Dos poemas…
Tortura
¿De dónde brotas noche a noche…?
¿Qué sendero forma a tu piel
en horas de tinieblas?
¿Por qué las manos no logran atraparte
en instantes de fuego?
No tortures más
al péndulo acorralado,
ansioso, tímido;
en espera
de las doce campanadas
que integrarán tu cuerpo.
La cama te recibirá
con sed,
con hambre,
pero no querrán
tocarte mis manos;
y los párpados
amarraran las olas
bajo mi lengua;
y los labios arrodillados,
desearán besarte.
Me absorbe este vicio.
Son las doce y sereno.
Desvarío
Es mi Dios tu aroma,
mis poros sangran al sabor de tus labios,
esta lengua
recibe dolor de los clavos
de tu ausencia.
Eres sangre
que se escurre de las entrañas del cáliz,
imagen melosa de cuerpo desnudo,
fuerza de trece rostros buscando la gloria.
Ven retira la cruz de mi espalda,
envuélveme en sudario de besos,
sacúdeme en tres caídas;
conviérteme en rosario sin calvario,
limpia mis estigmas con tus muslos:
resucita este amor flagelado
a mitad de la oración.
Corre sobre estas manos sucias,
este látigo de suspiros,
estas espinas arrodilladas
ante tu rostro,
guía tus pasos
a este cuerpo de olivo.

