Garibay el columnista

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En revista que aparece en números que tengo —décadas de los cuarenta hasta setenta— con nombre de Lectura/Libros e Ideas, donde llegan a escribir frecuentemente personajes del siglo XX en la vida cultural y política, por ejemplo, el educador y filósofo José Vasconcelos —por cierto—, con tendencia ideológica a la derecha en ese tiempo. En tal revista llega a promoverse material del sinarquismo: fuerza política que fue prohibida por sus acciones contra héroes y personajes de la historia del siglo XIX y XX. Su director Jesús Guisa Acevedo, que en cada revista encabeza la primera participación da línea ideológica, posición que bien merece un estudio para definir la revista en el contexto nacional de este tiempo. Dicha tendencia puede comprenderse en esas décadas dentro de la línea política perteneciente a la democracia cristiana en México. No es motivo aquí, el atender el estudio de esta revista por su posicionamiento político, lo que sí es de destacar, es que en la revista como he escrito, la presencia en cada número de Vasconcelos merece una investigación aparte; como aparte hay que revisar que aparecen lo mismo Andrés HenestrosaCarlos PellicerMarcelino Méndez y PelayoÁngel LascurainEnrique González MartínezSergio Fernández y Miguel León-Portilla, y entre extranjeros destaca el filósofo español Julián Marías, el científico Isaac Asimov y varios más.

Revista de recursos económicos limitados, se mantuvo por décadas ofreciendo en sus páginas lista de libros, que el admirado Manuel Altolaguirre coordinaba, con propuestas de lo más destacado en esta especialidad titulándola Aires de España. Por igual aparecen Miguel de Cervantes SaavedraBenito Pérez GaldósTirso de MolinaJuan Ruiz de AlarcónFederico García LorcaPedro Calderón de la BarcaRubén DaríoSan Juan de la CruzFrancisco de QuevedoLope de VegaLuis de Góngora y Miguel de Unamuno. Revista interesante que sale en ese tiempo cada quincena, es decir, 24 números por año. Lo que leo en estas revistas me alegra el encontrar al padre Ángel María Garibay Kintana, quien escribe en década de los cincuenta y sesenta interesantes artículos. En este caso el texto que es publicado el 15 de agosto de 1955. Se llama Tacita de plata, nombre con el cual un poeta toluqueño bautizó a la capital del estado de México. Escribe el padre GaribayEl regreso a lo mexicano tiene mejor arraigo en la provincia. Se van abriendo los ojos para verla. Y al verla el corazón se siente con alegrías de niños y sueños de adolescencia. Por la provincia comienza siempre la renovación. Lo mismo en la historia romana que en la de los pueblos modernos, tan complejos y complicados. De Hispania fueron a Roma Marcial, Lucano, los Sénecas. Y la veta que dejaron es de las más briosas y plenas de savias.

 

Acá estamos comenzando con bellos libros de bellas ciudades. Me tienta a hablar ahora de uno que es una linda realización. Se trata de la antología acerca de Toluca, que con Crónicas de una Ciudad forja el licenciado Mario Colín. Escribe sobre la ciudad que le vio nacer, y en la que paraba de rato en rato por andar del tingo al tango, sabemos de su peregrinar por parroquias e iglesias de la entidad mexiquense. Por eso es importante el que escriba de la ciudad que es su origen y su descanso. Cita Garibay KintanaToluca, la ciudad más alta de México, tiene mala suerte, al parecer. Cuando leemos este libro de Colín nos consolamos. Vale más que nadie la haya tomado como víctima de una monografía. Tiene mucho de rico acerca de ella. Y el licenciado Colín se propuso recoger todo lo bueno que de esta ciudad de las más altas esferasen donde el aire se serena, ha hallado en la literatura mexicana de estos siglos que han corrido. Un poeta dijo de ella que era taza de plata / con olor a sacristía. Doble metáfora válida. Era cierto, hay que imaginar la ciudad de la década de los cincuenta, un monasterio toda ella, donde sus Portales, que representan más el centro de la ciudad, antes que su palacio de gobierno, su plaza arbolada, o su biblioteca central, junto con su parroquia cuya presencia en una ciudad conservadora da inicio al deseo de construir su catedral por fin a finales de los cincuenta.

Nadie por Los Portales camina por la noche, llegada las 20:00 horas, dicho lugar se queda desértico de almas y ciudadanos. Nadie anda por ellos, si acaso algunos policías —muy pocos—, pues no se debe interrumpir a las familias del centro de la ciudad sus horas de descanso. Hoy esa ciudad ya no existe, en pleno 2021 se ha quedado sin centro histórico, por la destrucción urbana sistemática de aquello que fue construido en la primera década del siglo XX. Ciudad sin espacios urbanos, que recuerden lo que pasó ahí durante la Independencia, la Reforma o la Revolución. Es verdad que quedan muy pocos lugares, contados por cronistas como Alfonso Sánchez García o Margarita García Luna. Es triste, pero de la ciudad que escribe el padre Ángel María, ya no existe. Por eso resulta interesante leer que en 1955: La diafanidad del aire, la gloria de la luz, que allí juega y rejuega con lampos de cegadora intensidad a mediodía, y con misteriosa melancolía al atardecer; la calma y el silencio —silencio y calma son las riquezas que el mundo de hoy ha perdido— a todas horas, le dan el aspecto de un incensario que fumiga en paz y da aromas que jamás se extinguen. Pero la misma luz y el mismo aire sereno, robado a Fray Luis de León, viste de plata la ciudad. Taza de plata es. Y con sólo verle se harta el ánimo. Bellas palabras de un alma que habla de su lugar de origen, sólo así se puede entender como escribe sobre al poeta Enrique Carniado, quien es el autor de dichos versos en honor de la ciudad que ama.

Impulsor de las cosas buenas, el padre Ángel María reconoce: Pero también es taza de plata el libro. Edición para príncipes, por su papel y por su impresión. ¡Lástima que no haya colofón para saber quién lo hizo; no es común hacer tan buenas impresiones en este México apresurado y comercial! Gratitud al secretario del Trabajo y a don Juan Salgado, por la realizada impresión. Pero que hagan una más popular que repartan en nuestro Estado a torrentes, para que el pueblo conozca lo que de su capital se ha dicho. El padre Garibay Kintana andando en sus investigaciones por el medio oriente con los temas de la Biblia y la cultura judía, al grado que le es reconocida su capacidad de investigar sobre esa cultura en particular. El mismo que tiene lazos de sabiduría con el Vaticano y con la capital del país en lo relacionado a la Catedral de México y la Villita dedicada a la Virgen de Guadalupe; por igual en su interés que navega por el altiplano en la investigación de sus literaturas y la historia de su pasado indígena. Anda por muchas partes la mente poderosa de Garibay Kintana, pero se da tiempo para preocuparse por su Estado donde se deben repartir libros, tal y como lo hizo José Vasconcelos desde el puesto de responsable de Educación en el país: enseñar a leer a la población y, regalar o difundir libros de cultura nacional o universal, es tarea que para él van de la mano.

Bien sabe que la capital mexiquense es ciudad que parece no existir, cuando se habla de grandes capitales de México a mitad de siglo XX. Dibuja el contenido del libro cuando dice: Vale más el contenido. Desde atisbos acerca de su historia prehispánica —porque de atisbos no pasan— en que hallamos del brazo al indispensable Sahagún con Robelo y con otros peores. Sigue la mejor parte. Desfile de Altamirano, la Marquesa Calderón de la Barca, sojuzgona y entrometida, pero, como buena mujer, captadora de la realidad que pasa; Gutiérrez Nájera, el multiforme; Vasconcelos, en su edad de oro, y en los vivientes, la sagaz vista de Salvador Novo, la desbordada de Zúñiga. Los fragmentos de Salinas son ciertamente los más ricos. / De todos estos hilos puede tejerse el cuadro. Y el cuadro es simplemente luminoso. El mensaje que da parece venir del hecho que no le invitaran a tratar de su especialidad en cultura prehispánica: lo habría hecho con humilde sabiduría. La tacita de plata no sólo es Toluca, la provincia inmensa con sus riquezas no sospechadas, con sus misterios legendarios es valija del amor en que se labra el México del futuro. El México integro que nada ignora, y que todo lo ama, Antigüedad de los perdidos en sombras de siglos y creación de ayer. Palabras para su ciudad, que en los inicios del siglo XIX es pueblito de 8 mil habitantes, y hoy, en pleno siglo XXI, es ciudad que se cerca a novecientos mil habitantes. Poco queda de la ciudad que escribe Ángel María Garibay Kintana, para nuestro pesar y tristeza, pero estudiar su obra de miles de páginas en libros o artículos refiere su grandeza y amor por el país.