EMPIEZA EL VERANO Y QUEDA PROHIBIDO NO DISFRUTARLO

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El verano es la temporada que nos recuerda que debemos volver a vivir. Todo lo bueno, todo lo mágico sucede entre los meses de junio y agosto. El verano es siempre mejor de lo que podría ser. Tarde de verano; para mí estas han sido siempre las dos palabras más hermosas en mi lengua. Porque un poco de verano, hace que todo el año valga la pena.

Esa es la sabiduría del verano. Nos enseña a estar completamente despiertos, comprometidos y abiertos a todo lo que nos rodea. Se trata de estar al aire libre, ya sea en calles pobladas o en plena naturaleza.

Si bien el verano es un estado de ánimo. Hagamos lo que hagamos durante sus pocos meses, el verano permanece fijo en nuestra conciencia colectiva. Esta es la temporada en la que se forjan muchos de nuestros recuerdos más profundos; juega un papel protagónico en el carrete más destacado de nuestra infancia.

Así mismo la entrada de esta estación significa el “Solsticio de Verano” el día más largo del año en el hemisferio norte suele dar inicio al verano y, con él, a la cosecha.  Los solsticios ocurren dos veces al año: hacia el 20 o 21 de junio y el 22 o 23 de diciembre de cada año, dependiendo del hemisferio.

Tras ese instante, el Sol “retoma su recorrido” hacia el hemisferio sur. El fenómeno que vemos es que parece que se queda quieto para luego volver a subir en el cielo, y el trayecto que toma la estrella más grande del universo genera el día más largo, es decir, con más horas de luz en el año, aproximadamente unas 15 horas de luz solar. En este desplazamiento El Sol se dirige al nivel del horizonte, hacia el sur, dando así paso al invierno en el hemisferio opuesto y dejándose ver un número mínimo de horas. 

El solsticio de verano no es un fenómeno nuevo, desde hace mucho tiempo atrás las civilizaciones han rendido culto a este evento astronómico con el fin de celebrar y aprovechar los meses cálidos, las horas de luz y lo que ello permite: disfrutar al aire libre, realizar actividades amigables con el Medio Ambiente, temperaturas altas y calurosas, senderismo o ecoturismo.  En otras civilizaciones también se buscaba celebrar el tiempo de cosecha, renacimiento o esperanza; depende de la perspectiva personal de cada individuo, pero vale la pena vivirlo.

En este sentido el verano está lleno de placeres sencillos al aire libre, como la sensación del sol y el viento en brazos y piernas recién descubiertos. La temporada encierra una especie de felicidad nacida de escapes de cualquier tipo. Sabe a verduras asadas y frutas tan maduras que gotean por la barbilla.

Este es el momento de salir lo más que puedas durante el mayor tiempo posible. Cuida el jardín, trepa a los árboles, nada en las olas, come al aire libre, da un paseo al atardecer y duerme bajo las estrellas.