El plan 1ra de 4 capítulos

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Así como podar un árbol, o como en la peluquería te quitan el cabello sobrante, así pasa con algunas mentes locas que quieren disminuir la población.

El género humano es dispar: un boyante gerente blanco anglosajón no es igual a un haitiano miserable con hambre y enfermo. Beisbolísticamente hablando unos entes humanos nacen con dos strikes en contra y otros con tres bolas a favor.

Así existen dos bandos: unos pocos, potentados y otros muchos sin nada. En este perro mundo conviven separados indios kikapús, tribus africanas y caucásicos racistas xenófobos. Aunque no se comprenda el reducidísimo grupo de ricachones odian al género humano jodido y viene la reflexión que además de filosófica es económica y hasta teológica, pues si existe Dios no hay explicación porque permite que sus hijos sean tan desiguales.

Y aquí aparece Donald Trump, puesto por las elites económicas y poseedor de inmenso poder. Es cierto, que este orate e ignorante tipo, sube aranceles, persigue migrantes, hace que la OTAN gaste más dinero en armas y más cosas negativas para la humanidad.

Es de locos que en lugar de arados y tractores, billones de dólares se destinen a la compra de ametralladoras y misiles. No pertenece a entes pensantes que en África y parte de América Latina haya niños que mueren de hambre o que en la Franja de Gaza y en Ucrania se riegue sangre diariamente. Así el dicho que los animales matan por hambre y el hombre por idiota es verdadero.

Así llegamos a México el vecino de USA que después de 7 años propugna por la igualdad, porque primero sean los pobres y que impere el amor, la paz y la justicia.

Otros países le siguen la pista a México y por ese hecho se ganaron el odio de Donald Trump y de los infelices pendejos que creen que es hora de purificar la raza humana y suprimir a los jodidos. Poda y limpia, el motivo principal es que manden los blancos, además que se queden los jóvenes sanos, los países industrializados y ricos.

De lo escrito, se deriva que los gringos y específicamente la CIA se inmiscuya en los asuntos internos, en este caso de México que tiene a un embajador experto en derribar gobiernos.

Y vino el contra ataque inevitable de parte de algunos militares mexicanos. Y empieza nuestra historia:

Entonces sucede que algunos altos mandos militares, coléricos se reúnen secretamente en un café de chinos de una barriada pobre en CDMX para ver si es posible hacer algo que cambie el insoportable asedio del Gobierno Norteamericano y en especial de Trump.

Unidos, doce miembros del ejército y la armada, mejor decir militares patriotas que buscan lo imposible: minar, contraatacar, hacer algo más para cambiar el insoportable estado de cosas, son nueve hombres y tres mujeres que juntando tres mesas y pidiendo café con bísquets se arrebatan la palabra. Sin otros comensales el café de chinos es escenario de voces encendidas.

Todos vestidos de civil parecieran un grupo de sindicalistas o aún más de enojados oficinistas que trabajan en la cercana Secretaria de Educación Pública.

El general Abelardo Hernández impone su voz:

Lo primero es entender que no podemos ni en sueños pensar en una lid guerrera, en un mano a mano con estos pinches gringos, nomás nos mandan un misilito y Pachuca, por ejemplo, queda convertida en polvo. Sólo nos queda como dice la Presidenta tener cabeza fría y ser inteligentes en el terreno de la diplomacia. Lo interrumpió un elemento de la armada apellidado Urbina:

-Nos hablas de lo obvio, de lo que ya sabemos, yo iré al grano: formar un grupo de elite con lo mejor que tengamos y jugarle a la CIA con sus propias armas y en su propio terreno.

Una dama, de nombre Bertha y oficial bragada, colérica intervino: 

-Para eso estamos aquí reunidos, porque lo peor es no hacer nada, y dejar que nos sigan poniendo el pie encima. Yo apoyo tu moción,  necesitamos espionaje, saber quién le paga a los capos de la droga, como se distribuye en las ciudades gringas, como trabajar en la frontera para evitar que perjudiquen a los migrantes y vigilar las aduanas…

Mientras hablaban, los claxonazos de afuera medio se colaban, algunos (as) bebían el café y los demás mordisqueaban nerviosamente los bísquets. El chinito dueño del restaurante veía tranquilamente su tv de plasma haciendo crujir con sus dientes a la campechana que acompañaba su café con leche.

Era uno de los pocos cafés de chinos que sobrevivían en CDMX y además situado en la populosa Colonia Guerrero.

El general en retiro Leopoldo Godínez tomó la palabra.

-¡Amonos encima de la CIA!, hijos de la chingada que reclutan a rancheros ignorantes ambiciosos y cabrones. Los adiestran, y es cierto el dicho, somos unos pendejos porque nos matamos entre nosotros.

Además, nos espían en todo lo que hacemos. Ahora ya sabemos que el “Mayo” Zambada y sus adláteres en algo desobedecieron y vinieron por él. Se burlan de nosotros pues entran al país como Pedro por su casa. El militar alzó la voz:

-¡Ya basta! Vamos a chingarlos con inteligencia, no importa secuestrarlos, que suelten la sopa y a mí se me ocurre, hasta entrar a Estados Unidos y traernos a los grandes distribuidores de la droga que pueden ser los mismos de la CIA, porque aquí la Constitución con la autodeterminación y respeto a la soberanía no nos permite hacer nada.

Continuará…