“DESDE LA MUERTE DE JAVIER HERAUD, NADA NOS IMPACTÓ MÁS QUE SU MUERTE…”
Ella siempre será ella, con un cigarrillo en los labios, un poncho largo hasta el suelo y unos lentes al estilo John Lennon. Ella, tan artista, tan impactante y disruptiva, tan capaz de autoproclamarse La muchacha mala de la historia. María Emilia Cornejo, poeta peruana, visionaría, una mujer que se adelantó a su época, que implantó su libertad en imágenes nunca antes vistas en la poesía de su país escrita por mujeres o, incluso por hombres. Parte de la generación del 70, la que, en plena dictadura militar, rompe con el estereotipo y la opresión de una sociedad, con una apertura al erotismo descarnado, honesto y natural. Marco Martos, quien fuera su maestro, nos dice: Lo que algunos sentimos es que desde la muerte de Javier Heraud nada nos impactó más que su muerte. Ella se atrevió a poner en el Perú, sobre negro y blanco, la situación de injusticia que vivieron las mujeres en su mayor parte, en cuanto a la relación con los hombres, lo dijo de un modo claro y rotundo, tanto así, que sus poemas se han vuelto emblemáticos.
Y sí, es que María Emilia Cornejo, le puso voz a las mujeres que no tienen voz, expresó en versos todo ese sentimiento, abriendo el camino a quienes continuaron por ese rumbo de la poesía peruana. Carmen Ollé con Noches de Adrenalina (1981) para que luego tomen la posta las poetas del ochenta, como Rocío Silva Santisteban, Mariela Dreyfus, Giovanna Pollarolo, y en otro ámbito Rossella Di Paolo y Magdalena Chocano.
Probablemente su paso leve nos haya dejado un enorme vacío, un eterno cuestionamiento de lo que su obra hubiese sido. Podría extender el discurso, sin duda podría añadir bastante más, pero prefiero dejarlo aquí. Porque se acerca el 8 de marzo, Día internacional de la Mujer. Porque su voz en el mundo es ineludible y está presente en cada una, y también en cada uno, porque quiero que la lean y sobre todo la recuerden, no por su trágica y corta vida, sino, más bien, por la calidad de su poesía…

María Emilia Cornejo
TRES POEMAS DE MARÍA EMILIA CORNEJO
SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
soy
la muchacha mala de la historia
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.
——————
me encontraste en la mitad de todos mis caminos
y avanzaste lentamente hasta inundar
todos los rincones de mi vida.
ahora,
soy la mujer que sigue
sigilosamente
tus pasos
la que aguarda en cada esquina tu llegada,
soy la mujer incondicional
que nada pide a cambio
la que siempre te recibe
y te abre las piernas sin chistar.
soy la mujer,
tu mujer,
que guarda tus más grandes recuerdos;
la que nunca olvidará tu nombre
soy la mujer que conservará como un tesoro
todos tus órganos
tu desesperada forma de amarme.
soy la mujer,
tu mujer,
y te amaré
hasta entregarte toda mi piel.
——————
me encontraste en la mitad de todos mis caminos
me tomaste de la mano
y yo te seguí ansiosamente,
ninguna cama nos aguardaba
sin embargo
cualquier lugar era apropiado
para juntar nuestras desdichas.
mis senos maduraron como dos frutos entre tus manos
y descubrí que el amor
no siempre necesita un lecho de rosas.
————— 🪶—————
María Emilia Cornejo. Poeta peruana, reconocida actualmente como una de las más influyentes de la Generación del 70. Nació en Lima, en 1949, junto a su gemela Ana María. Estudió en la Facultad de Letras, especialidad Literatura, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y participó del taller de poesía que dirigían Hildebrando Pérez Grande y Marco Martos. Es considerada la iniciadora de la poesía erótica femenina en el Perú. Todos sus poemas fueron publicados póstumamente en el libro En la mitad del camino recorrido (1989). María Emilia, poeta de la estirpe de los que se desangran en cada contacto con la palabra y sucumben al aire, dejó en sus poemas las líneas más hondas de su cuerpo y su sombra.

