ÉL

Views: 1400

Nuestras opiniones nunca van a ser la representación de él. La función de ellas debería de ser avivar nuestras llamas. 

Tener dignidad es algo esencial para poder vivir, sobrevivir y sostenernos de pie, de la misma manera como lo es él. 

Los árboles son sus mejores amigos, siempre se esfuerzan para que él esté presente y nunca se vaya de nuestras vidas. 

Él proviene del alma, desde muy al fondo de nuestro ser, él nos da la posibilidad y libertad de vivir y estar aquí. 

Él es como una  montaña rusa, está en un constante sube y baja y cuando se para, el juego siempre habrá terminado. 

La tan buscada y conocida, posibilidad,  esta formada por él que permanentemente se esfuerza por darle prosperidad a la esperanza que todos buscamos.

Los despertares gracias a la potente fuerza de él, son maravillosas, porque nos recuerdan que seguimos vivos y que estamos de pie. 

Ser comprensivos, saber escuchar, tender una mano, siempre con una pisca de solidaridad, es una forma de entregarlo a él a otra persona, como un abrazo emocional. 

El dinero y él tienen algo en común: que ambos son indispensables para poder vivir y quedarnos ocupando aún parte de este planeta. 

Cuando cantamos, música alegre, música festiva, es una forma de celebrarlo a él y aprovechar su existencia. 

Su importancia es tan grande para nuestro ámbito natural, como nuestra fe lo es para nuestro ámbito espiritual. 

Hay elementos que necesitan hacer uso de él constantemente, los músculos no son uno de ellos. 

La vida misma, así como el fuego, es decir, sus llamas, son directa y altamente comparables y lo que contienen lo tienen en común. 

Las buenas acciones  que nosotros realizamos y él, son similares, suelen ser casi siempre invisibles, y nadie las suela notar, hasta que desaparecen, y es ahí, donde se les extraña. 

Él tiene la capacidad de convertirse en varias cosas para nosotros, es un tipo de mutante, puede ser la playa, puede ser un libro, puede ser la nieve, un cafetín, cualquier cosa que nos dé un respiro. 

Algunos dicen que el amor no necesita ningún tipo de combustible para encenderse, ni tampoco a él para alimentarse. 

El cuerpo constantemente lo necesita a él como la mente necesita la paz, una forma de obtener esto es a través de la meditación. 

 Y como Plácido Domingo, tenor famoso sostuvo: La atmósfera del teatro es mi oxígeno.