El primer partido

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¿Sabes lo que es el futbol en España?, o mejor dicho, ¿sabes lo que es el futbol para el mundo? No hay más color y pasión que la que se tiene por ese deporte, no solo es de hombres, también de mujeres. Tocar el balón es felicidad, es tristeza, es enojo, es magia, es arte, es adicción y es profesión, una vida. Iker Carvajal ha pasado por ambos lados: ha sido jugador y aficionado. Actualmente en el bachillerato solo es un simple fotógrafo. Su trabajo es cubrir las notas de los equipos representativos de las categorías varonil y femenil del Colegio Alemán de Barcelona. Él sigue especialmente a una niña que conoce de toda la vida, su nombre Pamela Hernández, capitana de la selección femenil de la escuela y jugadora de fuerzas básicas del F. C. Barcelona Femenil.

Como ya he mencionado, es una pasión que rebasa fronteras y gustos, edades y mucho más. El futbol fue el inicio de una gran relación de estos dos jóvenes. La historia de ambos chicos coexiste gracias a la pequeña distancia que tienen entre sus nacimientos, su ciudad, su colegio y su rivalidad. Como todo relato, un personaje tiene un día en que todo comienza, que para este futbolista fue el día 30 de abril de 1999, año en que el futbol disfrutaría de la Copa Confederaciones, esta fue ganada por la Selección Mexicana al vencer a Brasil. Un año y algunos meses posteriores, el 6 de octubre del 2000 nació la futura maga del futbol. Tres meses después de que el Paris Saint-Germain fichara a Ronaldinho, el astro brasileño.

En fin, nuestra historia tiene como punto de partida un 11 de marzo de, un no muy lejano, 2005. Año en que el Liverpool, club del futbol inglés, se coronaba tras la mejor remontada en finales de Champions League, al vencer en penales al poderosísimo Milán, tras ir perdiendo tres a cero. Aquel día, Iker, un niño de cinco años, de cabello castaño, piel blanca, de rasgos muy finos en su cara, que no alcanzaba el metro de estatura y que portaba el número tres de los periquitos del Espanyol, jugaba un partido muy importante. Él y el resto del equipo enfrentaba a sus archirrivales de la ciudad, nada más y nada menos que el F. C. Barcelona.

Los blaugranas contaban con un equipo mixto, la dorsal diez la llevaba una pequeña cuyo nombre era Pamela. Ella tenía cuatro años y medía aproximadamente cuarenta y cinco centímetros, con una cara redonda y tierna, una piel más blanca que la nieve y un rostro que empezaba con una o dos pecas. El entrenador del Espanyol, era otro padre de familia. Él tenía pelo canoso como la espuma de una buena cerveza y un rostro cubierto por una barba bien formada, medía como un metro setenta. Aquel día vestía con un pants de color negro; antes que el juego iniciará, como la mayoría de los místeres, motivo a su equipo y pidió algo especial al futuro fotógrafo escolar:

—Quiero que marques a esa niña como si tu vida dependiera de ello, ¿entendiste Iker? ¡No la puedes dejar pasar ni en una sola jugada!, ¡es tu responsabilidad!

El árbitro dio el pitido inicial, pronto la posesión del balón fue de los periquitos. Pasaron diez minutos y seguían paseando el esférico de lado a lado, tal cual les había pedido su entrenador. Para el infortunio de estos, fueron los únicos seiscientos segundos que pudieron tener el balón en los pies. Llegó el primer tiro a portería, nada difícil para el portero, la atrapó sin ningún problema. El Barcelona empezó a hacer lo suyo. Pronto le llegó el primer balón a la número diez, atrás de ella ya estaba el tres de los periquitos. Sorpresivamente, con su baja estatura, se lo llevó por velocidad, ahí empezó el martirio del pobre Iker, que a pesar de que intentó con todas sus ganas y fuerzas no desmarcarse de aquella niña que traía unos tachones Nike total 90, fue superado en múltiples ocasiones. La habilidad de Pamela se empezaba a desarrollar y en ese preciso momento ya tenía esa magia, que siempre le caracterizaría. La niña lo humilló, el Barcelona ganó cuatro a cero a los periquitos, finalizando el juego, aquel niño de rasgos finos recibió su primer regaño:

—¡¿Iker qué te ha pasado todo el partido?! Tu equipo confió en ti y solo lo decepcionaste. ¡Te ha hecho lo que quiso! —gritó el míster muy enojado.

El entrenador de Iker se lo tomaba muy en serio y no comprendía que apenas ellos empezaban a jugar. El niño de cinco años salió corriendo hacia su mamá y con varias lágrimas en los ojos. Pamela, la chica que lo humilló, aún no se había ido y se encontraba también con su madre, quien hablaba con la madre de aquel que lo intentó marcar, al ver cómo llegó su rival, trató de contentarlo.

—Niño, ¿qué te pasa? —preguntó Pamela con una voz muy tierna.

—Nada que te importe —contestó Iker secándose las lágrimas, frunciendo el ceño y dándole la espalda a la niña.

Al ver la acción del niño, Pamela lo rodeó con un abrazo, este lo rechazó, fue allí donde su madre adoptó medidas. María, la madre de Iker, era una mujer alta y guapa, delgada y de piel morena, de hermosos ojos cafés, con una cabellera negra y siempre vestida para la ocasión. Ese día vestía con un par de pantalones de mezclilla y una blusa blanca.  Al ver las actitudes de su hijo, le tuvo que hacer una corrección en público, aunque siempre era pasiva, así que en vez de un regaño, parecía una sugerencia o recomendación:

—Vamos Iker, no seas tan grosero. Ella solo te quiere ayudar —mencionó ella sonriéndole a su pequeño. Él comprendió lo que su madre decía, así que también abrazó a Pamela, allí María tomó una fotografía para el álbum de su pequeño. Después de eso, se pusieron a dar pases entre sí, la inocencia de ambos niños rompió la rivalidad y recordó que el futbol es un juego.

—Adiós niño —se despidió Pamela sonriendo cuando su padre llegó por ella y su madre.

—Adiós niña —correspondió Iker sonrojándose.

Esa fue la primera vez en que ambos hablaron y se dieron cuenta del lazo de amistad que ambos podían tener, el problema es que esto no se repetiría por un largo tiempo.