FORTALEZA Y MUCHO CORAZÓN

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Hermann Hesse dijo:

Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia.

En total acuerdo con Hermann Hesse, reconozco que no por ser aparentemente el o lo más fuerte realmente tenga que serlo. La fortaleza nada tiene que ver con la apariencia, la verdadera fortaleza no es física sino totalmente anímica, espiritual y virtuosa.

Imaginemos por un momento la mente y el corazón de alguien que enfrenta alguna enfermedad de muerte, o aquella persona que de pronto se ve en la banca rota o aquel otro que esta apunto de perder a un ser querido.

La derrota, la falta de claridad, el temor por ciertos asuntos o por lo desconocido producen en nosotros las peores historias de terror y repentinamente nos vemos expuestos y es entonces cuando debemos tomar decisiones de vida.

Por supuesto que lo que deseamos es lograr llegar, vencer o, encontrar el camino correcto para alcanzar los objetivos deseados, ¿pero qué es lo que debo hacer para encontrar la fortaleza que necesito?

Responder esto no es sencillo por todo lo que implica, pero tampoco es imposible ya que la primer cosa que debemos hacer esta justo frente a nosotros, hablamos de la esperanza. La esperanza es esa voz callada que suele hablarnos e inadvertidamente apoyarnos, que va siempre junto a nosotros y se resiste a dejarnos solos, porque la esperanza es el camino directo a Dios y es justamente él autor y consumador de la fe, quien nos dará el aliento fresco para llenar nuestros pulmones de aire renovado que nos permita reaccionar y descubrir que no todo esta acabado que siempre habrá una salida, una oportunidad de reintentar lo que nos falló, de levantarnos con nuevo ánimo y volverlo a caminar.

Lo segundo que debemos hacer es reconocer que nos equivocamos o que tomamos el camino equivocado. Cuantas veces hemos escuchado cosas como : ─No fui yo,─  ─es que no fue mi culpa.─ ─no se pudo ya ni modo.─

Si no reconocemos que nos equivocamos o que fallamos en ese primer intento jamás lograremos continuar y mucho menos llegar. Es cuestión de humildad, de cordura, de responsabilidad, de honestidad, no es fácil reconocer que nos equivocamos pero seguramente si lo hacemos la primer sensación será de alivio y entonces la recuperación será posible.

La fortaleza se encuentra en el valor de reconocer nuestros errores, en entender cuando es tiempo de parar en saber pedir ayuda, en ser humildes para pedir ayuda cuando debemos hacerlo.

La fortaleza no es aparente, es un corazón vivo que busca ser mejor cada día y que mejor de sujetarse a la voluntad de Dios que al fin y al cabo, su voluntad siempre será para bien de nuestra vida.

Es fácil escuchar a aquellos detractores que solo buscan vernos caer, es fácil también dejar de luchar cuando enfrentas enfermedades o problemas que han tocado los límites de tu corazón, pero no estas vencido.

Mi padre suele decir: “esto no se acaba hasta que se acaba” y siendo así no nos detendremos por nada, intentaremos una y otra vez y tantas como sean necesario, el camino de la fe es más largo que físico y los ojos de la esperanza ven mucho más lejos que los nuestros.

Fortaleza y mucho corazón, esta es la clave, tomados de la mano de Dios.