El pequeño Mateo y su abuelo –Recordando a nuestros Abuelos–
Lisa y Benjamín se preparaban para salir a cenar con una pareja de amigos. Hablaron con la nana Ady para que cuidara al pequeño Mateo, éste les decía a sus padres que su nana siempre que se iba a dormir, le contaba un cuento y que la dormida era ella.
Con todas las recomendaciones salieron con sus amigos.
Después de jugar un rato, y ver una película y ya con su pijama favorita, el pequeño dormía plácidamente al igual que Ady.
El corazón le latía apresuradamente al pequeño Mateo, todo estaba en silencio, por la ventana se asomaba una cara gigante con una melena rojiza y una barba muy grande, sus enormes manos trataban de abrir la ventana, asustado se incorporó de su cama y salió corriendo por una pequeña puerta que daba al jardín. Corrió veloz hacia el árbol donde su papá le construyera una casita y se encerró.
Allí nadie lo encontraría. Las horas pasaban y sus padres no llegaban. Ahora él podía observar cómo el hombre gigante llevaba una camisa de cuadros rojos y unos tirantes que se jalaba cada vez que daba vueltas por la casa. Lo vio cómo se acomodaba en la mecedora del jardín, sus padres se asustarían al verlo porque era muy, pero muy grande. Sentía mucho miedo, escuchaba cómo los pajaritos que dormían en el árbol piaban y movían sus alitas, y en un descuido, pensó, el acabaría haciendo lo mismo. Las horas pasaban y ya sus ojitos pesaban de sueño, pero no quería dormirse porque el gigante podría acercarse al árbol y encontrarlo, y con los brazos tan largos atraparlo. Su respiración era agitada, no podía gritarle a su nana ni a nadie. Allí esperaría, su papá siempre le decía que él era un niño muy valiente.
Horas después Lisa y Benjamín llegaban a su casa despidiéndose de sus amigos. Al cruzar el jardín se dieron cuenta que el abuelo se había quedado dormido en la mecedora. Entraron a la habitación de Mateo, encontrándolo plácidamente dormido junto a su nana.
Y… colorín colorado…

