilegalmente por su hija y yerno, que no dudaron en dejarlo en la calle.
Lo denunciaron por allanamiento ante autoridades del Estado de México. A su puerta llegaron elementos de la policía y fiscalía estatales para sacarlo de su propio hogar. Les mostré mis escrituras y les dije ‘pero cómo voy a estar invadiendo mi propia casa; aquí está mi biblioteca, aquí están mis escrituras’. Entonces me dijeron que fuéramos a la fiscalía y que ahí se arreglaba todo, cuenta Alberto Alonzo, ahora con 81 años, en entrevista con Animal Político.

Yo ingenuamente fui a la Fiscalía con mis escrituras para demostrar que yo soy el propietario de ese bien y que tengo con él 50 años… yo compré ese terreno y fui construyendo. Ahí hice mi casa, ahí vivieron mis hijos (…) O sea, caí en una trampa (…) uno de ellos (policía) hasta cortó cartucho, recordó doctor en matemáticas. Pero ninguna de las pruebas que presentó, evitó que terminara en los separos. Me quitaron todo y me pasaron a los calabozos que tienen ahí… no pude ni comunicarme con nadie. Mis hijos no sabían dónde estaba yo, narra.
El mayor de sus hijos, al enterarse de la situación y con apoyo de una abogada, logró poner a salvo a su papá, quien había permanecido incomunicado durante dos días. Ya en libertad, los problemas siguieron. Cuando regresé a mi casa ya estaban las puertas soldadas y las chapas cambiadas… ya no pude entrar, recuerda. Desde entonces, Alonzo va cada tanto a los juzgados para dar seguimiento al proceso jurídico con el que intenta recuperar su propiedad desde hace tres años. Sin embargo, tras ocho audiencias sigue sin haber avances. El profesor sospecha de una posible colusión entre las autoridades judiciales y su hija y yerno.
El pasado 27 de mayo, le llamaron la atención ciertas reacciones del juez hacia él. “Sí fue muy descarada la actitud del juez porque hasta me regañó a mí… No la vinculó a proceso y ahora hasta parece que yo soy el delincuente”, reclama.
Despojo y violencia contra adultos mayores. El caso de don Alberto Alonzo no es aislado. De acuerdo con datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, la violencia que sufren las personas mayores por parte de sus hijos es el fenómeno más recurrente que les lleva a hace buscar ayuda a través de la Línea Plateada y el Chat Nacional para Personas Mayores (55 5533 5533).
El 87% de los reportes recibidos entre 2024 y 2025 revela que la violencia contra este sector de la población ocurre dentro del hogar, siendo las hijas e hijos los principales agresores. “La violencia emocional es la más frecuente (62 %), aunque en muchos casos se combina con violencia física, patrimonial o sexual. El grupo que más reporta violencia corresponde a mujeres de entre 60 y 69 años”, informó la organización.
A este panorama de violencia, se suma la prevalencia de delitos patrimoniales, como el despojo de bienes —principalmente de viviendas—, tal como le pasó al señor Alberto. De acuerdo con cifras del Consejo Ciudadano, en el 61% de los casos los responsables del ilícito en perjuicio fueron sus familiares directos, es decir, sus hijos. Entre 2024 y 2025, las líneas de ayuda del Consejo Ciudadano —que atienden casos no solo de la capital del país sino a nivel nacional—, brindaron 2 mil 580 horas de terapia, en su mayoría a mujeres mayores que enfrentan depresión, ansiedad y conflictos familiares. Además, se realizaron más de 700 acompañamientos jurídicos, principalmente por violencia familiar, despojo o fraude.
Pensó que su hija entraría en razón. Eduardo Gómez, el abogado que lleva el caso de Alberto, explica que a pesar de que fue detenido y pasó dos días incomunicado en la fiscalía mexiquense, no levantó una denuncia por despojo contra su hija de forma inmediata.

Les aconsejé que teníamos que hacer la denuncia por despojo, pero el doctor no quiso porque en un primer momento dijo ‘no, seguramente va a entrar mi hija a razón’. No fue así. Pasaron meses y finalmente en febrero de 2024 iniciamos la denuncia, explica.
El día de los hechos —detalla el litigante—, los policías que fueron al domicilio de don Alberto lo acusaron del allanamiento de su propia vivienda, pero antes intentaron imputarle privación de la libertad en contra de una empleada doméstica que se encontraba ahí y que ayudaba a su hija con la limpieza, pero no lo lograron por falta de fundamentos. “Cuando presentamos la denuncia por despojo y algunos otros delitos, ya éramos víctimas, pero pasó mucho tiempo para que se pudiera resolver que no hubo privación de libertad y continuamos con la de despojo”, subrayó el abogado. “Obviamente están saturadísimos de trabajo tanto las fiscalías como los tribunales y más si no hay detenidos. Ahí hemos ido batallando de tal manera que el 18 de noviembre de 2025 fue la primera audiencia de este caso ante el juez de control”, agrega. Sin embargo, los avances son nulos porque se ha buscado retrasar el asunto lo más posible, incluso con tácticas básicas, como suspender la audiencia porque un abogado no se presentó. “Hay muchos casos que no se denuncian porque es muy difícil. De veras que nuestro sistema judicial —y discúlpenme la expresión— pero está putrefacto, afirma. Ni un libro, ni una foto, ni una muda cambia de ropa. Alberto perdió todo el día que su hija Yolanda —la segunda de tres hijos— decidió despojarlo de su casa.
Ese terreno en Toluca lo adquirió poco tiempo después de casarse, en 1966. Lo compró justo al lado de donde en ese entonces vivían su madre y su padre. En aquel tiempo trabajaba por las mañanas y por las tardes estudiaba en la Facultad de Ciencias de la UNAM donde terminó la carrera de Matemáticas. Después cursó la maestría y el doctorado en la misma materia. Su vida la dedicó a la docencia dando clases en primarias, secundarias y también como profesor normalista universitario. “Yo trabajé para darle carrera a mis hijos (…) Yolanda, la que me está despojando de la casa, estudió para ser médico”.
El profesor no solo vio por la educación de sus hijas e hijos, sino que también se preocupó por dividir su terreno en Toluca, que es muy grande, para que cada quien tuviera una parte específica que él les asignó. Sin importar lo anterior, su hija Yolanda decidió hacerse ilegalmente de toda la propiedad. De camino a su casa, tras el fallecimiento de su esposa, Alberto iba reflexivo pensando en cómo repartiría sus bienes. No le dio tiempo de más: fue en ese momento cuando llegaron los policías y lo detuvieron. “Han sido años difíciles porque todo esperaba menos pasar el final de mi vida —como se dice— de arrimado. Afortunadamente mis otros dos hijos me han tratado bien, pero no deja uno de ser arrimado”. De no creerse, pero es la vida real, ¿no le parece a usted, estimado lector?


