EL POPULISMO ES EFECTO DE LA BAJA CALIDAD DEMOCRÁTICA: POLARIZA Y DIVIDE

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América Latina está entrando en una tercera etapa del populismo en la postpandemia, con nuevos líderes, y como fenómeno y «estilo» de hacer gobierno, debe ser analizado con una mirada histórica de largo plazo, en el entendido de que no se trata de atacar o defender, sino de explorar salidas institucionales que respondan a la confrontación que produce la lógica populista con la consigna «si no eres mi amigo, eres mi enemigo».

            En la conferencia mensual del laboratorio de ideas organizado por El Colegio Mexiquense, participó Jesús Tovar Mendoza, profesor-investigador del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (CICSyH) de la Universidad Autónoma del Estado de México, quien expuso, entre otras ideas, que en el populismo no hay espacios neutros, por la polarización a que conduce poner las cosas en los extremos blanco-negro.

Se detuvo en la recurrencia del populismo, que está resurgiendo luego de la pandemia, y propuso analizar las causas y efectos de ese fenómeno en las tres etapas en las que se han presentado asociadas a las tres olas democráticas.

Luego de hacer un análisis del populismo en América Latina a lo largo de los últimos 120 años, insistió en que no se trata de una ideología, y habló de los líderes y países en que se dio a partir del ascenso al poder de Getulio Vargas en el Brasil de los treinta.

El segundo momento inició con el ascenso de Fujimori, en 1990, e incluye hoy los casos de Daniel Ortega (Nicaragua) y Nicolás Maduro (Venezuela), con su deriva autoritaria, pese a que, como en los otros casos de la misma etapa, se trata de gobernantes que llegaron al poder por la vía democrática.

Entre los efectos del neopopulismo que se vive hoy en América Latina incluyó la manipulación, polarización, incremento del gasto social, exacerbación de demandas sociales y el autoritarismo electoral, y entre sus causas consideró a los ajustes macroeconómicos en el periodo neoliberal, la amplitud de derechos sociales que ya estaban plasmados, los cuales fueron restringidos, la baja institucionalidad de la democracia, pues las reglas del juego no se cumplen, y hay el clientelismo, el cual es un fenómeno sistémico.

Tovar Mendoza dijo que América Latina está entrando en una tercera etapa del populismo, en el que los líderes populistas no dejan espacios para el diálogo y los acuerdos, pues se consagran a sí mismos como la voz del pueblo.

En los comentarios a la conferencia, Édgar Hernández Muñoz, profesor-investigador de El Colegio Mexiquense, dijo que el populismo es efecto de una baja calidad democrática, es decir, el síntoma de una enfermedad, y por ello hay que buscar sus causas.

Agregó que hay una narrativa que «reivindica» al pueblo, a los pobres, y polariza con una pretendida base ética y una moral política, pero llamó la atención ante el hecho de que los populistas ganan elecciones por su capacidad de movilización, pues la masa ya no es un actor abstracto, las personas van a mítines y votan, hay una base dura de apoyo y lealtad social.

Édgar Hernández Muñoz previno su que si bien la democracia es conflictiva y hay una tensión competitiva, agonistas y adversarial, debe buscarse la calidad de la democracia y calificar a los gobiernos como más o menos democráticos, respetuosos o no del Estado de derecho, susceptibles de ser sometidos a escrutinio y rendición de cuentas.

Hay una amenaza clara del populismo a la democracia y no se puede dejar que sea desmantelada por un afán autoritario, advirtió.

En el mensaje previo a la exposición, César Camacho, presidente de El Colegio Mexiquense, se refirió a la evidente importancia del populismo como tema de análisis, en el contexto de América Latina, y la manera en que el subcontinente ha oscilado entre las dictaduras, la democracias y los populismos.