+El estadio de CU de la UAEMéx costó 20 millones de pesos de 1964; el maestro Adolfo Villa González esculpió la cabeza de López Mateos
La frase:
Damos forma a nuestros edificios, y después nuestros edificios nos dan forma a nosotros.
WINSTON CHURCHILL
MURAL HISTÓRICO, COMPLEMENTO DE LA HISTORIA DE UAEMéx
(Segunda de tres partes)
Continúa en su relato el estadio de Ciudad Universitaeria: Luego del acto inaugural, el presidente López Mateos se dirigió al estadio, donde recibió aclamaciones de la multitud enfervorecida, en un acto que fue prácticamente su despedida de la vida pública en Toluca.
Construida sobre un terreno de 25 hectáreas, Ciudad Universitaria, con el estadio y las facultades ya mencionadas tuvo un costo global de 20 millones de pesos, pero el mismo día fue inaugurado el edificio de la Facultad de Medicina, ubicado en Paseo Colón y Tollocan, con inversión de 5.5 millones de pesos, y en acto simbólico efectuado en la Facultad de Ingeniería, el presidente puso en servicio obras públicas en Toluca y en el interior del estado por 40 millones de pesos.
Por la tarde, al filo de las 16:00 horas, López Mateos se reunió con los institutenses en un banquete para mil quinientos invitados que fue servido en el patio poniente del antiguo edificio del ICLA, sede actual de las oficinas de Rectoría.
Posteriormente, recuerdo que en Ciudad Universitaria, la construcción de un edificio de siete niveles para la Facultad de Humanidades –que actualmente es conocido como Torre Académica– fue detonador de crecimiento de la planta física de la universidad. Entró en servicio durante la administración del rector Guillermo Ortiz Garduño (1969-1972) y le siguieron otras estructuras, como el busto monumental del licenciado Adolfo López Mateos, en la cima del cerro, que es una mole imponente de 12 metros de altura y 60 toneladas de peso, revestida con cantera rosa, obra del maestro universitario Adolfo Villa González.
¿Quién fue Adolfo Villa González?
Fue mi maestro y por ello lo describo de la siguiente forma:
Puntual a la cita de sus clases cotidianas, sin dejar a un lado una mezcla equilibrada de seriedad, (que se matizaba con la voz que poseía fuerte, vigorosa), con alzarla un poco bastaba para imponer una disciplina férrea, en aquellos años juveniles y de aparente rebeldía, todo volvía a su cauce entre el murmullo natural de los alumnos cuando entrar al salón para su clase de Ética y Filosofía Moral, esta última palabra obligaba a algunos a pensar que se trataba de una clase de religión, la base si en cuanto al comportamiento y las buenas maneras que la sociedad de los años sesenta imponía.

Pasaba lista con rapidez extrema para después adentrarse en el interrogatorio infaltable de lo que se había visto el día anterior para hilar el tema y realizar la exposición de los nuevos conocimientos, así era Adolfo Villa González, una mezcla de desparpajo, pero al mismo tiempo una disciplina que había adquirido en sus años mozos, misma que llegó a conservar hasta el final de su existencia.
Vida que fue rica en experiencias que le fueron proporcionando los años y uno que otro alumno, sobre todo cuando les apasionaba un autor leído, ansiado por conocer, porque la vida no le brindó esa oportunidad.
De los pintores, jamás preguntaba porque los conoció al revés y al derecho, su parte externa y en su interior sobre todo cuando se descubre y se sabe que es artista. Al batallar no por exponer su materia sino por ampliar el panorama de su conocimiento personal lo obligaba a estudiar y leer en abundancia por si algún alumno meloso deseaba ampliar la teoría explicada… “y para que se vea que uno es experto en ella, se tiene que estudiar no al ritmo, que uno se propone Garduño, sino al que le impone uno el aula”.
Jamás hay que dar la impresión de que es uno improvisado en lo que explica, porque los alumnos te comen, te pierden el respeto y no se acostumbran a lo que uno les dice todos los días, estudien para que no los repruebe en la vida, se atrevía a confesar ya no frente a todos ni a los alumnos sino a los que por azares del destino se convertían en colegas de la cátedra.
Ahí si entraban los consejos –no para aplicarse a pie juntillas– sino para convertirse en experto en la cátedra y en la materia que se imparte.
El mundo de Adolfo Villa no sólo fue la cátedra sino su pasión por la escultura: ahí sí me siento pleno, ahí sí veo la transformación de la materia, ahí sí lo que uno piensa se convierte en realidad, ahí sí moldea uno las figuras, ¡lástima que no hablen!
Al principio de los sesenta cuando se dijo que la Ciudad Universitaria iba tener asiento en los alrededores del cerro de Coatepec, con una serie de edificios en donde se ubicarían las facultades como se hizo con el paso del tiempo y se comenzó a construir el Estadio, no para el futbol sino para las pruebas atléticas que antes se practicaron en el antecedente el Instituto Científico y Literario de Toluca, ahora ya Universidad Autónoma del Estado de México, “me propusieron la idea de realizar un busto, pensé que iba a ser algo pequeño, pero después me precisaron que iba a colocarse en la cabeza de este cerro y que sería del que fue director del Instituto, del licenciado Adolfo López Mateos, del que en ese entonces de 1958 ya era presidente de México y su mandato concluía en 1964, de ahí la premura por hacer algo especial”.
Fue cuando se me ocurrió hacer su busto, un busto que encerrara la expresión pueblerina o el lenguaje de aquella época como se les decía a las personas muy inteligentes y de gran capacidad de pensamiento ¡Cabeza grande!, era el requisito para ocupar el máximo puesto a que todo hombre aspira ser: presidente de su país.
Así se pensó y así, me tuve que quebrar la cabeza para hacer precisamente eso, la cabeza de López Mateos, colocada en la punta del cerro para que la gente cuando pasara lo contemplara en toda su dimensión, no en el cuerpo sino en el asiento de las ideas, así tuve que trabajar para calcular las proporciones, que fuera fácilmente identificable y que comentaran a voz en cuello, sí se parece, sí es López Mateos, la gente tenía que verlo desde los ángulos en que pasara y no tratara de adivinar quién era sino de precisar porque un letrero por encima de ella iba a verse demasiado burdo, ridículo y espantoso. Eso no debía ser. Cumplí con el encargo y ahí la puede usted ver desde la distancia en que se ubique.

Es de los pocos monumentos que han respetado los alumnos. Ya vio lo que le pasó a la estatua de cuerpo entero al licenciado Miguel Alemán en Ciudad Universitaria en la UNAM, en donde hasta que no lo dinamitaron los muchachos revoltosos, se convencieron en que era mejor desaparecerlo.
Además, a López Mateos ¡sí se le quiere!
Adolfo Villa González, nació en Ocoyoacac, en donde se le consideró “Hijo ilustre”, realizó sus estudios en su tierra natal y Toluca, estuvo en el Seminario Conciliar, estudió escultura en Francia e Italia, destacan sus obras Un Cristo y 12 apóstoles y el busto del licenciado Adolfo López Mateos.
Adolfo Villa González, de origen otomí, trabajó al frente de un grupo de canteros de Durango dirigidos por el maestro Andrés López y por el ingeniero Víctor Manuel Torres Delgado, encargado de los aspectos constructivos.
La escultura monumental dedicada al que fue presidente, Adolfo López Mateos, que se encuentra en el mirador que está en la cima del Cerro de Coatepec, es una escultura revestida de cantera rosa proveniente de Durango, mide 12 metros de altura y pesa alrededor de 60 toneladas. A su lado, hay una asta bandera, que desde hace unos meses luce la de la UAEM para significar el territorio de Ciudad Universitaria.
El material fue traído desde la mina “La Lovera”, situada entre Durango y Mazatlán, en 225 piezas de cantera de 62 y 65 centímetros de espesor.
Mis instalaciones, dice el estadio, incluyen una moderna pista de tartán, ya que la primera disciplina que se practicó fue el atletismo, después vino el futbol soccer.
En mi sede, de lo cual me siento orgulloso, la selección universitaria asciende de Tercera a Segunda División entre 1974 y 1975; en 1999 nuevamente es sede del ascenso a Segunda División de los “Potros”. Fue sede de dos Universiadas Nacionales (2005 y 2011). Mi pista de atletismo está certificada internacionalmente. Vi nacer a los Potros como Moscos y los he visto graduarse en la Liga de Ascenso. (Continuará mañana)


