Filosofía como forma de vida artística cotidiana
Filosofía no es ideología. Son dos conceptos, uno es búsqueda de la verdad por encima de modas o mandatos de poderosos, la otra, está al servicio del mejor postor: se vende a cualquier hora y en todo caso surge de la ignorancia cuando se puede considerar asunto hecho no de mala fe. Filosofía, la define don Pedro en varios asertos, por ejemplo: Lo que tengas que hacer cada día, hazlo al máximo esfuerzo, lo demás caerá como consecuencia. No puede haber filosofía sin esfuerzo. Sólo para los ‘facilones’ las cosas se les dan sin hacer gran esfuerzo o el mínimo esfuerzo. Nada surge en la filosofía del sacrificio que pone físico y espíritu del individuo en su máxima potencia. Tanto para el científico de laboratorio, como para el pensar social. El trabajo claro que siempre reditúa, lo que no aporta es el creer que todo viene de la nada, de un mundo de ideas que sólo pertenece a la vida irreal que da por resultado precisamente la nada o el fracaso social o emocional de quien cree que las cosas son dadas de manera gratuita y sin esfuerzo. El éxito en la profesión y en la sociedad vienen del dar y sacrificar antes de querer cobrar sin haberlo merecido. De esta manera les habla don Pedro a cientos de alumnos que le escuchan en el Aula Magna de la UAEMéx, para que le escuchen y aprendan el consejo para su presente y fruto como profesionistas.
¿Aforismos?… ¿Consejos prácticos de un sabio?… ¿El genio que habla a sus iguales?… dice: Un conjunto de verdades hace una gran verdad, la cuestión es ¿Cómo hay que llegar a varias verdades, 10 ó 12 que aparezcan y llevan a una gran verdad?… son estas aseveraciones las que obligan a quien escucha a preguntarse cuántas verdades conoce, y cómo se conjuntan para llegar ya no a una gran verdad, sino a una verdad que lo sea. El científico de laboratorio tiene la posibilidad de saber de sus certezas, los medios que usa le permiten ello. En el caso de las ciencias sociales es más difícil definir ello. Para el caso del arquitecto sus conocimientos de cómo se permeabiliza una azotea, o cómo se manpostea una pared o muro, para que esté protegido del paso del tiempo o de la inquina de malos vecinos cuando la pintorrajean sin respeto.
Filosofía del ser humano que ha comprendido los tiempos de la vida: joven seguramente era ya un sabio viejo. Por eso dice: No hay futuro sin presente, hay que actuar en el presente, Fórmula tan sencilla y tan incomprensible para quienes vivimos en el pasado, sea por felicidad o amargura, o queremos estar en el futuro resolviendo problemas que todavía no se presentan al diario vivir. Las dos cosas suceden con la mayor frecuencia en vida de los ciudadanos que habitamos la ciudad de Toluca, sin saber que lo que debemos valorar es el presente, pues en él está la salud, la cultura el asunto laboral. Para el arquitecto comprender que un muro se levanta en ese momento en que los maestros albañiles están aplicando las indicaciones y los materiales adecuados. Ni pasado ni futuro deben regir la construcción de dicho muro. Pensemos en la creación de una enorme Presa que ha de inundar valles y pueblos, que se construya pensando en el negocio del pasado o la corrupción del inmediato futuro. Dos cosas intratables en el arquitecto que mira por la belleza, la utilidad, la eficacia social y el bienestar de los pueblos.
Sabio don Pedro junta el conocimiento académico con aquél de quienes en la praxis aprenden de arquitectura o de ingeniería sin necesidad de ir a escuelas de altos estudios. Cuenta: Hay que aprender del lenguaje de los albañiles, tratan a los materiales como personas: “esta piedra no se deja”, “el nivel no contestó, mintió”. Llegarán los tiempos en que los maestros albañiles sean reconocidos, tan sólo por su audacia de ir hasta la mayor altura para poner la cruz o la antena que debe ir a varios cientos de metros de altura. O por poner ventanales cuya audacia de por sí asombra. Son ellos, los maestros de la praxis arquitectónica, que por no tener título de arquitectos se les niega su sabiduría aprendida en la mayor escuela: la de la práctica. Esa práctica que tanto defendió en los setenta del siglo XX el sabio y genio polaco Iván Illich, quien señalaba que no era necesario ir a la universidad para aprender cosas que podían salvar la vida de un ser humano atacado por un infarto o una asfixia de tráquea. No ser subproducto de lo que hemos creado decía, abriendo con ello el reconocimiento al poder de conocimiento y deseo de saber que es propio del ser humano.
Todo buen arquitecto claro que debe reconocer a sus maestros albañiles. Esa tradición tiene escuela cierta en el medioevo y después en el Renacimiento. Aprender de cosas que parece intrascendentes, por ejemplo: Arquitecto, cuando una cosa está mal en obra, exagere en el regaño para que se le haga caso. La pregunta es cuándo hemos de aprender de estos sabios, que se convierta en escuela y no en soberbia del mandante que piensa que siempre tiene la razón, aunque esté diciendo y haciendo cosas que en un rato más se demostrarán equivocados. Sólo puede regañar con acierto aquél que sabe más que a aquél al que regaña.
El arquitecto ‘académico’ que regaña sin haber levantado nunca la mínima y pequeña casa en sus paredes y azoteas y por soberbia le da indicaciones a quienes desde la albañilería todo lo han aprendido de hacer y construir una y otra vez. Regañar sabiendo, hacerlo con fuerza y por dentro con la risa del maldoso, pero buen jefe, que sabe que sólo así los trabajadores han de sacar lo mejor de ellos, para hacer una obra casi perfecta, por no decir perfecta a secas. Los ‘regaños’ son tema para sabios y no para personas groseras, que con tanta facilidad los desperdigamos sin saber que ofendemos no el físico de una persona, sino su espíritu, su alma, que en huella deja las malas palabras dichas sin pensar.
Rectitud y profesionalismo es lo que enseña don Pedro, dice: Las segundas manos deben ser siempre la primera… lo fundamental es seleccionar por capacidad, no por amistad o interés del grupo el equipo de trabajo. Otra medida para hacer el equipo de trabajo, no la de los malos políticos que ponen la ‘lealtad’ por encima de toda capacidad. Aunque se rodeen de indolentes, corruptos o deshonestos colaboradores, cosa que al parecer ha sido la constante para arruinar el país como podemos constatar por lo que sucede a diario. Escoger al capaz, de eso se rodean los mejores genios y profesionales de la patria. De ello están rodeados personajes como Rodríguez Arangoiti, Vicente Suárez Ruano –entre otras cosas construyó la Escuela Normal para Profesores, aquí en Toluca, ubicada en la avenida Independencia– Vicente Mendiola Quezada, Pedro Ramírez Vázquez.
Los genios como Pedro Ramírez Vázquez se permiten cambiar o tomar enseñanza de frases que han escuchado en otras áreas de la vida humana, por eso cita: No hay obra por chica que sea que no deje alguna enseñanza. Lo mismo que decir <<no hay libro por malo que sea, que no enseñe algo>>. Sí, menospreciar la obra arquitectónica por su tamaño es grave error. Quién puede negar la belleza de la Capillita de nuestra Señora de los Dolores, ubicada en la calle de I. Allende e Instituto Literario. Dicha capilla es orgullo de la mayor importancia por haberla diseñado el arquitecto del Emperador, Ramón Rodríguez Arangoiti en el siglo XIX. Sí Toluca tiene todo un historial en ese camino de la grandeza que le es propia a pesar de aquellos que le quieran negar tal grandeza. Que no es sólo por el casi millón que en el año 2023 le habita a diario, haciéndola macrourbe de las más importantes de la nación. Ciudad del chorizo rojo y verde, del equipo de futbol de los diablos rojos del Toluca, de su centro histórico que se expresa disímbolo pero que no olvida su Plaza de los Mártires ni sus Portales

