El acabose

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El cielo se miraba limpio, había unas cuantas nubes que parecían ligeras pinceladas blancas, separadas unas de otras, lejos. Circulaba el viento de pronto leve, de pronto fuerte, era una calma extraña en casa. Habían transcurrido varios días desde la última discusión, desapareciste. No quise llamarte, pensé que lo menos que querrías en ese momento era escucharme; sé que suelo irritar a las personas, no por diversión, sólo digo lo que pienso, lo que deberíamos decir todos, sin suavizar, sigo sin entender qué hay de malo en eso. Entendí que ya ni tú soportabas lo que decía, te vi inquieta, indiferente. Pensé en enviarte una play list, que me dieras otra oportunidad, entrar en tus sentidos, una vez más, ablandarte, escuchar juntos rain plans de Israel Nash; recordando la vez que me tomaste de la mano y nos fuimos juntos de aquella fiesta aburrida, hace un par de años.

No sabias quien era, ni yo te conocía, pero terminamos sonriendo a la una de la mañana cubriéndonos de la lluvia en una parada de autobús, empapados por la tormenta, nos besamos mucho. Te reíste de mis tonterías, las que, al principio, te gustaban, me enamoré de tu mirada y después de todo lo demás. Fuimos amigos. Tenías esa forma de calmar las cosas, de controlarme cuando se me ocurría ser yo, eras la única que podía con eso. Aun te amo, pero ya no somos los mismos, y no tendría que ser así. Tan simple como decir que ya no podemos estar juntos, nos hemos engañado y el problema es que, no podemos aceptarlo.

Estamos juntos porque no queremos encarar, estamos por los recuerdos de días bonitos y de anécdotas traviesas, no queremos sentarnos a decirnos las cosas de frente, ¿ves cómo hemos cambiado?, preferimos herirnos, hacer tonterías para ver si resulta que ya no tengamos que hablar nada y que lo que hagamos hable por sí mismo, como lo hicimos esta vez. Vaya tontería. Quisiera poder seguir, pero ya lo hemos intentado antes. Viajamos, compartimos, dormimos, hicimos el amor, nos miramos, fuimos felices cuando fuimos felices, nadie lo va a negar, ni a olvidar. Tal vez yo me equivoqué más, esta vez, no lo manejé tan bien como creí, o tal vez sí. Quisiera decirte que no significó nada, que fue un simple acto irracional, pero esto sirvió más de lo que esperaba.

Necesité una pausa, un respiro, una tregua para que, al fin, pudiera terminar con esto.

Claudia, me encantaba tu perfume por las mañanas, cuando ibas al trabajo, te despedías de mí y me dejabas tu labial en la mejilla o en mi frente, como a un niño bueno al que le dan un premio. Ame tu forma de decirme las cosas, de reclamar sin reclamar, de amarme cuando las cosas estaban feas, cuando yo me ponía feo.  Admiré tu mente, besé tu piel, contemplé tu cuerpo; grandes monumentos. Si, cambie, vivimos las experiencias que debíamos vivir juntos, aprendimos el uno del otro, y aunque nos herimos, tenemos tiempo suficiente para perdonarnos. Lo lograremos porque te conozco y seguro que podrás con esto. Nuestro final era inevitable, y te sufro todavía, aunque prefiero eso, a seguir mintiendo o terminar odiando las cosas por las que me enamoré de ti.

Esto se termina aquí, ya, no voy a esperar tres días más hasta que se te pase o te ruegue mil veces para que regreses, y entonces todo como si nada. Te lo habría dicho en persona, pero no te encuentro por ningún lado, te lo habría dicho por teléfono, pero no contestas mis llamadas y dirías que es cobarde de mi parte, por eso te escribo este mensaje, porque aún no me bloqueas, y aunque no me bajes de pendejo y me odies por eso, es la única alternativa que tengo. Adiós Claudia, espero verte pronto con tu sonrisa cautivante, para que me cuentes qué tal va tu vida y poder abrazarte fuerte.