EL OTRO LADO DEL MUNDO, CON OTROS OJOS

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Sales de trabajar, llegas a casa, te sientas en el sofá, te dispones a ver un momento las noticias y observas que en un solo día pasó desde el Génesis hasta el Apocalipsis mientras te encontrabas trabajando. Las noticias no son nada alentadoras: incendios, desaparecidos, la falta de agua en comunidades, que mientras algunas personas tratan a las mascotas como si fuesen humanos, otros, en su mayoría jóvenes, dicen sentirse identificados como therian del griego therion, bestia o animal salvaje. Hasta este punto veo que definitivamente el día está para deprimirse y preocuparse. 

Mejor apago la televisión y ni pensar en buscar otro escape porque si entro a redes sociales es la misma información que en las noticias, con la diferencia de que las redes sociales están plagadas de supuestos expertos en los temas. No, mejor me preparo un café y dispondré mi tiempo para leer un poco. Esto parece irracional para quien lo escucha, hasta que caes en cuenta de que al abrir un libro este te ofrece un mundo alterno. Aquí hay personajes tan variados, escenarios impresionantes porque, si bien el escritor tenía un mundo en la mente, el lector recrea el escenario, con sus paisajes, sus colores, incluso los olores que se perciben en el espacio. 

Muchas personas han coincidido en que su acercamiento a los libros fue precisamente un escape del ocio; no significa evadir la realidad; es una respuesta a encontrar a través de los libros cómo recrear la idea que nació de la imaginación del autor. Existe un cambio de perspectiva cuando vemos las cosas no desde un hecho aislado. Los libros nos brindan esta posibilidad; podemos visitar Comala, de la que hablaba Juan Rulfo; la veo en muchas de las delegaciones de Toluca, donde el tiempo parece que se detuvo y muchos se olvidaron de estas comunidades.

Leyendo al premio Nobel de Literatura José Saramago (1998) con su novela Ensayo sobre la ceguera, encontré que, aunque nuestros ojos ven, nuestro entendimiento está cegado. A través de una novela comprendí que parte del problema viene de raíz y tiene que ver con las decisiones que tomamos cada día; siempre estamos eligiendo. La sutil diferencia es que en ocasiones sabemos que nuestras decisiones traerán consecuencias negativas y aun así decidimos actuar mal. Como decimos coloquialmente: pecamos deliberadamente y metemos las manos al fuego sabiendo que nos quemaremos. 

Algo ocurre cuando le damos la oportunidad a los libros de mostrarnos el otro lado del mundo, porque comprendemos que existe grandeza en lo que nos rodea, pese a las adversidades que vivir representa. Muchos de nosotros ya no tendremos la oportunidad que nuestros abuelos tuvieron, de caminar tranquilamente por un parque sin temor a ser asaltados. No sabremos lo que es caminar de noche de la mano de nuestra pareja e hijos, porque la inseguridad no da la pauta para caminar libremente. En ese mundo alterno que brinda la literatura, la forma en como miramos las cosas también cambia y lo interpreta, le asigna un valor. 

Esto lo sabían perfectamente los estudiosos de la fenomenología: el ser humano interpreta todo lo que observa, y su interpretación está directamente relacionada con lo que conoce, lo que ha visto previamente, con lo que ha escuchado. A buena parte de la sociedad nos hace falta sensibilizarnos más con los que nos rodean, sentir un poco la injusticia de lo que viven otros, reconocer que también hemos sido parte del problema, pero también a encontrar belleza en medio del caos; algo muy similar decía el maestro Jorge Luis Borges, quien opinaba que el artista tiene desventuras, tristezas e incluso humillaciones a lo largo de la vida; sin embargo, es su material principal para trabajar, es como arcilla en sus manos y de esta manera transmutar es decir convertirse en otro, aquí radica la belleza de las cosas, que el escritor hace eternas porque quieren ser eternas. 

Mientras digo eterno y lo que desea ser eterno; pienso en el otro lado del mundo, yo lo observé un viernes, cerca de las 5 de la tarde, en la esquina de la calle Bravo e Instituto Literario, donde la esquina conserva aún los restos de una casa antigua, un pequeño espacio de la pared por donde vi lo increíble que fue esa casa, y sin embargo el otro lado del mundo estaba al otro lado de la calle viendo la fachada, la casa no cambió, pero si mi forma de ver todo lo que me rodea, la mirada al mundo con otros ojos.