Feria virtual

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Una sensación de resistencia, solidaridad y fiereza, se percibe cuando se encuentra uno con los stands de libros en una feria de aforo reducido. No es que se promueva la movilización de públicos, más bien es la nostalgia de esos pasillos repletos de lectores que preguntaban, de libreros que consentían en responder y pactar la compraventa de un libro, promesa de un mundo por descubrir recién adquirido.

El olor del papel, celofanes rotos, la imaginación de lo nuevo, todo eso va implícito en la selección de un ejemplar para la biblioteca personal, ni hablar de las responsabilidades tácitas con trabajadores y familias de la industria editorial, son puestos de trabajo que actualmente están en intermedio, en veremos, en suspenso como las novelas policíacas.

El tema no es menor, ante la suspensión de las actividades no esenciales, la cultura tomó relevancia por ser parte del equilibrio social y psicológico de la población, pero hasta ahí, poco sabemos de la precaria situación de los comercios dedicados a la venta y producción de los libros. Nada satisface a las masas y la lectura sigue siendo un terreno inconquistable por los libreros, editores, autores y promotores culturales. Sin embargo, la lucha ahora se libra en los espacios virtuales, en las videoconferencias y  videopresentaciones de libros que ahora están al alcance de todos, a través de internet, en tiempo real, y guardadas en streaming, para su mejor disfrute y asimilación, cuánta riqueza de conocimiento, nobleza de los creadores, y ganas de seguir adelante.

La calificación final de estas empresas y los números de ventas podrán hablar mejor de la realidad económica actual, pero el valor que muestran los libreros de nuestra ciudad ante una situación pandémica,  como ésta, no tiene precedente. Apoyemos al gremio, ellos agradecerán el paso continuo (aunque reducido, insisto) de público que si no es especializado, es fiel y recurrente, verdaderos consumidores de literatura, aunque sea en escalas menores, pensemos que todavía constituye un placer preguntar por tal o cual libro del autor preferido.

Nada dura para siempre, reza el dicho popular y cuando sea posible tomar las calles y establecimientos de nuestra vida cotidiana, acaso podremos lamentar el perder las increíbles promociones de esta contingencia, libros que en los peores momentos y en los mejores de nuestra vida, nos están aguardando.