EN 2 DÍAS ARRIBARON PEREGRINOS A LA BASÍLICA MÁS QUE EL DOBLE DE POBLACIÓN DE COSTA RICA

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Se dice que la peregrinación más grande a la Basílica de la Virgen de Guadalupe, la tiene el Estado de México con cerca de 15 millones de feligreses que parten desde diversos puntos de la entidad, en particular desde la capital mexiquense. Sin embargo, las olas de personas que arribaron entre el miércoles 11 y el jueves 12 de diciembre al cerro del Tepeyac, representan casi el doble de la población de países como Costa Rica, El Salvador, Finlandia y Hungría, el cuádruple de naciones como Eslovenia y 13 veces más que el total de la población de Luxemburgo, ya que se registraron hasta la noche del miércoles 8.5 millones de visitantes.

La atmósfera que se vive en la cuna de la esencia guadalupana, envuelve a cada persona que pone pie en la explanada grisácea que permite que resalten los colores verde y dorado que adorna la vestimenta de la Morenita.

“Venimos cada año para darle gracias por un año más de vida, porque a pesar de las dificultades que pasamos, sabemos que ella siempre está con nosotros”, resaltó Nicolás, quien viajó con su familia desde Tlaxcala.

Con frío, sol, viento helado, cansancio, sueño, sed y hambre, la fe es la que mantiene de pie los cuerpos de los que pasaron la noche entonando las mañanitas y elevando oraciones al cielo, para que la Virgen pueda escuchar sus plegarias, sus agradecimientos y consternaciones.

“A mí no me importa pasar hambre o frío, esto es algo que hacemos solo una vez al año y nuestra morenita está siempre presente, ella nunca nos da la espalda, entonces no tenemos que verlo como un sacrificio, sino como un regalo”, dijo Salvador de 34 años que viajó con su esposa y su hija de tres años desde Ixtapaluca.

El hambre realmente pasa a segundo término, pues tienen la certeza de que siempre tendrán feligreses que portan tortas, tamales, sándwiches, pan dulce, chilaquiles o enchiladas, por lo que el tiempo es enfocado totalmente a la Virgen, madre del ombligo de la luna.

Entre velas sus manos se calientan, las colocan con sonrisas y también con lágrimas fuera del templo, en tanto que existen quienes visitan a la Basílica para pedirle a la Tonantzin salud por un enfermo, la libertad de un preso, el hallazgo de un familiar o ser querido desaparecido o por un trabajo que les permita tranquilidad en sus hogares.

“Llevo todo el año con la esperanza de que mi hijo salga de la cárcel, porque fue preso de manera injusta. Yo sé que la virgencita me escucha, yo sé que está con él y que lo arropa con su manto, por eso vengo a dejarle una veladora, que haga que esta llegue a donde está mi hijo y lo ilumine”, puntualizó con un sentimiento lacrimógeno Romina, quien desde Tabasco viajó más de 20 horas en autobús.

Las historias y los corazones se unen en esta fecha, que para los no creyentes resulta en una exageración, no obstante para los fieles católicos y guadalupanos, significa amor y devoción.