En vez de mejorar vamos para atrás dice Rius sobre el país, hace un recuento de sus obras

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A los 81 años de edad murió físicamente Eduardo del Río, mejor conocido en los bajos mundos de la caricatura como Rius. Hace ya cuatro años, en el 2016 le hice esta entrevista, en donde hace un recuento de su trayectoria.

¿Un poco de historia, qué recuerdos le traen a su mente la revista Caja?

Fue para mí como mi kínder garden, ahí empecé a hacer monitos, me trae recuerdos muy agradables, además era una revista donde no teníamos que hacer cartón político, era una delicia hacer el humor por el humor, era muy agradable.

¿Fue una buena escuela?

Eso fue lo que me permitió entrar a este mundo fabuloso del humorismo, es una profesión muy rara donde tiene uno la posibilidad de burlarse de todo el mundo del Papa para abajo, del Papa para arriba, es una ganancia para uno, como periodista, burlar o criticar abierta e impunemente de los poderosos de los dizque gobiernan.

Ahora sí, más que nunca es dizque gobiernan.

Desgraciadamente hemos llegado a una etapa en la vida de este país que podemos decir realmente que todo tiempo pasado fue mejor, en todos los aspectos de la vida del país y de la sociedad vamos para atrás, estamos peor que antes, no me lo esperaba.

Esperaba que dentro de la calidad de mexicanos que somos y del tipo de sociedad que hemos hecho, nos han hecho, fuéramos poco a poco creciendo, aumentando nuestra capacidad de productividad, tener mejor sistema educativo, mejores leyes, mejor justicia.

Que le hicieran por primera vez justicia a indígenas y en todos los aspectos de la vida desgraciadamente lo estamos viendo ahora que vamos para atrás, eso es muy triste para un país.

Otro recuerdo ¿cómo fueron sus años en el seminario?

Recuerdo con mucho agrado mi vida en seminario, porque había mucha felicidad porque no teníamos responsabilidades, cuando uno vive así, sin responsabilidades, está dedicado únicamente a comer, a jugar, a estudiar pero no teníamos encima ninguna de esas responsabilidades que luego nos tocó adquirir y lidiar con ellas.

En ese tiempo uno es feliz inconscientemente.

¿Qué circunstancias obligaron a Rius a crear Los Supermachos?

En parte fue la necesidad de tener un trabajo. En esa época llevaba diez años trabajando en los periódicos, pero llegó un momento en que me corrieron de todos los que había en ese tiempo y en los que podía trabajar, estaba decidido a dejar la profesión y dedicarme a vender zapatos o jabones, no sabía qué iba a hacer.

Una noche cuando estaba despidiéndome de los cuates de la profesión, me encontré con un amigo, habíamos trabajado muchos años en la prensa y me dice por qué no haces historieta, porque nunca he hecho historieta, no sé cómo se hace, me dice a ver qué se te ocurre y me lo llevas, nosotros vamos a hacer una pequeña editorial para editar historietas, por si se te ocurre algo.

Entonces la necesidad de tener un trabajo y seguir comiendo más o menos tres veces al día, me obligó a hacer una historia y afortunadamente salió bien la experiencia, le gustó a la gente y empecé a vivir con más tranquilidad, porque es un medio donde se tiene la posibilidad de tener un ingreso fijo, no dependiendo únicamente del capricho del director del periódico o de servirle a sus intereses.

Es un trabajo muy noble, muy pesado pero me permitió tener un ingreso fijo y casarme, me quería casar, atarantado que es uno, esa es otra historia.

¿Después qué pasó con Los Agachados?

Perdí por triquiñuelas en parte del gobierno y en parte del editor, perdí el derecho de seguir haciendo Los Supermachos, entonces afortunadamente me encontré otro editor, un editor de izquierda que arriesgó todo para hacer otra pequeña fuente de trabajo Editorial Posada y con ella diseño mucho más contento Los Agachados y se convirtió en una historieta que me ayudó a desarrollarme como dibujante y como humorista.

Quedó ahí como parte de la historia, la historieta como una experiencia que aportó mucho a la historieta mexicana, eso me han dicho a la mejor no es cierto.

¿Cómo descubrió sus dotes para hacer caricatura?

Haciendo monos y más monos. Me di cuenta que tenía ciertas facultades, ciertas facilidades para hacer humor gráfico y que las ideas me llegaban y todavía no he descubierto de dónde me llegaban, pero me sirvió para desarrollarme como caricaturista y no lo he hecho mal.

No se puede decir que me haya convertido en un excelente dibujante ni mucho menos, pero el tipo de monitos que hago le han gustado a la gente, la hacen reír y he tratado que el humor que manejo le aporte algo a ella, algo más que la risa.

¿Cómo ve el panorama de la caricatura en México?

Tenemos tan malos gobiernos que hay materia para hacer buenas caricaturas, si el país anduviera muy bien casi, casi, los caricaturistas nos quedaríamos sin trabajo, no habría nada que criticar.

Es una situación especial, a los caricaturistas necesitamos que anden mal las cosas para tener dónde surtirnos, dónde hacernos de argumentos para nuestro trabajo, si el país va mal, nosotros vamos mejor y es una paradoja, porque aparte de caricaturistas somos ciudadanos y somos seres humanos.

Tenemos familia y nos afecta igual que el país ande mal, como ciudadano lo estamos sufriendo, pero como caricaturistas tenemos que alegrarnos de que las cosas vayan mal, es una contradicción seria que tenemos que sobrevivir a esas situaciones.

¿Hay caricaturistas que prácticamente hacen retratos, esto es válido, es una variante?

Parte de la caricatura ha sido esa, saber hacer buenos retratos caricaturescos de los personajes a los que tenemos que referirnos atacándolos. Siempre ha habido buenos caricaturistas personales, ahora está el ejemplo de Naranjo, de Helio Flores, de Hernández que está haciendo muy buenas caricaturas personales.

Además con intención, antes los caricaturistas personales se ocupaban únicamente del parecido y que la gente los identificara, pero ahora le aportan una intención más fuerte.

Hay muy buenos caricaturistas en México, de todos los estilos y casi todos son gente que ha leído, que ha pasado por las universidades, que están preparados, que militan incluso políticamente, que se preocupan por hacer esta profesión honorable.

Antes se consideraba a los caricaturistas como bohemios, que nos dedicábamos al trago y a pasarla bien, pero ahora viene una generación, ya viene desde el 68, creo que se estableció otro tipo de caricatura más crítica, más conocedora de lo que se puede hacer y le permite a é, defender su trabajo ante el editor o ante el dueño del periódico.

¿Hay más libertad ahora?

Creo que sí, hay más libertad, pero también hay más cinismo de parte de los gobernantes para aceptar las caricaturas, se llegan a dar casos de políticos que son víctimas de una caricatura y tienen el cinismo de ir a comprar al autor para tenerla ahí en la cantina de su casa para presumir que Naranjo les hizo una caricatura.

Es malo eso, porque la prensa al ejercer su derecho de opinión y de prensa debería tener la respuesta del criticado, la respuesta del gobernante para poner una solución al problema que está uno planteando ahí, pero eso no se ve en México, desgraciadamente.

A la prensa no le hacen caso los gobernantes, se concretan a decir hay libertad de prensa y miren cómo nos atacan en Proceso, en El Chamuco o en los periódicos que hacen buen uso de la libertad de prensa.

No ponen remedio a lo que se está criticando, debería haber una especie de diálogo entre la buena prensa y el mal gobierno, el gobierno que aceptara que la critica que se le está haciendo tiene razón de ser hecha y que le pusieran una solución a esos problemas, que está señalando la prensa.

¿A qué caricaturistas admira o ha admirado?

Pues casi a todos. Siento que son mejores que yo, yo soy muy mal dibujante, mi admiración es para los caricaturistas que no sólo son buenos dibujantes sino que son buenos humoristas también, hay muchísimos.

Empecé admirando, casi copiando a Abel Quezada, era monero, pero tenía muy buenas ideas, su filosofía de la caricatura era extraordinaria y siempre lo vimos como no sólo como un caricaturista común y corriente, sino como un maestro.

Igual pasó con Rafael La Ranita Freyre que ha sido uno de los grandes olvidados de la caricatura en México y con otros del mundo de Argentina, de España, de Italia que la gente casi no conoce, pero que nosotros, como colegas de ellos, sí los reconocemos y admiramos.

¿Cuál es su opinión de la caricatura a base de fotos?

Le digo que es un caricaturista de la cámara fotográfica, es muy bueno, tiene muy buen humor en sus trabajos y la fuerza que adquiere muchas de sus caricaturas, caricaturas fotográficas es igual o muchas veces superior a una caricatura dibujada, él es muy bueno, es parte de ese grupo de humoristas que se dio aquí en Jalisco, en Guadalajara, sobre todo.

Donde entraron o entran Gis y Trino, y Falcón, ese grupo que hizo aquí La Mamá del Abulón, una serie de publicaciones que fueron ejemplares para muchos de nosotros y se nos hacía rarísimo que se diera ese tipo de humor en Guadalajara, ciudad muy cerrada, muy mocha, medio retrógrada a veces.

¿Cómo surge Casa de Citas?

Este libro surgió de una sección que tengo todavía en El Chamuco que trató de ser una sección que se separará mucho del humor político, bueno el humor político que aparentemente aparecen en la revista, de ocuparse de los políticos, yo estoy cansado y aburrido de estar atacando a los políticos, no funciona así.

Pensé que una sección de este tipo le hacía falta a la revista porque es una sección medio cultural se puede decir, es la cultura de esta filosofía, el humor que es para burlarse de lo mal hecho de los defectos de la sociedad, pero lo hace en otra forma.

Procuré siempre que las citas sean humorísticas, pero que al mismo tiempo hagan pensar a la iglesia, no sé si haya tenido éxito, pero creo que sí, porque la Editorial Planeta se decidió por hacerlo libro.

Yo estoy feliz con él.