ECOLOGÍA MEDIATICA
«El mundo virtual reproduce los conflictos del mundo real» Carlos Scolari
Estimado lector, respecto a las teorías de la comunicación en especial a la visión de la Hipermediación en la que desde hace un siglo la comunicación trata infructuosamente de construir algo coherente. Encontramos en lo líquido, lo efímero, lo fragmentado y lo disperso son aspectos que con recurrencia se asocian al mundo social que nos toca vivir y a la “nueva ecología”.
En este sentido la columna versa en un pequeño análisis de los fenómenos comunicativos como lo trans media, las trasformaciones de la mediasfera y una época hipervisual desde una mirada eco evolutiva, en este punto me gustaría centrarme ya que una de las características de la nueva ecología mediática es la multiplicación de actores, textos, tecnologías, prácticas, y de las relaciones que mantienen entre sí. En pocas palabras, estamos en presencia de un ecosistema más y más complejo donde pequeños cambios (la introducción de una tecnología, la aparición de un nuevo formato o incluso un meme) pueden generar transformaciones que vayan de una punta a otra de ese ecosistema. Pero no solo la comunicación: toda la vida cultural del Homo Sapiens se ha vuelto más y más compleja. Y de alcances globales. El coronavirus, un meme biológico a todos los efectos, es un buen ejemplo de cómo algo muy pequeño puede generar efectos catastróficos a gran escala.
En el sentido de la fluidez de los actores de estos procesos –una metáfora popularizada por Zygmunt Bauman–, prefiero apostar por otro modelo: el de lo gaseoso. Lo líquido nos lleva a pensar en flujos que corren por sus cauces, se desplazan de un lugar a otro siguiendo la orografía y a veces desbordan sus costas. Ahora bien, mi impresión es que la cultura contemporánea se representa mejor con una metáfora gaseosa donde millones de moléculas enloquecidas chocan y rebotan entre sí.
Por lo anterior el sentido de lo que llamamos “adaptación”, aterrizado a la pasada crisis del coronavirus y ligado a este sentido eco mediático, por una parte, refuerza las metáforas eco-evolutivas a la hora de comprender procesos muy complejos como los que estamos intentando analizar; y, por otra parte, evidencia la necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones del ecosistema socio-tecnológico. Esto vale para todos los actores, institucionales o individuales. La pandemia es como un libro abierto para aprender, de la manera más trágica posible, cómo funciona la evolución y qué es un sistema complejo.
En este sentido McLuhan sostenía que los medios son un entorno o ambiente (un medium) que modifica la forma de pensar y percibir de los sujetos. Lo mismo puede decirse de las instituciones y organizaciones: también ellas están en mayor o menor medida moldeadas por los medios. En un plano teórico, es lo que llamamos mediatización. Más allá de los diferentes enfoques teóricos, algunos constructivistas, otros más institucionales, lo importante es que los medios están moldeando la política, la educación, la religión y el deporte. No hay aspecto de la vida social que no haya sido modificado por la lógica de los medios. Obviamente, los cambios en el ecosistema mediático que mencionamos antes también repercuten sobre las mediatizaciones. Por ejemplo, las formas de hacer política en la era de oro del broadcasting –o sea, la llamada en su momento videopolítica de matriz televisiva– son muy diferentes a las formas actuales, donde la lucha política también se juega en las redes sociales.
Finalmente, la ecología mediática aunada a la complejidad creciente de nuestro mundo nos lleva a esa sensación constante de incertidumbre y falta de referencias estables. ¡Otra que la sociedad líquida de Bauman! Vivimos en el caos de los entornos gaseosos, donde chocan de manera incontrolable millones de partículas enloquecidas y las mascarillas solo sirven para crear una falsa sensación de aislamiento. Be gas, my friend.
