Esculturas en el actual Paseo Tollocan

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De Ciudad de México viniendo a Ciudad de Toluca, para ser recibido por el Arco y sus tres aperturas —eso han sido siempre en sus dos amables caras—, del occidente al oriente, del oriente hacia el occidente: cuenta con frase que señala importancia de la Provincia en la cultura popular del país: así con bellas palabras recibe a fuereños amorosamente con el texto: Toluca es la provincia y la provincia es la Patria. Dos frases o versos que son expresión amorosa de los que habitamos el Valle que nos da hogar, son obra del poeta Horacio Zúñiga, originario de esta ciudad y uno de sus escritores más importantes del siglo XX.

Admirador de José María Heredia y Heredia, el cubano-mexicano del siglo XIX, quien muriera en 1839, siendo por su obra de crítica literaria, editor, promotor cultural, ensayista, poeta y narrador, por lo que es con suficiencia el Padre de las Letras Toluqueñas; supo señalar a los habitantes del Valle del Matlatzinco, la grandeza de que estaban ungidos por su patrimonio cultural y patrimonio natural que se veía por todas partes en el siglo XIX. Su poema al Teocalli de Cholula recuerda a Matlatzincas —palabra náhuatl— la estirpe de que vienen desde lejos en el tiempo. Dicha palabra nahua sigue vigente en la cultura de 200 años de vida independiente. Cultura que es prueba de que más de 500 años no han podido sepultar o desaparecer raíces de que está hecho el mestizaje mexiquense y mexicano. Por eso es importante el Paseo Tollocan, porque es camino legendario, vía hacia el Valle de México, que es historia y tradición de lejanos milenios. Ha visto pasar la monografía e historia del llamado Valle del Matlatzinco: insistente nombre que recuerda que venimos de lejos en la vida humana de este territorio del Matlatzinca, donde han sido vecinos los otomíes, mazahuas, tlahuicas y aztecas.

 

Eran años a mitad del siglo XX cuando del occidente y hacia el oriente, el enhiesto arco de tres bocas, despide a toluqueños en su camino hacia el Monte de la Cruces en terrenos de la Marquesa, delegación municipal de Ocoyoacac: territorio de leyenda por que en dicho lugar está el Monte de las Cruces, lugar en que se realizó la batalla con fecha de 11 de octubre de 1811: el ejército de miles de desarrapados que andaban con el cura Miguel Hidalgo y Costilla derrotaron al ejército realista                           —amenazando con ello—, tomar la Capital de la Nueva España y así echar al mar a los españoles y su imperio. Incógnita de nuestra historia es el saber por qué no se hizo el padre Miguel Hidalgo y Costilla.

San Mateo Atenco es lugar donde se construyó el Arco con sus vistas cual ventanas que cambian según el clima y el horario de cada día o noche. Reviso la edición San Mateo Atenco / pasos firmes en el pasado, presente y futuro publicada en el año 2017 y compilada por el cronista municipal José Luis Tapia Arriaga. El cronista municipal cita, pasos en la historia / San Mateo Atenco a través de los siglos. Dice: El desarrollo histórico de San Mateo Atenco, va de la mano con su proximidad a la cuenca del alto Lerma, así como a un complejo lacustre agrícola. Es el mayor indicador de la dependencia humana a múltiples recursos alimenticios y materiales que ofrece todo el año un medio ambiente privilegiado. En tiempos que han quedado guardados en la memoria, los alrededores del Valle de Toluca fueron lugares de pueblos diversos como otomíes, mazahuas, tlahuicas y matlatzincas. Crónicas españolas refieren a fuentes aztecas que hablan de los matlatzincas. No está claro, si hablan de pobladores del Valle, hablantes del idioma o solamente de los habitantes de la región. Matlatzinca en náhuatl significa señores de la red, los que hacen redes, o simplemente pescadores, vinculados así, a estos grupos directamente con actividades lacustres.

 

Este nombre les fue dado por los mexicas, porque los matlatzincas poblaron regiones cercanas a áreas acuíferas donde practicaban extensivamente la pesca, poblaron principalmente al sur y occidente del Estado de México, ubicándose al centro del territorio en la antigua zona lacustre del Alto Lerma. Los matlatzincas antiguos formaron poderosos señoríos que en la época prehispánica construyeron importantes centros políticos y ceremoniales, integrantes también de señoríos que dominaron una gran extensión de tierras.

Toluca y San Mateo tienen así un destino común […] Durante la conquista española, Hernán Cortés tomó posesión del territorio y sus riquezas aprovechando el potencial para convertirlo en una zona ganadera, primero de porcinos, luego introduciendo caballos, ovejas y ganado bovino, donde Juan Gutiérrez Altamirano, primo del conquistador, edifica la hacienda de Atenco para albergar la primera ganadería de toros de lidia en América durante el siglo XVI. Para el siglo XIX, de esa misma hacienda surgiría quien fuera el primer torero de origen mexicano y de fama internacional Ponciano Díaz Salinas; mitad charro, mitad torero, recorrió las plazas más importantes de su época. San Mateo Atenco y Lerma son para Toluca vecinos que no puede dejar de lado, el Paseo Tollocan tiene entre muchas cualidades el tenerlos muy cerca y durante las 24 horas del día seguir ese diálogo de progreso social.

Por eso es tan apreciado el Arco y sus frases elocuentes que hablan del espíritu mexiquense, toluqueño y de San Mateo Atenco y Lerma. Habla de la ilusión de viajar y la esperanza de ser felices en ese viaje; es ilustre fedatario de la historia toluqueña y mexiquense en su belleza decorada con mosaicos de color amarillo y azul, sigue persistente en mantener su construcción que es expresión de lo mejor de nuestra vida cultural. Son arqueología y monumentos que siguen en pie los que recuerdan quiénes somos. Son las letras del pasado escritas por don Ángel María Garibay las que no debemos olvidar, leo sus palabras: Toluca, la ciudad más alta de México, tiene mala suerte, al parecer. Cuando leemos este libro de Colín nos consolamos. Vale más que nadie la haya tomado como víctima de una “monografía”. Tiene mucho rico cerca de ella. Y el licenciado Colín se propuso recoger todo lo bueno que de esta ciudad de las “más altas esferas”, en “donde el aire se serena”, ha hallado en la literatura mexicana de estos siglos que han corrido. Un poeta dijo de ella que era “taza de plata / con olor a sacristía”. Doble metáfora válida.

Diafanidad del aire, la gloria de la luz, que allí juega y rejuega con lámparas de cegadora intensidad a mediodía, y con misteriosa melancolía al atardecer, la calma y el silencio —silencio y calma son las riquezas que el mundo de hoy ha perdido— le dan el aspecto de un incensario que fumiga en paz y da aromas que jamás se extinguen. Pero la misma luz y el mismo aire sereno, robado a fray Luis de León, viste de plata la ciudad. Taza de plata es. Y con sólo verla se harta el ánimo. Palabras del cura más sabio del siglo XX mexicano, nacido en la ciudad de Toluca fue y es un hombre universal.

Sabio que dicta palabras sobre Toluca a mitad de siglo XX va acompañado de la creación de un arco que sigue vigente en el inicio cierto del llamado Paseo Tollocan sí, con doble LL, y se pronuncia como Paseo Tolocan: porque no es palabra española, sino mexica. Me extrañaba que siendo uno de los principales asesores del gobernador Carlos Hank González y del gobernador Jorge Jiménez Cantú, don Poncho Sánchez García no diera explicaciones a los medios y periódicos de aquella década de los setenta. Cierto, explicar a todos diariamente era imposible. Por eso propios y extraños vimos a lo largo de once kilómetros las alegorías con palomas y el nombre de paseo Tollocan: sin explicar en general a la ciudadanía que ese era su nombre original en idioma mexica, por lo cual estaba escrito correctamente en lengua indígena y no española como siempre se pensó.

Sabemos que todo ello viene de la cultura imperial azteca, que invadió y derrotó a matlatzincas en la década de los setenta del siglo XV. Pueblo férreo y bravo que enfrentó por igual a mexicas que a otomíes en su tiempo, cayó derrotado, sin saber que décadas más tarde sufriría el golpe final a su estancia en el Valle de Toluca: cuando en fecha fatídica del 18 de marzo de 1521, le invadieran españoles aliados a otomíes, para ser derrotados, humillados, asesinados y, exiliados por la fuerza y terror de sus tierras que le eran preciosas y muy preciadas. Para toluqueños todo existe en torno a un Arco de mosaicos de color azul y amarillo, ubicado en terrenos del municipio de San Mateo Atenco —que no en los de Lerma—, destacando por su belleza arquitectónica y escultórica: le hace admirable construcción y espíritu de amable recepción, para quienes del Valle de México y otros lugares vienen a visitarle o habitarle quizá para siempre.

Arco que sigue vigilante al paso del tiempo y ve el asombroso crecimiento de la Ciudad de Toluca. El Arco es confirmación del aire de provincia. No de gran Capital en el estilo de la Nueva España que se instaló en Mesoamérica. Cuenta la historia que desde el 16 de octubre de 1830, en su carácter de capital del Estado de México, cuando apenas contaba con unos ocho mil habitantes se convirtió en sede de los tres poderes del extenso territorio que tenía. Contaba con 8 distritos políticos y administrativos, entre los cuales, había lugares de importancia: Tula, Tulancingo, Calpulalpan, Acapulco, Tixtla, Cuernavaca, Taxco, Jilotepec, Ixtlahuaca y Toluca. El entonces pueblo de Toluca, fue designado como capital que liberales del México Independiente le dieron, para que estuviera lo más lejos posible de la Capital del naciente Estado nacional. Sin la necesidad de sentir la influencia de poderes políticos y constitucionales que fundaron a México en el siglo XIX. El camino que naciera en el siglo XVIII para unir la capital de la Nueva España con la Toluca de aquellos años, ha de encontrar en el siglo pasado para habitantes y visitantes o trabajadores fuereños el camino hacia el progreso y la educación.

El siglo XX es otra cosa. Para década de los setenta de ese siglo el gobierno estatal del profesor Carlos Hank González, propone con visión de futuro la construcción del Paseo Tollocan, ello, ocasionó una revolución que transformó la manera de ver la nueva Ciudad; esto en la segunda mitad del siglo XX aceleró el progreso económico, social, educativo y en general el crecimiento demográfico que en últimas décadas ha hecho llegar al municipio de Toluca al millón de habitantes. La historia se resume entre el Arco de San Mateo Atenco y el Monumento a la Bandera, es el tránsito que resume la historia del Valle del Matlatzinco en muchos sentidos.

Al Paseo Tollocan esculturas y construcciones artísticas es belleza que le hacen destacar. En primer lugar, la proyección de un Paseo de más de once kilómetros que compite por su creación con cualquier otro en el país y en el extranjero. Me llama la atención lo que leo en Wikipedia, veo foto y reseña que se titula: Los misterios de Tollocan / Esta foto fue captada el 24 de enero del año 1976, día en que fue inaugurado el monumento al destacado revolucionario Emiliano Zapata. Esta estatua de Emiliano Zapata se eleva cerca de 11 metros, lo que le convierte en la estatua ecuestre más grande del mundo, obra del escultor español -exiliado en México-, Julían Martínez. El monumento, desde su inauguración, se erigió al centro de donde iniciaba Paseo Tollocan, señalando al entrar a Toluca desde la ciudad de México. Llegar por la carretera de Ciudad de México —aún no se extendía hacia la Marquesa como ha de suceder en el sexenio del doctor Jorge Jiménez Cantú—, era encontrar la imponente escultura de Emiliano Zapata el saludo de bienvenida viajante.