EL PLAN (Última parte)

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Se vieron en el café de chinos y al explicarle Salvatierra el plan que simple y llanamente consistía en matar a Trump, el buen terrorista tiró con el dedo meñique de purititos nervios la taza del café.

– No Toño no chingues es mucho para mí.

– Mira déjame hablar un ratito. Y el general le fue explicando con calma poco a poco que si extirpamos un tumorcito se salva todo el cuerpo.

A cada palabra de Salvatierra, Ciprián se fue convenciendo y más cuando el general le picó la cresta:

– No me explico como de viejo te viene cierta dosis de cobardía siendo que tú para mí eres el más chingón que hay y además con lo que te voy a dar en caso de que te maten tiene tu familia o lo que queda de ella para vivir toda la vida. Éntrale y aunque suene idealista pendejo, por el bien de la humanidad.

Sintetizando, Ciprián aceptó el plan, aunque inmediatamente al salir del café pensó en qué diablos se había metido e inmediatamente le habló al güero Reséndiz y a Luis su compañero de mil batallas.

Iba caminando por la calle de Olmecas, cuando varias ideas se le cruzaron y fue cuando reparó en su precaria salud: fue lo primero que debí decirle al general. Yo ya no estoy para estos trotes y luego sin el dinero. Hablamos de todo menos de cuánto, pero si me dijo que todos quedan asegurados han de ser varios melones.

Llegó a su hogar y se acercó a su cantinilla. Se sirvió un tequila doble y encendió un Malboro. Ciprián volvió a beber y a fumar.  Se acercó a la ventana y no le venían ideas ¡Ya qué! Se decía. Se recostó en su estudio cauch y fue cuando le vinieron las reflexiones:

Pepe Arévalo comenzó el libro con mis aventuras, pero no le conté lo principal por andar en la… no hice familia y ah, cabrón como es fea la soledad. De un sorbo se acabó el caballito de Tequila y entonces, le vino la idea: ¡Yo!… yo como bonzo me achicharro con Trump.

No inmiscuyó a nadie. No dejo rastro, y termino como debo: en la pelea.

Apenas su médico en Oncología le había dicho: Sólo operación y riesgosa, a sus 66 años es posible que no sobreviva.

– ¿Y si salgo bien?

– Ya sabe, cuidado extremo… claro habrá dolor intenso, pero hay medicina paliativa: Inyecciones de “Tramadol” por ejemplo.

En silencio meditó.

– ¡A la chingada! Se dijo Ciprián y le dio con violento giro al plan:

Experto en entrar y salir de USA, excelente erudito en explosivos, venía y aparecía su fuerte: Saber cómo y el cuándo. Explotará cuando este cerca de Trump además sin lastimar a más gente… ¡YO!.. Con lo que me queda de ¿vida? Más bien de suspiro, me inmolo y me llevo de corbata a este cabrón.

Su vida, siempre jugándosela, siempre en la cuerda floja, le hizo desistir de formar un hogar y ahora con un pie en la tumba pensó inteligentemente no inmiscuir a nadie, pasar de incógnito… no existir ni dejar cabos sueltos. Y de inmediato, se dio a la tarea de hacer el plano –y último– perfecto, que le pusiera una corona dorada a una vida –lo ideal– digna de una novela.

Su primera tarea la sintetizó: entrar de incognito a USA y ahí improvisar: conseguir los elementos detonantes… no, ya llevándolos encima desde aquí y pasar la frontera de noche en el avión ligero CESSNA del güero y buscar el lugar idóneo. ¿Encontrarse cara a cara con Trump? E ahí la cuestión difícil… pero antes, asegurar de por vida al hijo que vive con su hermana viuda con tres… cuatro hijos con el de él.

Tomó su celular y le habló al general Antonio que en esos momentos con cierto gesto teatral hablaba de las porras verbales de la presidenta Sheinbaum a la Armada y Ejército que recién habían ayudado con los estragos del último Huracán en Guerrero y Oaxaca.

PIN, PAN PUM sonó su celular y salió al jardín:

– Sin esperarnos tres días ya hallé el método.

– Shhhh… calma Ciprián… estas nerviosón.

– En serio. Ya está la resolución del problema.

– Hecho. ¿nos vemos? ¿En el café de chinos mañana a la misma hora?

– Ok.

Al día siguiente, con puntualidad inglesa, el general vestido de civil y el erudito en increíbles desmanes se vieron. El café estaba hasta el keke. Optaron por no entrar y en un baldío –por  cierto, donde estaba el cine Soto– se sentaron en el pasto seco.

– ¡Como le hallaste al galimatías?

– ¡Va! Yo me voy a inmolar. Mira, general, tengo cáncer irreversible y la voy a hacer de bomba humana.

– ¡No chingues!

– Si chingo y me vas a dar 5 milloncitos pasado mañana. Te aseguro que será una acción limpia. Y los otros cinco a mi familia que yo te indique. Mira, mañana en Perú 77, frente a la Arena Coliseo voy a pasar con mi Jetta y nomás recojo la plata en una bolsa negra de basura y sabrás de mí cuando se expanda por el mundo que Trump ya estará dándole cuentas al Creador.

Parecían dos teporochos que se pasaban el pomo.

– ¿Pero tú no puedes hacerlo sin morirte cabrón?

– Búscale y búscale y no hay de otra y además porqué, sufrir y luego morirme sin pena ni gloria y a propósito vamos a cambiarnos de lugarcito aquí. No chingues, aquí huele a orines y mierda. ¿De acuerdo?

– De acuerdo, y al ir caminando Salvatierra reflexionó. Creo que le hallaste el modo ideal.

– Y hasta puedo hacer creer que fueron los terroristas de Al Kaeda porque me voy a forrar con estampas islamitas.

– Pue-que, si no quedarían huellas… oye entonces ésta es la despedida.

– Así es, Chócala.

Y entre bolsas de basura, dos antípodas defensores de lo que pensaban era el quid del vivir se despidieron.

Ciprián puso manos a la obra: saber la agenda de Trump… ah, pero lo primero es ir por la lana. Al otro día fue a Perú 77, luego les dijo a su amigo el güero Reséndiz que fuera a verlo a su casa y en esa misma noche ya estaban planeando como entrar a USA.

Experto en explosivos de ya, de luego, se dio a la tarea de conseguir lo necesario para hacer un cinturón de explosivos como en las películas un chaleco con cuatro saquitos de TNT que explotarán al influjo de un botón.

De pronto, Ciprián lloró. En verdad era el final y al recoger el dinero se despidió con un buen apretón de manos del general.

De nuevo con el güero Reséndiz que era un pilotazo que se jactaba de –en pleno vuelo– desprender  del tendedero unos calzoncillos al explicarle que lo dejaría caer en donde la agenda de Trump indicara que iba a estar, el güero le preguntó ¿Nada más?:

– ¿Te tengo que repetir todo? Me depositas del otro lado y te vienes. Así nomás me dejas caer cerca de un punto que te indique y te me regresas.

Te voy a dar de luego 400,000 y nos despedimos para siempre.

Hizo lo conducente y cuando iba a revisar con el güero el CESSNA, sintió un agudo dolor en el pecho. Inmediatamente avisó al 911 y una ambulancia lo depositó en la Clínica 408 del ISSSTE.

No llegaron a tiempo y aunque salvó la vida el derrame cerebral hizo de Ciprián casi un inútil.

Aquí es donde se da la terrible sentencia de que los malos son protegidos, por un halo divino…

Vinieron los Sarracenos y nos molieron a palos que Dios está con los malos cuando son más que los buenos ¿Y Trump? Sigue chingando al mundo.

FIN.

Fragmento arreglado del libro El Plan