EL ATENEO DE LA JUVENTUD

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En la presentación de su libro Susana Quintanilla, Nosotros / La juventud del Ateneo de México / De Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes a José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, publicado por la Editorial TusQuets en el año de en 2008, cuenta: En términos cronológicos, la saga se desarrolla en sólo cinco años y ochos meses, del 31 de marzo de 1906, año del nacimiento y la muerte de Savia Moderna, a noviembre de 1911, cuando Vasconcelos fue electo tercer y último presidente del Ateneo de la Juventud. Es decir, que este libro termina donde comienzan la mayor parte de los estudios sobre esta generación. Mala educación tenemos los mexicanos que vamos sólo a la superficie y nunca bajamos a las profundidades del conocimiento. Si hablamos de Alfonso Reyes, si acaso, es porque le conocemos por encimita, si lo hacemos por Vasconcelos sucede lo mismo y peor cuando hablamos o escribimos de Sor Juana Inés de la Cruz, Sólo por encimita hablamos y escribimos de las cosas y no comprendemos que ese mal educativo en la patria es lo que ha dado al traste con su progreso y desarrollo cultural. 

Entiende esto Quintanilla: De ahí el subtítulo La juventud del Ateneo de México: no sólo porque refiere a la etapa previa a la madurez, sino debido a que prioriza a las personas sobre sus obras, Si alguna palabra resulta apropiada para nombrar el tema central ésta es la formación, pues remite a algo siempre en proceso, nunca acabado del todo, indefinido. Sólo designa una intención, un esfuerzo que igual puede ser voluntario que no serlo, como este libro. Para el 31 de marzo de 1906, Isidro Fabela cuenta casi con 28 años de vida, edad que en el caso de Alfonso Reyes es de 17 años, pues nació 7 años más tarde que el mexiquense. Dos talentos e inteligencias cuyas vidas son paralelas en proyectos que refieren lo mismo a las letras que a su vida diplomática. En lo referente a la política, agitada fue la que vivió Fabela pues participa directamente con Francisco I. Madero, y después le es fiel en todo a Venustiano Carranza, del año de 1910 al 1920 su cercanía a los hechos de la vida política junto a sus presidentes del país le fue propia a Fabela. No así para Alfonso Reyes que al morir su padre en febrero de 1913 cuando intentó en loca aventura apoderarse de Palacio Nacional, sacrificándose de manera triste en dicha acción. Eso jamás lo olvidó Reyes que prefirió vivir en Europa en condiciones muchas veces preocupante en el tema económico, pero no retornar al país ante el recuerdo doloroso y la persecución que al final de cuentas resultó de haber sido con su familia herederos de don Bernardo Reyes. No hay movimiento armado ni aventura intelectual que se aprecie de estar lejos de una publicación.

Dice Quintanilla: Savia Moderna nació gracias al empeño del abogado Alfonso Cravioto, quien hizo las veces de mecenas para malgastar en la cultura una porción de su herencia. Quienes lo conocieron en 1906 admiraban tres de sus muchas virtudes; la fortuna, el buen gusto literario y la pasión por las artes plásticas. La revista ha de ser el principio de una unión donde los amantes de la palabra comenzarían a gestar la idea de crear un centro del pensamiento y del amor a la cultura que diera un vuelco a las cosas que el positivismo había traído al México de mucha administración y poca política impuesto por la dictadura porfirista. 

En su libro, en el capítulo VIII tituladoy Ariel, la investigadora comienza a nombrar la presencia de Fabela, escribe: Pedro Henríquez Ureña tuvo que redoblar sus esfuerzos para organizar el programa de la tercera serie de conferencias y conciertos ya que Alfonso Reyes había partido a Monterrey y Antonio Caso estaba muy ocupado con los preparativos de su boda. La tarea implicaba buscar, seleccionar y adiestrar candidatos, así como relegar a quienes no tuvieran las cualidades necesarias. Pedro rebuscó en sus listas los nombres de posibles reclutas y se dio a la tarea de entrevistarlos. Antes, con motivo de la segunda serie de la Sociedad, había integrado por sugerencia de Casi a Isidro Fabela y a Genaro Fernández MacGregor. Son años definitivos para Fabela pues en 1908 alcanza por fin su título como abogado lo que le da amplios merecimientos para estar entre esa lista de privilegiados que han de ser los creadores del Ateneo. Cuenta Quintanilla: Las familias Caso y Fabela comenzaron a frecuentarse desde la llegada de la segunda a la colonia Santa María en busca de una buena educación para los menores; la de Fabela venía de Atlacomulco (hoy Atlacomulco de Fabela), Estado de México, donde Isidro había nacido en 1882. El niño fue inscrito en la misma escuela de párvulos a la que iba Antonio Caso hijo, lo que inició una serie de encuentros: primero en la Escuela Nacional Preparatoria y después en la de Jurisprudencia, en la que Caso recaló tras haber incursionado en la de ingeniería y la de medicina. Isidro no tenía dudas vocacionales (era de los que siempre quiso ser abogado). Cosas que tiene la vida. Al estudiar a Isidro Fabela no alcanza el tiempo para seguirle las huellas, pues muchas son sus vocaciones y en todas ellas se distingue. El investigador Dionisio Victoria Moreno, expresa en su libro titulado Hemerografía de Isidro Fabela Alfaro,su pasión fue el periodismo. Y lo comprueba al revisar cientos de artículos o miles, comprobando que el político y jurista que fue Fabela tuvo por herencia la vida literaria de los mayores hombres del siglo XIX. Dice Quintanilla de don Isidro: …aun así, mientras estudiaba derecho en compañía de hijos de ministros, de magistrados o de hacendados, descubrió dos mundos nuevos para él, la política y la filosofía. Las clases de Rodolfo Reyes le mostraron que Porfirio Díaz era el primer infractor de la Constitución, mientras que las pláticas de pasillo con toncho (como le decía a Antonio Caso), Eduardo Colín, José Vasconcelos y Alfonso Cravioto, quienes destacaban en la escuela por sus aficiones intelectuales, lo incitaron a buscar otros estímulos. Isidro asistió en 1907 a las conferencias en el Casino de Santa María, a unas cuatas cuadras de su casa, y ofreció una cena en honor de caso y Manuel de la Parra, por el éxito de sus actuaciones. Además, cuando Henríquez Ureña fue despedido de El Diario, Isidro le consiguió un empleo en una empresa de su familia, la compañía de seguros La Mexicana. Años en que el país se derrumba, pero en las contradicciones de la vida, una generación de nuevos mexicanos viene a renovar la perpetua esperanza de los pueblos, y del individuo por ser mejores que sus antecesores. 

El día fundacional, cuenta Quintanilla: Lozano y Nemesio García Naranjo no asistieron a la sesión fundacional del Ateneo de la Juventud debido a que estaban en el sepelio de Olea. Llegaron, además de los cinco firmantes de la convocatoria, Ignacio Bravo Betancourt, Carlos González Peña, Luis Castillo Ledón, Isidro Fabela, Manuel de la Parra, Juan Palacios, José Vasconcelos, Genaro Fernández MacGregor, Eduardo Pallares, Emilio Valenzuela, Alfonso Cravioto y Guillermo Novoa. De la lista de invitados, faltaron, además de Lozano y García Naranjo; Ricardo Gómez Robelo, quien vivía en Chilpancingo; Marcelino Dávalos, que había ido a Guadalajara al estreno de su última obra; así como Rubén Valenti, Francisco J. César, Enrique Escobar, Carlos Barajas, Evaristo Araiza, Abel C. Salazar, Roberto Argüelles Bringas, Eduardo Colín y Eduardo Xicoy Cuántas y cuántas reuniones llegamos a tener en vida, y cuántas pueden tener la importancia de ésta que en los cercanos inicios —año de 1909— entraría en la historia nacional como un hecho que comulga con la civilización más avanzada. Donde poner atención a las ideas es más importante que poner atención a las balas. Las palabras de Antonio Caso son otro referente, escribe Quintanilla: Caso inició con un discurso improvisado acerca de los propósitos de fundar un ateneo y los fines intelectuales característicos de una asociación de este género. Después propuso que se eligiera una comisión encargada de formular los estatutos… todo después es historia donde amor por la educación, cultura, sociedad y política se juntan. El 20 de noviembre vendría el siguiente año: conflagración que mataría a más de un millón de mexicanos.