GAD, EL SICARIO

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Ella, se alimenta de la falta de amor propio, las falsas ideas o percepciones de nosotros mismos y de los demás.

Ella, paraliza los sentidos, arrasa con todo, se alimenta de todos los temores del universo, siempre y sobre todo de los más grandes.

Ella, es inevitable, indestructible, es un permanente tic tac que acecha a todos. Los acosa, les coquetea. Nuevamente, inevitable, no puede evitarse, pero sí se puede reducir, la intensidad depende de nosotros mismos, de cuántos decibeles le subimos o le bajamos a nuestro favor.

Ella, es la responsable de que nuestro más grande temor, sea, el temor en sí mismo. Es este temor, definitivamente a lo que más, creo yo, le debemos temer, dicho con la autoridad de la experiencia de mi propio temor, el que cuando llega, nos persigue y no nos deja en paz, nos ahoga, nos fulmina sin una mínima gota de piedad.

Ella, se burla del uso de la razón, se la pasea, le da vueltas, la esquiva, la ignora con garbo y estilo.

Ella, vive enamorada y diría que obsesionada por la mente, diría que la ama con locura. No ama su fortaleza, más bien ama su debilidad, porque la mente siempre será su víctima mayor, su más grande tesoro.

Ella, se reproduce fácilmente, cuanto más nos ocultamos, cuanto más la negamos, más está ahí, presionando, accionando, abordándonos, muchas veces sin explicación alguna.

Ella, sabe ser más cruel que la tortura del goteo, que consiste en inmovilizar a un reo en decúbito supino —tumbado boca arriba—, de modo que le caiga sobre la frente una gota de agua fría cada cinco segundos. Cabe recalcar que después de unas horas, el goteo provoca daño en la piel en la cara del torturado. ​

Ella, sabe interrogar, con mucha más precisión y astucia que cualquier juez ilustre que interroga a su acusado y logra mandarlo tras las rejas.

Ella, nunca será aquella mano amiga que nos sostiene, jamás, menos, nos va a acariciar el alma y el interior.

Ella, es aquella mano que nunca nos va a empujar hacía la cima, sino más bien, hacia el abismo, sin absolutamente ningún arnés, cuerda o paracaídas que nos ayuden a detener o por lo menos amortiguar la caída.

Ella, es enemiga de los verbos como meditar, considerar, deliberar, reflexionar.

Ella, es fanática de la irreflexión, despreocupación y sobre todo de la imprudencia.

Ella, casi siempre es dolorosa, le encanta enfrentarse con el dolor más puro, cara a cara. Duele demasiado, agota, acosa, fastidia, es muchas veces desconcertante y otras insoportable.

Ella, es una amenaza para la mayoría. Sin embargo, si lo vemos con otro ojo, puede ser una alerta o un llamado a cambiar cosas de nuestras vidas. En definitiva, esto último siempre va a ser para estar mejor.

Ella, tiene varios aliados, uno de los más grandes es el futuro, su mejor amigo, van de la mano y bailan juntos, en cambio el presente, es un enemigo declarado.

Ella, analiza bien a sus víctimas, hace un estudio de perfil constante, marcando en dónde encontrará a aquella mente desocupada y vacante, para secuestrarla y tomarla por completo.

Ella, es tomada a veces a la ligera, la podrían tomar como una picadura de zancudo o de pulga, pero los hay aquellos y aquellas que la toman como algo, parecido al apocalipsis, va a depender en su mayoría, en que manos y mente caiga.

Ella, se ha convertido hoy en un constructo psicológico justificando y dando explicaciones a cualquier cosa que nos pueda pasar o nos haya pasado. Hay quienes luchan contra ella realmente, día a día y sufren, se retuercen de dolor muchas veces. También hay quienes consideran que están luchando con ella, pero en realidad su lucha no se asemeja ni en un 10% a la verdadera, de la que sí duele, de la que sí rompe el alma, de la que sí cala los huesos, de la que sí, nos puede llevar a la muerte.

Ella, es tomada muchas veces con ligereza, cosa que termina restando importancia a lo que realmente es, cuando se apodera de uno y ya no se llega a la puerta de escape.

Ella, suele confundirse con momentos pasajeros de desasosiego, que pueden durar cinco minutos nada más, donde no encontramos salida, y creemos que es el fin del mundo.

Ella, verdaderamente se encuentra en el transcurrir de los días llenos de dolor, que no duran cinco minutos, no tienen fin. Ahí todo es gris, y pueden pasar semanas tras semanas, meses tras meses, años tras años, y no nos suelta, nos pone las esposas, y esconde las llaves, convirtiéndonos en sus reos.

Ella, siempre va a estar esperando por nosotros, siempre al acecho, como una cobra lista para tragarse a su presa y desaparecer entre los árboles, escabulléndose a una velocidad inalcanzable. Así como ella siempre estará esperando, nosotros podemos tener la capacidad de evadirla, esquivarla, y si finalmente nos agarra, tenemos la capacidad para abrazarla, aceptarla y decirle no te quiero en mi vida, buscaré los caminos para escapar de ti, porque los hay, y son miles, sólo hay que saber cuál seguir y pedir una mano que funja de brújula para encontrar la salida.

Ella, nos lleva al límite, nos hace sentir que nos desbordamos, es válido, todos tenemos límites. Cuando llegamos a ellos, tenemos dos alternativas: poner freno a nuestras emociones, respirar, ponernos en modo yoga: inhalar y exhalar, o simplemente explotar y paralizarnos. Podemos intentar, el tratar por unos minutos de colocarnos en santa paz y convertir nuestro limite, en un nuevo inicio, aplicando una visión 360, que lo ve todo, que visualiza hasta el más recóndito hueco que antes nos parecía poco importante o que no lográbamos ver.

Tal vez, pienso en voz alta, con esa visión nos daremos cuenta de que ella efectivamente sí existe, pero no tiene por qué ser el sicario, ni el verdugo de nuestra película, más bien, podría ser el motivo que nos impulsa a cambiar algunas tuercas, a ajustar otras, a desechar muchas más y de esa manera aceptar que no todo a lo que le tememos nos genera ansiedad, la ansiedad sí existe. Ella, sí existe, pero no es más fuerte que nosotros. Todas las mañanas cuando se levantan, ella o él, intentan pensar en simple y sencillo, que tal vez es la fórmula para combatirla, como, por ejemplo, el día de hoy es miércoles y hoy se ocuparán de él, y el jueves lo dejan para mañana y el domingo, para mucho después.

(Para todos los que no padecen el síndrome de GAD, Generalised Anxiety Disorder(1).

 

(1)Trastorno de Ansiedad Generalizado, más famoso como el síndrome de TAG.