Esperanza
Cae la ánima por los peñascos diurnos
junto a aquellas tribulaciones de niña
y en la dicha más remota guarda
un hilo, un faro, un cerillo.
Le llama Esperanza, le tiene cariño.
Su voluntad deja encargos, guiños
de adulto, lo que desea y no llega,
La indulgencia ganada, destino,
esa probabilidad aleatoria o
la circunstancia ontológíca
donde se mueve la vida.
Y Esperanza escondida en una caja,
virtud que acontece y luego existe,
infunde la certeza del sueño y de la muerte
con su verde presentimiento de cosecha.
Esperanza alada que huye cuando asirla
que alimenta al amor con colmenas,
flores y espigas.
Ardiente deseo de la proa y el ancla,
Arcoíris de un tiempo más sereno.
¡Ocurre Esperanza, aliento del Sí mismo!
Vuélvete luz y camino.

