Gente sobrada

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Gandhi alguna vez dijo: Es imprudente estar demasiado seguro de la propia sabiduría. Es saludable recordarse que el fuerte puede debilitarse y el sabio puede errar.

 

Nadie, absolutamente nadie, puede decirse a sí mismo perfecto o infalible; todos estamos sujetos al escrutinio de los hechos y éstos, ponen a cada quien en el sitio que merece.  Si el ser humano comprendiera que en la humildad está el verdadero valor para crecer, dejaríamos de encontrarnos con personas cuyo ego está tan inflado que se creen capaces de dialogar de tú a tú con la corte celestial.

 

Este tipo de personalidades las encontramos en todos lados, desde el vecino que se siente con la autoridad moral para adoctrinar a todos los miembros de su calle, dictando reglas y criticando en redes sociales todo aquello que no comparte (con la arrogancia de asegurar que saben que están en lo correcto), hasta el compañero de trabajo que decide no hacer las cosas porque no comparte las malas ideas de los demás.

 

¿Por qué se cae en esta actitud?, a mi entender porque suceden dos cosas; estamos tan conscientes de todas nuestras carencias, de las deficiencias que tenemos y la complejidad que nos representan los retos diarios que, a manera de mecanismo de defensa, optamos por adelantarnos a la crítica y buscamos vendernos como expertos en todo, conocedores hasta del origen del cosmos, en un afán distractor que suponemos funciona.

 

Dirían los clásicos, construimos una cortina de humo para que se hable de todo menos de lo que he dejado de hacer.

 

La segunda explicación resulta todavía más preocupante; caemos en un estado de inconciencia tal que, aún en el error, creemos que hacemos todo bien y que el mundo es el que está en nuestra contra.  Es decir, estas víctimas viven frente a seres humanos que son tontos e incapaces de ver la realidad como ellos la ven, y ante ese hecho, les acusan de estar en su contra.

 

En la vida asumimos batallas todos los días, pero hay que comprender que no las tenemos que ganar todas siempre; ese equilibrio es el que nos permite asimilar lo bueno y lo mano de nuestro entorno, para reenfocar aquello que no ha resultado como esperábamos.

 

Lo preocupante es encontrar personas que no están dispuestas a ceder en nada, y pase lo que pase tienen que mostrar que son sublimes en todo: si usted viajó, ellos también lo hicieron, y si no lo hicieron, fue porque el condenado destino se los impidió por una nimiedad (sic).

 

Lo verdaderamente valioso queda para uno mismo, las personas felices y plenas, lo saben en sus adentros y no tienen que andar por la vida diciendo que son, fueron o serán.

 

El éxito se constata cuando al voltear a nuestros núcleo cercano, vemos todo en orden: un espacio de vivienda digno y ordenado (no hablamos de lujos), una familia que interactúa en armonía, un desarrollo profesional consistente con nuestro perfil de estudios, y una salud plena, por citar algunos ejemplos.

 

De nada nos sirve andar sobrados, si la realidad que vivimos dista de esa pretensión fantasiosa o falsa.