“Escombros de un amor suicida“ de Fausto Leyva
En éste, uno de los poemarios fundacionales de Fausto Leyva (Editorial Taller de Creación Literaria y Los de la reja Editorial, México, 2023) no hay motivo alguno que legitime la muerte del amor, de la belleza, de la poesía.
Fue inminente este sucumbir/no me enteré del momento/sólo te fuiste/ de tu simbólico origen quedó el vacío/
El poeta, sujeto incapaz de conservar la integridad del afecto, contribuye así a su ejecución. Ya que no es suficiente con soportar cargas por la desesperación del no ser, se condena –él mismo– a mal vivir ya que no puede hacer otra cosa.
tengo el sentimiento inundado de tanta lluvia/ y he estado olvidando nuestras tardes/del pecho me creció una luna menguada/una suerte de taciturna luz/apenas para verme lo maltratado/la última vez que arrastré mi lengua por tu filo/supe del sabor de la tristeza/
Respaldado por la práctica de la melancolía, deja de lado la prudencia y las leyes que determinarían que es incorrecto su proceder, intentarían equilibrarlo con estudios y tratamientos complejos, ya esta laconía ha invadido todo terreno, sin evitar las muestras de furor y locura.
Espero que un cohete chino caiga sobre mí/ es una excelente idea/ no quedará rastro alguno/ni mi nombre/ sólo sería un daño colateral /una muerte más/una nota roja perdida.
Tormento, enfermedad de las emociones y los entornos constituyen otro campo de exploración antes de pensar en que el amor, antes de morir, incluso, tome el desenlace del suicidio, convirtiéndose en un amor suicida. Léase bien, compréndase esta infamia: el amor suicida, aquel que oculta los acontecimientos, que conseguirá rendirse al tedio vital, al dolor, al grave pecado que no pudo evitar para conseguir la felicidad en términos místicos.
Retrasa el afán de evaporarte en despedidas/ aferrémonos al noctámbulo deseo/ al filo de la nada/ al borde de nosotros/ con el vértigo acariciándonos/ a punto de arrojarnos a tiempos que ya no serán/
El poema se muestra aquí, como un acto instrumental de una energía desmedida, ahí es donde el tímido y débil amor se rinde, vulnera maléficamente su propio cuerpo (el del texto escrito en verso) mismo que ya no es partícipe de ninguna llama. Ha sucumbido a la impaciencia, verdugo de sí y la forma o método utilizado lo lleva a la destrucción, exhibición de formas malévolas, ignorancia de lo divino.
Su voluntad dolosa, adopta un lenguaje crudo simplificando la situación a sus componentes esenciales, el tema se vuelve sórdido asemejándose al realismo sucio narrativo, tan propio de las vivencias de la gente en las ciudades, por supuesto que la voz enunciativa de los poemas no concluye con alguna enseñanza, el uso de venenos como el alcohol, el tabaco y otros, incluyendo el perfilamiento de la mujer como femme fatale, aquella que le exige salir de la mediocridad y la frustración por lo menos o abandonar la monotonía de su existencia
Y el sol lastima mi carne que ya nadie extraña/ que se quiebra de indolencias al levantarme/ siempre derrotado y vacío/ con la muerte que ocupa mi lugar/ en una realidad repugnante/contemplo los escombros de un amor suicida
Y aunque deliberadamente, no llega a conformarse un alter ego literario, en cada poema vemos un individuo identitariamente forjado en la intemperancia que desdeña la institucionalidad construyendo un sentido del escombro, memoria colectiva de aquello que queda después del estallido, esta versión del vencido es crucial para comprender la existencia dominante de los vencedores en el amor, en la literatura, en la sociedad. Al mismo tiempo que procesa el trauma, la imprudencia, acaso demuestre la resiliencia para asumir y aprender de los errores y apelar a la comprensión humana y social. Continuará…

