Don Miguel Hidalgo y Costilla

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Del libro Letras hispanoamericanas en la época de la Independencia, publicado por SEP/UNAM en el año de 1982 en ciudad de México, en el mismo se dice que: Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753 en la Hacienda de Corralejo, Pénjamo (Guanajuato). Su infancia transcurrió en dicha hacienda y su vida de estudiante en Valladolid (hoy Morelia), en cuyo Colegio de San Nicolás no sólo recibió enseñanza, sino que también la impartió y llegó a ser rector de la institución. Todavía en esa ciudad se habla con orgullo del paso de don Miguel Hidalgo en dicha institución hoy universitaria. En la lectura que hago de la biografía del padre de la patria, escrita por Francisco Javier Luna, libro que lleva por título Miguel Hidalgo y Costilla Biografías Grandes Mexicanos, leo: Al oeste de Salamanca y al norte de Morelia, enclavada en los fértiles valles, entre las estribaciones montañosas características del lugar, está la villa de Pénjamo. Pintoresco poblado de casas bajas, blanqueadas en sus muros, en donde no falta la típica plaza central, con sus árboles, su kiosco y sus bancas, entre la iglesia y el ayuntamiento. El sitio significa lugar de los sabinos; el nombre en tarasco lo tomó de sus habitantes originales. Pénjamo es la población principal de los alrededores, cruce de caminos obligatorio en el siglo XVIII, entre la región de Chapala y la ciudad de Bajío. A ese lugar llegó, en 1743, un caballero de noble cuna, español según su fe de bautizo, pero nacido en Tejupilco, al sur-oeste de Toluca. Este caballero se llamaba Cristóbal Hidalgo y Costilla y, a pesar de venir enfundado en el atuendo del hombre de campo, con botas de cuero y un buen sombrero para el sol, se notaba a una legua que no era un hombre de esa condición.

 

Cuando se visita Tejupilco, lugar orgullosamente tierra de Pedro Ascencio de Alquisiras, pues en el Sur todos se sienten ligados a este guerrillero de la independencia, pero también lo hacen y hablan para señalar que el padre de Miguel Hidalgo nació en ese lugar. Cuenta Francisco Javier Luna en su libro que el nombre de la madre fue Ana María Gallaga Mandarte y Villaseñor, quien se casó en la iglesia de Pénjamo un verano caluroso. Estos datos para los tejupilquenses son oro molido, pues consideran que la cuna de Hidalgo está ahí en tierras del sur del estado de México. A los veinte años según cuentan las investigaciones biográficas, ya que en 1773 en ciudad de México recibió el grado de bachiller en teología y fue ordenado sacerdote en el año de 1778. Es importante saber que para esos años la orden de los Jesuitas ya había sido despedida de la Nueva España, esto en 1767, a sólo seis años de recibir el grado de bachiller. Pero cabe la pregunta de hasta dónde recibió él influencia de sabiduría relacionada con la Enciclopedia venida de Europa por las inquietudes que la Nueva España aporta en los estudios que se hacen de su vida dinámica. Jorge Alberto Manrique cuenta en el capítulo V. El virreinato de Nueva España en el siglo XVII de la presencia de las artes en la capital de este extenso territorio del altiplano, cita el comportamiento de la sociedad, la política y la iglesia, la iglesia y la inquisición: tema éste que no debemos menospreciar pues tiene que ver con la dificultad que tuvo en su vida Sor Juana Inés de la Cruz al escribir una obra plena de laicismo derivado de sus estudios, pero también de la observación que hizo de cómo vivían los indios de su tierra, las mujeres, la falta de educación en ellas, y tantas desigualdades más que vio. Vivió si lo meditamos en el hilo que pudo romperse, como sucedió al final de sus últimos cinco años de vida, después de escribir la Carta Atenagórica y Respuesta a Sor Filotea.

 

¿Qué tiene que ver esto con la vida de don Miguel Hidalgo y Costilla? Mucho pues al revisar el apartado Arte y Cultura, al revisar el desarrollo y presencia de las letras hispanas en México, encuentro buena cantidad de escritores, cito: Desde finales del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII hubo cronistas de las órdenes religiosas, como el franciscano Juan de la Torquemada, el agustino Juan de Grijalva y el dominico Dávila Padilla y otros laicos, como el tlaxcalteca Muños de Camargo, el texcocano Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y Baltazar Dorantes de Carranza. Varios de ellos se ocuparon de las antigüedades prehispánicas y de la historia de su época. A lo largo del siglo XVII continuaron las crónicas. Es decir, la sociedad de aquellos siglos hasta el XVIII fueron sociedades en este nivel de estudiosos, quienes destacan a través de las órdenes que nos relata la historia.

 

Cuando se piensa en Miguel Hidalgo o en José María Morelos, no se revisa a profundidad cuáles fueron sus estudios. Qué pensadores estuvieron cerca de sus hechos en los momentos más difíciles. ¿Por qué Miguel Hidalgo que dice en un documento emitido el diciembre de 1810, llamado Bandos sobre tierras y esclavos expresa que si no hubiera tomado ese camino podía vivir en santa paz y cómodamente como lo venía siendo? en dicho documento el mismo Hidalgo señala las injusticias que los gachupines cometen en contra de él y del movimiento insurgente. Cito: Me veo en la triste necesidad de satisfacer a las gentes sobre un punto en que nunca creí se me pudiese tildar, ni menos declarárseme sospechoso para mis compatriotas. Hablo de la cosa más interesante, más sagrada y para mí más amable: de la religión santa, de la fe sobrenatural que recibí en el bautismo. El Alto Clero lo acusaba de ser un hereje, apoyando la rabia y violencia de los españoles que veían en peligro sus propiedades que por casi 300 años de sojuzgamiento habían cometido sobre los pueblos originarios de tan inmensos terrenos. Hidalgo dice: Os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la Santa Iglesia Católica; jamás he dudado de ninguna de sus verdades; siempre he estado íntimamente convencido de la infalibilidad de sus dogmas, y estoy pronto a derramar mi sangre en defensa de todos y cada uno de ellos. Del 16 de septiembre de ese año en las siguientes semanas se le vino el mundo encima al líder insurgente y a todos aquellos que se atrevían a retar a la soberbia española de allende el mar y de los que en la Nueva España habían creado un régimen de esclavitud sin medida.

 

La voz que escuchamos en Miguel Hidalgo y Costilla es la voz que por toda América Latina se ha de correr: la de los criollos que no tiene derecho a ser superiores en su patria por quienes dominan la política, el clero y la administración del Estado. Aparte de toda riqueza material y humana como lo era en ese siglo de sangre y fuego, en ese siglo que surgió al nacer de manera bárbara y bárbaro se ha de señalar al siglo XIX como lo sabemos. Cuenta Hidalgo en su manifiesto: ¿Pero de qué medio se habían de valer los españoles europeos, en cuyas opresoras manos estaba nuestra suerte? La empresa era demasiado ardua; la nación, que tanto tiempo estuvo aletargada, despierta repentinamente de sus sueños a la dulce vos de la libertad; corren apresurados los pueblos y toman las armas para sostenerla a toda costa. Los opresores no tienen armas, ni gentes para obligarnos con la fuerza a seguir en la horrorosa esclavitud a que nos tenían condenados. ¿Pues qué recurso les quedaba? Valerse de toda especie de medios, por injustos, ilícitos y torpes que fuesen, con tal que condujeran a sostener su despotismo y la opresión de la América; abandonan hasta a última reliquia de honradez y hombría de bien; se prostituyen en las autoridades más recomendables; fulminan excomuniones, que nadie mejor que ellas saben que no tiene  fuerza alguna; procuran amedrentar a los incautos y aterrorizar a los ignorantes para que, espantados con el nombre de anatema, teman donde no hay motivo que temer. Virrey, ejército y Alto Clero, en contra de la libertad.