ELLA AUSENTE

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Amarilla se puso la piel de las paredes al notar la usencia de esa niña que crecía.
Algo sucede que no ríe en el cuarto de adobe. Todo comenzó a dar vueltas, los
jarros colgados en la pared desnuda, trastes en un rincón sin orden ni razón y la
mesa sin una pata sostenida por tabiques.
La estufa prendida sin nada que cocinar, sillas de palma deshilachadas con esa
tenue luz del foco que sube y baja; láminas de asbesto crujen con el viento y tres
perros mirándote a los ojos.
Poco a poco caes en esa maraña de pensamientos sólo con su rostro en todas
partes y su nombre pronunciado tantas veces. Tu hijo pequeño hablándote que
tiene sed, tiene hambre y no tienes nada que darle.
Miras el reloj y no camina, la noche se come a los que no regresan a casa a
tiempo es momento de salir de ahí. Gritas su nombre que nadie escucha, tocas en
cada puerta del vecindario, preguntas si está ahí, con la esperanza de verla
aparecer, nadie la ha visto, no saben de ella, en esa indecisión estás, si esperar o
correr por la calles.
Cuentas minutos… son horas transcurridas, preguntas si huiría de casa y no
sabes el motivo ¿Qué pasa con ella? ¿Dónde está tu pequeña adolescente? ¿Con
quién está? ¿Dónde ha ido? Miles de preguntas que resbalan a tus rodillas, no hay
respuestas.
No amanece, y la angustia se apodera de alma, tu llanto no es de miel, vagas por
el cuarto de tres por tres. Tus hijos duermen, respiran, observas sus caritas
sucias. Vienen recuerdos de cuando ella era una niña y dormía entre tus brazos,
su risa llega como un torrente que no es un bálsamo para su ausencia.
Te quedas detrás la puerta, nada puedes mirar en la oscuridad, crees mirar su
silueta tras la rendija donde vigilas, nadie está despierto solo tú velas su regreso.
No amanece para buscarla es la noche más larga, oras, no dejas de orar por tu
hija perdida que está donde no amanece.
**

Vas tras la huella de su presencia, en calles desiertas a media noche, sólo tu
sombra te persigue. Con miedo te atreves a preguntar si la han visto a un grupo de
muchachos que fuman marihuana, ese olor que llega hasta a ti se cuelga de tu
tristeza, nada más te ignoran te miran doblar la esquina.
¿Quién es ella?, la desconocen, creen que la vieron ayer por la mañana,
desconsolada das pasos disueltos en la incógnita de un dolor clavado en el pecho.

Sólo la luna llena te da esa luz necesaria y te acompaña en esos minutos que
tiemblan en tus piernas ante el temor que de ti se apodera.
¿A dónde ir? A la comisaria, a la delegación, a la policía, no la buscarán hasta
que la den por desaparecida. En cuarenta y ocho horas con la bruma entre tus
pasos, la noche se encarga de llevársela más lejos de casa.
-¿Dónde estás hija mía? Le pregunta a la banca vacía de un parque peligroso
¿Dónde te has ido? La escucha el cielo, regresa, regresa, regresa te lo pido.
Todos sus rezos conocidos son repetidos una y otra vez.
Sin descansar camina y camina con su sonrisa metida en el pecho, con el sonido
de su voz cargada en su alma, con la plenitud de sus días vividos, con su modo de
andar y su forma de hablar. Con el recuerdo de sus sueños, los rizos de su pelo y
color de su piel.
Con todo ese dolor que no te deja respirar, que no te deja pensar con claridad.

***

-Es mi hija- gritas para que escuchen todos con su fotografía en la mano. Sin que
nadie se detenga a mirarla.
-Está pérdida, no está en ninguna parte, desapareció. Puede estar secuestrada,
no está en casa- las personas caminan aprisa con el temor de enterarse, no
quieren saber que alguien más no está en su lugar, disimulan no importarles
porque tienen miedo como tú.
-Es mi hija- sigues gritando, la gente se muestra indiferente y sigues hablando -no
es nada de ti, no te duele, no te importa, ni te causa angustia como a mí. Eso ya
lo entendí, no pasa nada.
Aún está la tormenta de nieve, cae sobre el rostro de la madre. Las leyes no
actúan, no pueden hacer nada.
-Quizá solo se fugó de casa pronto volverá no se angustie, no se ponga mal-
alguien se apiada de tu dolor y te da estas palabras de esperanza.
-Es mi hija, haré lo que sea para encontrarla no me importa lo que piensen
ustedes burocracia corrompida, no me la devolverán viva.
Vives en la angustia día a día de escuchar el teléfono, su foto está en los
periódicos, en la Alerta Ámber, el radio informa de sus señas, en cada poste de
la ciudad están tus datos, en las redes sociales no se deja de comentar.
En la escuela, sólo se comenta de su desaparición al salir de esa institución. No
duerme la madre de Laura, de Natalia, de Guadalupe, de Inés, de María, de
Maribel, de Mónica, divagan en el espacio de este mundo, de este país, de esta

ciudad, de este pueblo, de esta delegación, de esta colonia. Donde las lágrimas
se secaron de tanto llorar y no hay noticias.
Ella sigue ausente.