Entre la última y la primera del año ¡Decidí!

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En medio de la última noche de este año y la primera del nuevo, tengo la casa revuelta, no he tendido la cama al levantarme, los platos están en el fregadero y a mi paso he dejado cada una de las cosas que ocupo.

Decidí despreocuparme por el orden, decidí desayunar cereal con plátano endulzando el café con azúcar refinada, ¡Decidí que las calorías no me importan! Me he bañado mereciendo el disfrute del agua fresca en mi cuerpo, mirarme en el espejo de mí, así como también decidí abandonarme en la atrevida perdida de mi persona. 

Decidí acumular la ropa en la cama, he comido lo que me ha gustado, he disfrutado el sabor empalagoso del refresco a la par que he mirado por la ventana –en medio del humo del cigarro– dispersas  figuras de pensamiento que me acompañan en este último sábado de diciembre. 

Decidí silenciar el celular arrinconando el innecesario ruido del mundo que, irrepetibles veces atormenta esta frágil mente escribana. Decidí darme horas silenciadas apreciando a la mujer libertada de los holocaustos del pasado y de un inútil panorama imaginario.

Decidí la completud de ésta que me habita, explicarme que, albergo un alma sinuosa que construye y destruye sueños, suplicios y fantasías que, en repetidas veces, esta clarividencia quiere abandonar la acaecida historia de un presente que no distingue un incierto futuro idealizado por los hombres. 

Por algunas de estas incipientes razones, decidí disfrutar cada soplo de vida: la luz, la música, el aire, el frío, el amor, la desilusión… dejándome llevar por la mujer que me habita. Decidí vertirme para mí,  comulgar con esta luz surgida de los infiernos del pensamiento  que a veces, a veces, suele volverme delirante. 

Hoy decidí abandonarme en esos días donde todo es inútilmente solitario pareciendo que la caída es una constante desesperación, una interminable pérdida de todo, en el agobiante sin sentido de la vida, así, sintiendo, sintiendo que así se toca fondo; cuando sientes que nada tiene motivo, pero, cuando pareciera que el abismo es interminable, una maravillosa música divina emergida de lo más inhóspito de ti, grita en tu interior, un  universo que  te toma entre sus brazos para lanzarte intempestivamente al resplandeciente día de un nueva alborada, a un nuevo hálito divino, a un nuevo aliento de luz. ¡Feliz 2025 almas de sendero!