EL DIA EN QUE TE VI POR PRIMERA VEZ

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Invisibles no, Watson, inadvertidas. No sabía usted dónde mirar

y se le pasó por alto todo lo importante.

Las aventuras de Sherlock Holmes (1892).

Arthur Conan Doyle

Me ofrecí a acompañarla al malecón para buscar a Julio. Él había salido a surfear desde temprano y ya anochecía. Lo divisamos cargando su tabla desde el otro extremo de la calle. Regresaba a la casa. Al ver a su hijo, respiró aliviada: ¿Vamos por postre? Asentí. En el Mundo de las Golosinas, cocían los mejores quesos dulces del balneario. Entramos. Pedimos postre y bebida, y seguimos nuestro rumbo hacia la playa. El malecón estaba débilmente iluminado, pero en el sitio de Don Satu había gente, luz, voces, música y algarabía. Nos sentamos en la murallita, cerca del muelle. Podíamos escuchar a las olas rompiendo en los legendarios farallones. Esta noche tengo el corazón roto –me confesó con  tristeza y me hace bien tu compañía. Su padre había fallecido y dejado en herencia una casa. Le preocupaba que la sensible situación trajera desavenencias con sus hermanos, a los que adoraba: Renunciaré a mi parte me dijo entre lágrimas y con mucha pasión– que  mis hermanos y yo sigamos unidos, es lo único que me interesa. Fijé mi atención en ella. En ese momento, la vi por primera vez.

Aquella mujer había visitado mi casa puntualmente, cada día, durante mis quince años de vida. Podría contar mil y una aventuras, anécdotas divertidas, emotivas y hasta peligrosas, en las que ella estuvo presente y sin embargo, durante esta conversación la primera en la   cual supe dónde mirarla caí en cuenta de que la mejor amiga de mi madre era, para mí, una completa desconocida. Aquella noche aprendí a ver, más allá, con todos los sentidos y con la voluntad. Yo no lo había notado hasta entonces, pero su corazón hablaba con la misma fuerza, con que latía: ella miraba hacia abajo, pestañeaba y luego miraba a un lado, volvía a pestañear y miraba hacia el otro; mientras defendía sus decisiones con firmeza y cuidaba de no herir a alguien. Aprendí que nada es invisible solo pasa inadvertido, cuando como en la cita de Conan Doyle no sabemos dónde mirar y nos quedamos  atascados en lo aparente, en la primera capa. Aprendí que para conocer a alguien, hay que prestarle atención a lo que calla, pero muestra con detalle, entrelíneas, cuando cree que no hay nadie viendo.

¿Cómo se hace para conocer a una persona, más allá?, ¿lo más cerca de su verdad que sea posible? Mira donde nunca antes viste cuando tiene la guardia baja, cuando cree que nadie está mirando. Entra en sus pensamientos. Pon atención en cómo mide sus pasos, o si no lo hace, cuando va por la calle mientras llueve; ve si tiene las manos atornilladas al paraguas, o si lleva la sonrisa de oreja a oreja porque la lluvia refresca su rostro y le permite respirar un aire más fresco, o refunfuña con los labios apretados, en la seguridad de que las pequeñas gotas crecerán y empaparán el traje nuevo que…¡¿por qué rayos no lo compré sanforizado?!, ¡se va a encoger! o, tal vez le dé igual, al fin y al cabo, nada se mueve en los extremos y todo es relativo ¡ya lo ha dicho Einstein, y él sabía de lo que hablaba! tal vez la lluvia como el tiempo, sea también una simple interpretación de la mente, un espejismo húmedo y nada está pasando.

Fíjate en sus gestos mientras espera que llegues a la pizzería, donde te invitó para celebrar tu cumpleaños ahora que tu madre está de viaje. ¿Mira a las personas que están en las mesas de al lado, por el rabillo del ojo, con la ceja derecha y la comisura izquierda del labio ligeramente arqueadas, pensando en que ¡sería el colmo de la mala suerte que alguien me reconozca justo cuando he manchado la chompa con el lápiz de labios que jamás uso!?, o mira a sus vecinos ocasionales de manera abierta, amistosa y franca, casi podrías decir que, anhelante, mientras piensa en cuán bien se sentiría que todos supieran de su esfuerzo y que la luz titila en sus ojos porque en su batalla personal contra el cáncer, ese día, ella va ganando. O, quizá, solo está como ausente, y no se entera que la ciudad le respira en la nuca porque empieza a olvidársele la vida.

El diccionario de la RAE no hace mayor diferencia entre las palabras ver y mirar, y asocia ambas, a la acción de observar, de enfocar la vista, con sentido, en forma inteligente. El diccionario no es confuso, somos nosotros quienes hemos suprimido la esencial atención en el acto de ver y mirar al otro, pero valgan verdades lo cierto es que aun cuando nos  esforcemos, el otro siempre logrará sorprendernos porque todo lo que podamos recoger serán solo partes de la verdad, desde la honestidad del momento. Lo que creemos conocer, cuando no estamos intentando hacer al otro a nuestra imagen, deseos y semejanza, es nuestra observación, interpretación temporal, así como proyecciones de nosotros mismos, en los demás. El coach Liberto Pereda, sugiere que ello ocurre porque nos movemos en las relaciones desde el juicio, y se pregunta, si veríamos, “a la misma persona”, desde una mirada apreciativa e inclusiva.

Aquella noche en el malecón del balneario donde compartimos tantas vacaciones, ella me dijo por primera vez, cuánto me quería. Y entonces, supe verla y ¡descubrí su singularidad maravillosa! Ella se buscaba a sí misma en todas las niñas que criaba el mundo. Pretendía arroparlas, resarcirlas porque a ella misma le arrebataron temprano a su madre y no lo perdonaba. Se negaba a crecer, a abandonar la travesura y la nobleza de sus sentimientos. La nieve cruel de los años, de la que habla la canción, confundió sus recuerdos y extravió su mente lejos, en los confines del tiempo, pero no se atrevió a cambiar, la mirada de amor con que siempre nos vió. Mi tío me respondió la última vez en que conversamos por teléfono: Hijita, la Morro está a mi lado, pero no sé en dónde más y no consigo hacer que vuelva.        –¿Sabes qué creo, tío?, quizá no podemos traerla al presente, pero si podemos acompañarla, allá en donde está.

Y así lo hicimos. La miramos por primera vez, unas cientos de veces más porque eso hace el amor, ¿verdad?, te mira siempre como si fuera la primera vez.